¿A qué juega la política exterior del Estado Plurinacional de Bolivia?

Por: Dra. Loreto Correa Vera / ANEPE

Desde que Bolivia adquirió en 1904 la condición de país mediterráneo permanente, optó por conducir diplomáticamente la temática sobre el mar con Chile en forma directa. Dos razones había para ello, la soberanía de las partes[1] y a la derrota ante la Liga de las Naciones en 1920. La larga lista de conversaciones intermedias, no hacen más que comprobar la asimetría del diálogo.

Durante los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Bánzer, se propuso a Chile, durante el gobierno del presidente Lagos, la fórmula de diálogo “sin condiciones pero tampoco con exclusiones” con el propósito de obtener una salida soberana al mar. La crisis de octubre de 2003, también conocida como la Guerra del Gas, “reposicionó la demanda marítima en el ámbito regional y multilateral”[2], provocando la apertura de viejas heridas y un creciente y enérgico irredendismo disfrazado de injusticia.

En esta columna se da cuenta de la estrategia general seguida por Bolivia, cuyo propósito es internacionalizar el problema marítimo y así agilizar una solución favorable a los intereses del Estado Plurinacional[3].

El discurso multilateral boliviano

Desde el año 2007 el presidente Morales frente a la Asamblea General de las Naciones Unidas, luego de referirse al problema histórico con Chile, expresaba:

Queremos resolver las reivindicaciones históricas en el marco de la complementariedad, porque los países vecinos, los países de Latinoamérica, los países del mundo, necesitamos complementarnos si queremos resolver nuestros problemas, los problemas de nuestros pueblos y de nuestras naciones. Me parece muy importante la complementariedad, y por eso seguiremos trabajando por la humanidad (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2007).

En 2009, en ocasión del Debate General del 64° período de sesiones de la Asamblea General el presidente Morales finaliza diciendo: “…en Bolivia, para resolver algunas demandas históricas, como una demanda de retorno al mar, quiero expresar que dos pueblos, dos hermanas repúblicas, Chile y Bolivia, estamos construyendo una confianza mutua para resolver el tema del mar” (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2009).

El cambio de gobierno, de Bachelet a Piñera el 2010, abrió una tensa espera entre Chile y Bolivia. El 2011, en la inauguración del 66° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, acota:

Qué bueno sería el acompañamiento de la región porque este tema no solamente es un problema bilateral sino que es un problema regional (…) Quiero aprovechar esta oportunidad para exhortar a las Naciones Unidas, a los Organismos Internacionales y especialmente a la región a acompañar en todo este proceso para retornar al Océano Pacífico con soberanía (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2011).

En la Cumbre de América Latina y del Caribe (CALC) de 2011, el presidente Morales en su discurso de apertura hace un llamado a los “hermanos presidentes a gestar una gran integración”, puntualizando: “Bolivia es un país pacifista que busca tener relaciones con todos los países del mundo y que tiene la voluntad de participar en todos los procesos de integración” (Cumbre de América Latina y del Caribe. III Cumbre de jefes de Estado y de gobierno de América Latina y el Caribe, 2011).

El discurso remarca que a Bolivia le interesa contribuir al mundo pero remarca que el enclaustramiento le impide estar en igualdad de condiciones con los demás Estados para participar en el proceso de integración con acceso libre y soberano al mar. En 2012, en la apertura de la 42 Asamblea de la OEA, el presidente boliviano en medio de su discurso de apoyo para que las Malvinas retornen a Argentina, inserta el tema “Mar para Bolivia” y anuncia:

Saludamos la solidaridad de casi todos los países, de los movimientos sociales de Latinoamérica, del mundo, porque las guerras ni invasiones otorgan derechos, eso es un principio universal y por lo tanto, si estamos en la etapa de integración y desarrollo, este problema histórico debe ser resuelto y saludamos el acompañamiento (Asamblea de la Organización de Estados Americanos, 2012).

