Por: Luis Palma Castillo

En diciembre de 1979 Afganistán fue invadido por tropas soviéticas, según el Kremlin ellas fueron solicitadas por el entonces gobierno de Kabul. Los rusos, al igual que los estadounidenses en Vietnam, fueron derrotados por pueblos que están dispuestos a la inanición, incluso a morir antes que estar sometidos bajo la tutela de una potencia extranjera. Los mujahadines con armamentos que le entregó la CIA, especialmente los MANPADS[i] “Stinger” AIM-92, derribaron una cantidad considerable de helicópteros rusos  y resistieron heroicamente la ocupación soviética hasta 1988, mientras miles de familias huyeron en busca de refugio a Pakistán, donde los niños fueron enviados a las madrasas[ii] a educarse, pero salieron unos fanáticos islamistas.

Muchos de los  tulab[iii] que regresaron a Pakistán fueron reagrupados bajo la figura del Mullah Mohammed Omar, fundador del movimiento de los talibanes, que gobernaron en Kabul entre los años 1996 y 2001.  Durante ese período es probable que el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, que ya era perseguido por Estados Unidos por los diferentes ataques terroristas que había llevado a cabo, solicitó que se le permitiera residir en Afganistán bajo la protección de los talibanes. Después de los ataques de al-Qaeda -11 de septiembre de 2001- a los distintos blancos en Estados Unidos, la reacción de Washington fue inmediata y solicitó a Kabul que le entregará a Bin Laden, como el Mullah Omar se negó hacerlo, la USA-Force en noviembre inició los bombardeos del territorio afgano y se concentró –principalmente- en las montañas de Tora Bora, cercanas a la frontera con Pakistán, donde  se sabía que el líder  de Al Qaeda estaba escondido en las cavernas de esas montañas.  La capital, Kabul, cayó el 13 de noviembre y el Emirato Islámico de Afganistán, que fue proclamado como tal en 1996, y reconocido solo por Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos,  desapareció el 7 de diciembre de ese año. Estados Unidos junto con la OTAN envió tropas para eliminar  la amenaza de los talibanes e instaurar un gobierno amigo de Washington.

Después de más de 15 años en Afganistán muchos países que participaron en la coalición de la OTAN, integrando la “International Security Assitance Force” (ISAF), creada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, mediante la resolución 1361 del 20 de diciembre de 2001, se han ido retirando paulatinamente. La misión de esta fuerza internacional con el liderazgo de Washington no ha sido cumplida cabalmente, los talibanes no han sido del todo derrotados y el actual gobierno   no cuenta con el respaldo de la población.  Las fuerzas que Estados Unidos aportó a la lucha contra los talibanes en un momento superaron los 100.000 soldados. Recordemos que,  a partir de marzo de 2003, Washington entró en un nuevo conflicto, esta vez con Irak, lo que significó para el Pentágono estar -al mismo tiempo- operando  militarmente en dos teatros de guerra.

Producto de la conferencia de Bonn –diciembre de 2001- gobernó el país como autoridad interina Afgana, Hamid Karzai, en 2004 fue electo democráticamente y reelecto en noviembre de 2009. En junio de 2013, el Gobierno afgano asumió la responsabilidad de la seguridad interna del país con sus fuerzas policiales y militares. En septiembre de 2014, después de una crisis política por el resultado de las elecciones, asumió Ahraf Ghani como presidente del país y Abdullah Abdullah como primer ministro.  Las guerras en Afganistán e Irak desgastaron demasiado a Estados Unidos, internamente y, especialmente, en el mundo islámico, porque la primera potencia mundial se encontraba combatiendo y ocupando a dos naciones musulmanas; en ambas guerras algunos estrategas y analistas, tanto del Pentágono como del Departamento de Estado,  concluyeron -ya en 2008- que en los dos conflictos los objetivos propuestos no se alcanzarían. Por esta razón en la campaña presidencial Barack Obama se comprometió, si llegaba a la Casa Blanca, a dar término a estas dos aventuras militares.

