Por Fulvio Queirolo Pellerano 1, 13 de septiembre 2018

Una de las dimensiones que más ha impactado en el ser humano y, en lo particular, en la sociedad actual, ha sido el desarrollo tecnológico. Podemos admitir que somos testigos privilegiados de profundos cambios que se están manifestando en diferentes áreas del conocimiento y en el ejercicio de las actividades humanas que ha modificado de alguna manera nuestra manera de vivir y trabajar, como también en relacionarnos.

En efecto, hoy millones de personas se encuentran conectadas mediante dispositivos móviles permitiéndoles ampliar y profundizar su conocimiento que antes les era esquivo; por otro lado, el avance tecnológico que ha alcanzado la internet de las cosas (IoT), ha favorecido el acceso y almacenaje de datos en nubes (cloud), sin requerir rígidas infraestructuras; así también la incorporación de la inteligencia artificial (IA) en diferentes procesos productivos ha logrado reducir tiempos para el análisis de datos, la que ha sido incorporada a la robótica logrando soluciones insospechadas en esta materia; finalmente, la nano tecnología o biotecnología han expandido sus capacidades en la producción de alimentos y fármacos de manera sorprendente, sólo por señalar algunos de los avances en esta materia.

Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del foro económico mundial (WEF), señaló en Octubre de 2016 que “…estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos”2, refiriéndose así a la 4ta. Revolución Industrial.

Estos nuevos escenarios generan incertidumbres que requieren su correspondiente estudio y análisis para identificar la forma en que transformarán o impactarán a la sociedad, para determinar cómo se comportarán los diferentes actores globales, los gobiernos locales, las empresas, la sociedad civil, etc.

Desde la perspectiva de la Seguridad y Defensa, la presencia de vectores altamente dinámicos, y complejos como los descritos, imponen enormes desafíos para que mediante el enfoque del planificador estratégico se contribuya en la identificación de aquellas vulnerabilidades, riesgos o amenazas que enfrentará Chile en un futuro, permitiendo así la generación de oportunidades y gestionar mejores soluciones.

Es en este contexto, que resulta imprescindible comenzar a vislumbrar cómo impactará la esta nueva revolución en el sector Defensa en los próximos años, invitándonos a reflexionar sobre qué tipo de organización se requerirá para prevalecer con eficiencia y eficacia en esta nueva dimensión.

En efecto, las tendencias tecnológicas3, destacan algunos efectos en la sociedad y entre ellos, emergerían “nuevos actores, nuevos riesgos y amenazas”, observándose la accesibilidad a sistemas de armas en que no solo Estados sino que personas participarán en conflictos, escenario que se tornará más difuso y complejizará la tradicional distinción entre combatientes y no combatientes. Por otra parte, la incorporación de sofisticados ingenios tecnológicos, así como la lucha por el dominio del ciberespacio, se transformará en un nuevo campo de batalla, dimensión que ofrecerá una ventana para que actores pequeños rompan el tradicional balance de poder.

Finalmente, será cada vez más frecuente observar ataques a infraestructuras críticas del Estado o del sector privado, mediante el empleo de sistemas armas autónomas o bien remotas que reducirán los tiempos de respuesta de las organizaciones. Este nuevo escenario socavará la tradicional conceptualización de guerra y paz, requiriendo una revisión y actualización de contenidos en este ámbito de acción.

Algunas reflexiones para el debate

La visión estratégica referida a riesgos y amenazas para el Estado, y su sociedad, en la era de la “4ta. Revolución Industrial” supone la modificación de ciertas lógicas analíticas lineales, así el acoplamiento de inteligencia humana e inteligencia artificial, bajo un enfoque holístico permitirá arribar a propuestas eficientes y eficaces para la toma de decisiones, por ello me permito sugerir algunos elementos que jugarán un rol clave en esta dimensión:

El factor humano continuará siendo un elemento fundamental en la planificación y ejecución de operaciones, sin embargo su limitada capacidad de análisis de datos constituye su talón de Aquiles, por lo que el uso de big data e inteligencia artificial se constituyen parte de la solución para la toma de decisiones en un escenario complejo. Este factor debería considerarse como capital humano, requiriendo dotarlo y prepararlo para desarrollo de análisis, capacitarlo para trabajo en ambientes complejos, además de entregarle herramientas tecnológicas modernas con adecuado dominio de uso.

La industria de la defensa tendrá un rol fundamental en este nuevo escenario, requiriendo de un diseño productivo y de convergencia con la empresa privada donde I + D +i constituyan el A – B – C de este sector industrial. Las plataformas aéreas, terrestres y marítimas que se desarrollen o requieran soporte estarán dominadas por la integración de tecnología autónoma e inteligente, utilizarán materiales más resistentes y menos contaminantes, requiriendo el empleo de fuentes de energía renovable, así los motores o turbinas serán reemplazadas por baterías eléctricas a base de litio. De igual forma, sus procesos deberán incorporar la robotización y automatización para reducir costos y generar mayor competencia en un mercado imperfecto, donde las externalidades limitan su accionar.

•El factor tecnológico, observado desde la dimensión del ciberespacio, debe ser considerado una amenaza si evaluamos su alcance y efectos que puede ocasionar cualquier actor estatal, no gubernamental o bien organizaciones criminales actúen sobre estructuras críticas, causando daño o bien provocar parálisis en actividades productivas, económicas e incluso sociales.

La robotización y automatización constituyen vectores que deben ser incorporados en actividades de planeamiento estratégico para la toma de decisiones, así se deberá privilegiar el desarrollo de capacidad C4ISTAR (mando, control, comunicaciones, computación, inteligencia, vigilancia y reconocimiento), junto con la modelación y simulación de escenarios, entre otros, configurarán parte del éxito en las operaciones (guerra y de no guerra).

El escenario internacional se considera una activa participación, integración y transferencia de conocimientos tecnológicos como parte de los acuerdos y convenios contraídos por el Estado, en consecuencia si se desea mantener o aumentar este tipo de actividades implica estar en sintonía con los diferentes actores que se despliegan bajo la dimensión de cooperación internacional.

En resumen, los datos develan una creciente tendencia de conflictividad mundial, esta corriente estará conectada a factores apartados del alcance de los Estados. Sin ir más lejos, actualmente el mundo enfrenta nuevos retos globales vinculados con fenómenos sociales que podrían potenciarse con las tecnologías que ofrece esta revolución, de allí la importancia de contar con visiones estratégicas (planificación), que logren diseñar escenarios que iluminen a los tomadores de decisión para adoptar las medidas pertinentes, anticipándose de esta forma a preparar las organizaciones y estructuras para que estén sintonizadas en un mundo más complejo y dinámico que el actual.

 

1 Profesor de Academia en la asignatura de “Historia y Estrategia Militar”; magíster en “Ciencia política, seguridad y defensa” de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE); magíster en “Ciencias Militares con mención en Planificación y Gestión Estratégica” (ACAGUE). En la actualidad dirige la oficina de estudios estratégicos de la ANEPE..
2Schwab, K. La cuarta revolución industrial. Madrid: Editorial DEBATE, 2016, p. 16.
3GLOBAL TRENDS, Paradox of Progress, National Intelligence Council, January 2017. Consulta el 13 de septiembre de 2018, disponible en https://www.dni.gov/files/documents/nic/GT-Full-Report.pdf