Este epígrafe escala un peldaño más, al situar un tema bilateral con Chile del siglo XIX, en el mismo nivel que la Guerra de Gran Bretaña y Argentina de 1982. En 2012, en la Asamblea General el presidente Morales emplaza al gobierno de Chile ante la “garantía de la Asamblea General” a solucionar el enclaustramiento marítimo mediante mecanismos pacíficos de solución de controversias (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2012). Para el 2013, en Santiago de Chile y en la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Morales anunciaba frente al propio Sebastián Piñera:

Yo quiero pedir su paciencia, […] pero acá no estoy pidiendo cumplimiento, sino que se le pague un derecho el pueblo boliviano, eso es nuestro gran deseo, por eso demostramos cómo lamentablemente no se ha cumplido un tratado de mucha importancia para dos pueblos (I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), 2013).

Esta intervención expresa la internacionalización del problema marítimo en “tierra hostil”, sin posibilidad alguna de evitar un bochorno. Lo decreta y lo monetariza:

Resuelto el tema del mar, […] juntos como hermanos, países hermanos, vecinos tenemos que resolver solución con trabajo conjunto y no con violencia ni amenazarnos. Cuesta por supuesto cómo hacer ese esfuerzo, inclusive si resolviendo este tema el Estado chileno ahorraría como 900 millones de dólares año, hay que pensar en esta clase de soluciones conjuntamente, bilateralmente, buscando el vivir bien o el buen vivir para nuestros pueblos, pensando en nuestros pueblos. El enclaustramiento marítimo por lo menos según estudios internacionales nos afecta con 1,5% de crecimiento año y por eso apelamos a gobiernos en cómo resolver de manera conjunta estas demandas y su acompañamiento. Mi obligación, nuestra obligación a esperar de ustedes queridos presidentes para una solución de este problema histórico (I Cumbre de la CELAC).

En la I Cumbre CELAC–UE de 2013, el presidente Morales sienta en su discurso la obligación de terminar con el colonialismo tanto interno como externo y ejemplifica con Inglaterra dueña de las Islas Malvinas y con Chile dueño del mar boliviano y luego invoca un ejemplo: La devolución del Canal de Panamá:

Y por eso mi pedido a todos ustedes, presidentas y presidentes, su participación en la solución pacífica. El tema del mar no es reivindicación, es un derecho del pueblo boliviano de retornar al Pacífico con soberanía y por eso es importante acabar el colonialismo interno y externo para el bien de nuestros pueblos y trabajar en complementariedad. […] tengo la obligación de expresar la profunda diferencia que tenemos con algunos países, entiendo su preocupación, entiendo su solidaridad es importante integrarnos y para integrarnos hay que crear confianza y para crear confianza estamos en la obligación de acabar con ese colonialismo interno y externo para bien de nuestros pueblos (I Cumbre CELAC–UE, 2013).

Expresamente, Evo Morales en su calidad de Jefe de Estado solicita a sus pares la colaboración en la solución pacífica de retorno al mar y reconocerlo como un derecho del pueblo. En paralelo, el Canciller boliviano alude a la angustia de su país transformada en una angustia hemisférica, visualiza el problema nacional como regional y busca que la comunidad internacional destine esfuerzos a satisfacer por medio del diálogo, la armonía hemisférica[4].

La internacionalización de la disputa: la demanda ante La Haya

Ya desde el 2011, el gobierno de Bolivia había anunciado demandar a Chile ante tribunales internacionales en aras a llegar a una solución final.

La decisión estuvo acompañada de uso del soft power en su dimensión tanto cultural como política. Los siguientes discursos del mandatario se orientaron a sensibilizar a la comunidad internacional por el tema marítimo. Todos ellos apuntan a lo emocional. Sin embargo, existe una segunda parte de la estrategia discursiva. Esta consiste en “avisar” los pasos que sigue Bolivia para “volver a las costas” mediante el apoyo internacional. Chile, entendió, la primera estrategia de manera clara, pero no logró anticiparse y mucho menos prever la atención de otros actores de la esfera internacional, como por ejemplo, el papa Francisco. Tampoco previó el manejo de los libros escolares, los encendidos desfiles y videos que recuerdan la propaganda totalitaria.

Morales ha sostenido, sistemáticamente, que los causantes del enclaustramiento son las oligarquías, las transnacionales que, como siempre, se adueñan de sus recursos naturales” (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2011).