En el transcurso de 2011 Obama cumplió con el retiro de las tropas de Irak. Ante las escasas posibilidades de ganar el conflicto en Afganistán por la vía armada y los años de guerra, Washington apreció la posibilidad de iniciar unas tentativas para negociar. Por su parte,  los talibanes -en junio de 2013- abrieron una oficina política en Qatar para negociar, incluso el gobierno de Pakistán hizo esfuerzos para que se reunieran –previamente- los representantes de los talibanes y las autoridades de Kabul, a fin de establecer una agenda de trabajo, pero estos encuentros no prosperaron. En tanto, en  2015, se anunció la muerte del líder Mullah Mohammed Omar siendo sucedido por el Mullah Akhtar Mansoor, quien fue apreciado por las autoridades de Kabul como más flexible que Omar, decidiéndose entonces la formación del “Quadrilateral Coordination Group”[iv] (QCG), al comienzo el gobierno afgano intentó hacer de enlace con el grupo de talibanes que dirigía Mansoor. Aunque este sostuvo que mantendría la misma política de su antecesor respecto a la lucha en Afganistán, dio señales de estar dispuesto a iniciar las negociaciones con el QCG, sin embargo, esta actitud significó el inicio de una división dentro del movimiento, incluso el Jefe de la Oficina Política de los Talibanes en Doha, Qatar, Tayed Agha, presentó su renuncia. El QCG se reunió por primera vez  en enero de 2016, pero no logró ningún acuerdo, porque Mansoor más tarde manifestó que mientras las fuerzas de la OTAN permanecieran en Afganistán no habría ninguna negociación. Optando por una conducta dura frente al gobierno de Kabul y a la presencia de las fuerzas extranjeras en su país.

En mayo de 2016 los estadounidenses dieron muerte al Mullah Akhtar Mansoor con un ataque de un drone[v]  en Beluchistán, Pakistán, incrementado con ello la escisión de la unidad del movimiento talibán. Desde que el gobierno afgano -en julio del 2015- confirmó la muerte del Mullah Mohammed Omar, fundador de los talibanes, el movimiento islamista que él había creado, lenta y gradualmente fue perdiendo su unidad.  Con la revelación de la muerte de Omar al movimiento talibán le ha sucedido algo similar a lo ocurrido con Al-Qaeda después de la muerte de su líder Osama bin Laden, se han quedado desprovistos de una jefatura centralizada y que dirija el movimiento. Además, con la desaparición de Omar, los talibanes han carecido de un líder espiritual cuyos edictos eran leyes.

Con la muerte de Mansoor hubo un incremento de la lucha por el poder dentro del fraccionado movimiento.  Muchos talibanes estuvieron muy molestos con Mansoor, el segundo en jerarquía, por haber mantenido en secreto –por más de dos años- la muerte de Omar, quien al parecer, murió de una larga enfermedad. A regañadientes muchos aceptaron el liderato de Mansoor para mantener aparentemente la unidad del movimiento pero nunca fue tolerado y vivió temiendo que podría ser asesinado por sus rivales. A partir de diciembre de 2015, después de haber sido herido en un encuentro de reconciliación que hubo cerca de Quetta, capital de la provincia de Beluchistán, vivió escondido.

Aparentemente, en marzo de 2016 Mansoor viajó a Irán donde se habría reunido con representantes del gobierno de Teherán a fin de acordar una alianza táctica  contra una rama del Estado Islámico/ISIS[vi] que está operando en Afganistán. Mansoor pudo haber permanecido mucho tiempo en la ciudad oriental iraní de Zabol, situada cerca de la frontera con Afganistán, donde habría  estado viviendo en una comunidad talibán desde la invasión estadounidenses a fines de 2001. Por su parte,  el líder de Hezb-i-Islam, Gulbuddin Hekmatyar[vii] en mayo de 2016 firmó un acuerdo de paz con el gobierno afgano después que él mismo -el año 2015- estuvo aliado  a la facción de ISIS y,  por años, desde la invasión de Estados Unidos, fue huésped  del gobierno iraní. En Afganistán las lealtades y alianzas cambian súbitamente.

El sucesor de Mansoor –Mullah Haibatullah Akhunzada- ha tenido que enfrentar los mismos problemas, pero con el agravante que de inmediato ha sido perseguido por las fuerzas especiales de EE.UU y por la CIA.  Javid Faisal, portavoz del gobierno afgano, llamó en ese entonces al nuevo líder del movimiento islamista Mullah Haibatullah Akhunzada a incorporarse a las conversaciones de paz  o enfrentar las consecuencias, manifestando lo siguiente: “Invitamos al Mullah Haibatullah a la paz”, agregando Faisal: “Un acuerdo político es la única opción para los talibanes o su nuevo líder deberá aceptar el mismo destino de Mansoor”. Sin embargo, los talibanes reiteradamente se han negado a participar en este diálogo de paz y persisten en ataques suicidas, matando a civiles y policías.