En 2012, ante la 67ª Asamblea General de N.U., Morales insiste en que la controversia debe ser resuelta mediante mecanismos pacíficos. Aquí claramente se desprenden las dimensiones, del soft power boliviano:

[…] Bolivia emplaza una vez más al Gobierno de Chile, ante la garantía de esta Asamblea General, a solucionar definitivamente su enclaustramiento marítimo, mediante los mecanismos pacíficos para la solución de las controversias (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2012).

Ante la 68° Asamblea General de la ONU en 2013, luego de mencionar las reiteradas reuniones bilaterales sin logro de consenso, y de enumerar las veces en que el presidente Piñera habría incurrido en contradicciones al respecto, el presidente Morales reitera el carácter pacífico de Bolivia de su Constitución –aprobada en el Liceo Militar Edmundo Andrade de Sucre[5]– y anuncia:

Sólo quiero decirles, hermanos presidentes, presidentas, y a las Naciones Unidas, para evitar conflictos, Bolivia es un país pacífico por Constitución, después de la refundación del Estado Plurinacional, y ahora informarles, con mucho respeto a ustedes, que acudimos a los tribunales internacionales, nuestra demanda pide que la Corte Internacional de Justicia declare la obligación que tiene la República de Chile de negociar de manera efectiva, oportuna y de buena fe un acceso soberano al Océano Pacífico para restablecer los derechos que Bolivia tuvo, tiene y mantiene sobre el mar. […] Por supuesto, quiero que sepan que esta demanda no puede ni debe ser interpretada como un acto hostil; por el contrario, es una muestra de respeto y confianza de Bolivia en los mecanismos de resolución pacífica de las controversias internacionales (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2013).

En 2013, en la Primera Cumbre de la CELAC, el mandatario Morales tras referirse al enclaustramiento marítimo “producto del tratado de 1904 injusto, impuesto e incumplido”, expone:

Por Constitución Política de Estado Plurinacional, quiero decirles que por fin una ley cósmica de nuestros antepasados reconocidos el ama sua, ama llulla, amaquella: no robar, no mentir, no ser flojos. Es la mejor norma que tenemos los pueblos indígenas y por eso no quiero faltar el respeto a la verdad, sino respetando a nuestras autoridades, a América Latina y al Caribe tengo la obligación de aclararles sobre el incumplimiento del tratado de 1904 (I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), 2013).

…y cuando los derechos de los pueblos son violados no hay tratados ni convenios internacionales que resistan frente a los derechos de los pueblos Bolivia no olvida, no olvidará Bolivia, no calla ni callará hasta que retorne al Océano Pacífico con soberanía (I Cumbre CELAC–UE, 2013).

Y es esa la expresión clave e infranqueable: retorno con soberanía o como lo expresa Ramiro Arredondo, “soberanía política para proyectarse como un país ribereño de la Cuenca del Pacífico”[6].

En resumen, Bolivia ha utilizado hasta el 2013 el poder blando en forma pública, tanto para influir en la perspectiva de la comunidad internacional, como para encontrar la solución a su reivindicación marítima en el marco del Derecho Internacional. Un pie lo localiza en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, y el otro, en el compromiso de institucionalidad internacional que tendría la obligación de atender al más débil.

A partir de entonces, la política exterior boliviana combina la estrategia y la judicialización del tema marítimo, agregándose además 2 temas más en la agenda: los recursos hídricos de agua dulce y las condiciones del libre tránsito de las mercancías que van hacia el exterior a través de puertos chilenos. Así, agrega progresivamente elementos de hostilización para agudizar la contradicción y obligar al Estado chileno a salir del statu quo, y lo hace parafraseando el propio escudo chileno, “ya no por la razón, sino por la fuerza”.