Los asesores cercanos a Donald Trump, el secretario de Defensa, James Mattis (oficial del Cuerpo de “Marines”)  y su Consejero de Seguridad Nacional, Herbert McMaster, (oficial de Caballería Blindada), ambos generales con experiencia en Afganistán, como buenos militares están proponiendo que las tropas que están desplegadas en Afganistán -13.000 de OTAN y EE.UU.- permanezcan en ese país hasta el 2020 como asesores del creado Ejército Nacional afgano. Además, han recomendado, junto  al general John Nicholson, comandante de la fuerzas de OTAN y de EE.UU. en Afganistán,  el incremento entre 3.000 a 5.000 tropas estadounidenses que incluya fuerzas de Operaciones Especiales.  Asimismo, el primer mensaje de la administración Trump para los miembros del Estado Islámico/ISIS[viii] que están infiltrados en Afganistán fue el lanzamiento de la “madre de todas las bombas”, la GBU-43, la mayor arma no nuclear de Estados Unidos. Luego, en un operativo conjunto entre fuerzas afganas-estadounidenses dieron muerte al jefe de los yihadistas  del Estado Islámico/ISIS, Abdul Hasib. El actual despliegue de Estados Unidos en Afganistán significa el costo de 23.000 millones de dólares al año. Las tropas del gobierno de Kabul solo controlan el 57% del territorio y el año pasado perdieron más de 7.000 bajas. A la vez, existe una significativa cuota de deserción y muerte de oficiales por parte de tropas afganas.

En el transcurso de 2017, el gobierno afgano ha perdido a manos de los talibanes cerca de un cinco por ciento del territorio que controlaba a comienzos de año.  En abril pasado los talibanes anunciaron que lanzarían su “ofensiva de primavera” como lo hacen anualmente. De inmediato un grupo armado atacó y tomó el control del distrito de Qala-e-Zal fuera de la ciudad de Kunduz, en el norte de Afganistán. Además, los talibanes retienen pequeños bolsones al este de Kabul, una larga parte en el sur, cerca de Lashkar Ga y, en el oeste, cerca de la ciudad de Herat. Los talibanes atacan constantemente en múltiples frentes, mientras que las fuerzas afganas experimentaron -en 2016-  un 35% de bajas entre soldados y policías muertos y heridos graves.

La política de Obama para sacar las tropas de su país en el conflicto afgano ha quedado en el olvido y, al parecer, la nueva estrategia estadounidense para Afganistán, diseñada por los asesores militares de Trump, será netamente militar. Esta decisión  recuerda  los primeros bombardeos aéreos de los estadounidenses sobre Vietnam del Norte, que se iniciaron con la Operación “Rolling Thunder”, en marzo de 1965. Después de dos meses, mayo de ese año, un informe entregado al presidente Lyndon B. Johnson indicaba que las operaciones del Vietcong no se habían visto afectadas para nada por los bombardeos. La reacción del Pentágono y de sus generales fue “more and bigger” sumándose a los bombardeos los B-52 que lanzaron defoliantes, napalm y bombas racimo.  Estados Unidos bombardeó Vietnam del Norte, por 8 años, que representa el área del estado de Texas, triplicando el tonelaje de bombas lanzadas en la II Guerra Mundial en Europa, África y Asia, pero Vietnam del Norte no se rindió y, finalmente, el Vietcong tomó el poder en Saigón.

En los conflictos quienes poseen mayor poder de destrucción, muchas veces lo emplean para obligar al adversario a sentarse a negociar y buscar fórmulas para poner fin a la guerra. Washington podría recurrir a esta clásica decisión político-estratégica con los talibanes, pero revisando la historia del pueblo afgano, lo más probable que no resulte. Sería recomendable que los asesores del señor Trump le comentaran que Afganistán también es conocido como el “Cementerio de los Imperios”.

[i] MANPADS: Man-Portable Air-Defence System.

[ii] Madrasas, escuelas religiosas en el mundo musulmán, donde fundamentalmente se estudia el Corán.

[iii] Tulab, plural de la palabra árabe talib que significa estudiante.

[iv] Quadrilateral Coordination Group, integrado por Afganistán, China, Pakistán y Estados Unidos, grupo que tiene la intención de buscar la paz por medios de acuerdos con los talibanes.

[v] Drone, son “Unmanned Aerial Vehicle” (UAV), sistema aéreo no tripulado.

[vi] Estado Islámico, en inglés “Islamic State in Iraq and al-Sham” (ISIS), también conocido en árabe como Daesh.

[vii].Gulbuddin Hekmatyar, formó el “Hezb-i-Islam” agrupación que durante la ocupación soviética a Afganistán, fue apoyada y financiada por el “Inter-Services-Intelligence” de Pakistán.

[viii] Estado Islámico, conocido también como “Islamic State in Irak and al-Sham” (ISIS)  en árabe “Daesh”.