El control de los medios de comunicación, la línea editorial de la prensa escrita y televisiva, amarrada de manos frente al dominio masista, apuestan por un control directo de los medios de comunicación en Bolivia. En consecuencia, y con el apoyo calculado de los siguientes discursos públicos, el gobierno boliviano instala dos claras señas que permiten que la crisis escale: aludiendo un supuesto mayor control militar fronterizo por parte de Chile y, permitiendo, sin mayor estorbo, el progresivo aumento del delito transnacional encabezado por el narcotráfico y el crimen organizado. El clima enrarecido entre los dos Estados apela a Chile como dominador. Y el Estado Plurinacional a través de su cuerpo diplomático, decide instalar una mentalidad enredosa que descoloca, porque no se comprende el uso de códigos de la mala educación y llamar a los vecinos, hermanos, paralelamente.

La estrategia escala

Para un país como Chile, esto es un tema de prestigio. Pero el fin justifica que se degrade la convivencia pacífica de los Estados, y se pretenda –claramente- movernos hacia un casus belli, creando escenarios por los que Chile llegue a optar las balas. Pero el cálculo está mal hecho.

Por años, el Estado boliviano manifestó su incomodidad respecto de la necesidad de contar con soberanía en las costas y las conversaciones bilaterales y todos los acuerdos del Comité de Fronteras apuntaron a mejorar el acceso, creándose un ambiente de cooperación con Chile. Ello exigía compromisos de un Estado serio. Sin embargo, hay que recordar que Bolivia está dirigido por el máximo dirigente cocalero, no por un abogado, economista o un periodista, como lo fueron los últimos presidentes anteriores a Morales. En efecto, Bolivia es además formalmente un país de alto riesgo de inversiones y es uno de los tres mayores productores de cocaína de toda la región, con la anuencia de sus autoridades. La maritimización de las relaciones bilaterales, en este contexto de crispación mediática y dudosa reputación internacional, ha enterrado cualquier buen oficio precedente en la relación con Chile.

La maniobra política boliviana tergiversa hechos, razones, motivos, problemas y circunstancias ocurridas históricamente entre los Estados. Desconoce la historia y el libre tránsito, omite los avances y el progreso de más de un siglo entre ambos países.  Pero atentos, puede que para los chilenos esto sea nuevo, pero los bolivianos saben de sobra que esta fue la misma lógica que se usó para desestabilizar el régimen político boliviano el 2003 y que terminó con el término del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada;  esto es apuntar a agotar la paciencia del adversario, y convertir lo blanco en negro si es necesario.

Ello explica también cómo es que Bolivia, carente del tamaño estratégico para enfrentarse a Chile, construido como un “enemigo histórico”, emplee nuevas tácticas y estrategias para el logro de sus intereses nacionales, logros que están directamente enfocados a un irredentismo del territorio perdido en la Guerra del Pacífico, más que a la posibilidad de aceptar una negociación práctica y económicamente rentable que soslaye el tema de la soberanía en las costas del Pacífico.

Así las cosas, sumadas a las asimetrías país que condicionan la relación bilateral, surge la noción de una política exterior chilena, que tradicionalmente reactiva y refractaria, hoy se vislumbra activa y proyectiva. Popular o no, lo cierto es que resulta mucho más eficiente para  rechazar la agresividad boliviana.

 

[1]     ARREDONDO, Ramiro. (2013). Bolivia- Chile: La cuestión de la mediterraneidad. Algunas consideraciones desde el Derecho Internacional. Revista Fuerzas Armadas y Sociedad, 1-2(18), p.58.

[2]     VELÁZQUEZ, Juan Carlos. (2007). El problema de los Estados mediterráneos o sin litoral en el Derecho internacional marítimo. Un estudio de caso: el diferendo Bolivia-Perú-Chile. Anuario mexicano de derecho internacional, (7), 379-430.

[3]     CORREA, Loreto y VERA Vega, Lidia. La disputa por el mar: el soft power boliviano ante organismos multilaterales (2006-2013). En: Revista FAIRIES. Universidad de Nueva Granada, Colombia, Vol. 11. pp. 263-286.

[4]     La lista de discursos del canciller, que acompañan a su presidente es extensa, así como las expresiones del ideólogo de la estrategia, misma estrategia del MAS para llegar al poder,  Álvaro García Linera.

[5]     http://www.libertaddigital.com/mundo/la-asamblea-boliviana-aprueba-la-constitucion-impulsada-por-evo-morales-1276318192/

[6]     ARREDONDO. Op. cit. p. 13.