Por: Dra. LORETO CORREA VERA //ANEPE

 

Sin duda la emergencia de movimientos sociales, el escaso avance en el tema indígena, los reclamos regionales por aumento de tarifas a los hidrocarburos Y los desastres naturales, sumados a los debates medioambientales por la demanda energética y la ausencia de consensos en proyectos de Hidroaysen, Pascualama o Maipo, forman parte de lo que hoy se reconoce como la agenda de la descentralización.

Si bien, la postergación de las regiones es de larga data, a partir de los efectos del terremoto del 2010 en la zona centro sur de Chile, primero y luego, a partir de la larga espera de los mineros de la Mina San José en Copiapó que se precipitó una mayor atención de la ciudadanía hacia las regiones. Con el tiempo y la falta de efectos concretos a nivel regional de las autoridades durante el gobierno de Sebastián Piñera, se produce un cambio inédito en la agenda de las regiones: la consistente percepción de un “déficit democrático” irremontable en el actual esquema político y lo que es peor, una situación absolutamente asimétrica en términos de renta y distribución de la riqueza, pero también de desarrollo de las regiones del país.

Esta problemática es la que se ha venido estudiando en el proyecto FONDECYT 1120405 denominado, Gobernabilidad, desarrollo y seguridad en las zonas extremas del norte y sur de Chile a comienzos del siglo XXI, investigación compuesta por investigadores de la ANEPE, la Universidad Católica de la Santísima Concepción y la Universidad Nacional de Colombia.

Este documento plantea algunas conclusiones de la investigación vinculados a la condición actual de las regiones de Chile  y tiene por objetivo servir de insumo para la reflexión en materia de política pública y orientación en materia legal. Cada uno de los epígrafes se refrenda en un largo estudio bibliográfico, informes regionales, las últimas estadísticas establecidas en el Censo del 2012, el Informe de la Auditoría de la Democracia (PNUD, 2014) y el trabajo de campo realizado en las regiones XV, XII y VIII, materia de estudio.

POR DONDE COMENZAR LA REFLEXIÓN PARA EL CAMBIO EN MATERIA PÚBLICA

La mayoría de los diagnósticos sectoriales en Chile se han realizado y todas las regiones han efectuado más o menos recientemente planes de desarrollo a mediano y largo plazo. Casi todos los diagnósticos son con visión de superar los déficits de infraestructura. ¿Cuántos hospitales faltan, cuántas escuelas, carreteras y puentes están pendientes por construir para aumentar la infraestructura deficitaria en las regiones?. Planes o proyectos que hablen de desarrollo regional o de seguridad no han sido pensados por la autoridad y muy olvidados aquel informe del 2007 del desarrollo de los clusters en el al menos se pensó en trazar una vocación productiva de las regiones. [1]

Por tanto, Chile  ha carecido de una focalización en materia productiva. La gente se va de las regiones porque no sólo no encuentra trabajo, sino porque no puede proyectar una vida con las comodidades y los servicios que espera en un mundo que la televisión y los medios dicen ser globales.

Aun cuando ciudades como Viña del Mar o Punta Arenas tienen buenos indicadores de calidad de vida, estos indicadores no alcanzan a las condiciones de las comunas del sector Oriente de Santiago. Los mayores déficits están en SALUD, esparcimiento y fuentes laborales. Hay capitales regionales completas que dividen su población entre aquella que trabaja en los servicios del Estado y la Universidad, mientras que el resto de los habitantes se dedica a lo que pueda, con escasa estabilidad laboral, e ingresos informales. Las regiones extremas en ese sentido son las más afectadas. Cada una produce 1% del PIB Nacional y en ellas vive algo más del 1% de la población nacional. Sin embargo Aysén está en una situación tan delicada o peor, por su estructura dispersa conformación geográfica.

Un tema clave, y escasamente abordado en alguna discusión nacional, es la tributación de las patentes de las empresas e industrias. Los efectos de esta renta redundan en una recaudación tributaria en Santiago. La atracción de inversiones, diferenciadas de la minería, va en directa relación a la factibilidad de oferta de servicios y en ello, la única región que ofrece algún atractivo es la V. Los procesos de inversión van en directa relación a proyectos mineros (III, V y VI) y el desarrollo inmobiliario (IV). La conmutación entre regiones es un hecho: se trabaja en una región y se gasta en otra: salud y educación se gastan en las capitales regionales, cuando no en Santiago.

Hay pocas industrias y PYMES relevantes en las regiones, salvo aquellas que se localizan en el nodo que se extiende en las laterales de la carretera Norte /Sur. (IV, V, VI, VII y VIII Costa). El escaso incentivo a las inversiones en las regiones VIII Cordillera y IX, por causa de la situación mapuche, muestran una situación incierta a futuro. El rol de la CORFO quedó en cero en las regiones. No hay capitales destinados a desarrollo productivo en regiones a menos que  vengan del sector privado.

Un tema complejo tiene que ver con las autoridades regionales y las definiciones de las mismas. Los Seremis no han tenido continuidad en las regiones y, aunque hablaremos del poder político posteriormente, es esencial entender que los Ministerios de Desarrollo Social y del Trabajo trabajan a media marcha o casi nada con gente que viene del centro del país.

Problemas de energía y medio ambiente provocan la necesidad revisar todas las regiones en materia de planificación urbana. Las zonas rurales tienen casi nula atención en materia de contaminación y basurales. Hoy resulta lamentable transitar por caminos laterales en el norte del país. De conocimiento público son las graves condiciones ambientales de Rancagua, Talca, Temuco y Osorno a causa de la combustión a la leña.

El desarrollo turístico está amenazado por la basura y el escaso cuidado ciudadano en materia de reciclaje, áreas verdes, parques y ciclovías. Pero también en materia de paisaje urbano la carencia de espacios de sociabilidad para niños y ancianos se traduce en obesidad y encierro ciudadano. Sólo las ciudades costeras cuentan con mayores espacios de esparcimiento y es un hecho que la política de desarrollo de actividad física se encuentra en directa conexión con “no saber dónde ir”, salvo al Mall.

LA ATENCIÓN EN LAS PERSONAS: UNA DEUDA EN TODO CHILE.

Si desde edades tempranas la sociedad chilena toda tiende al encierro, en las edades adultas las condiciones obligan al mismo. El país cuenta con pocos geriatras, menos de 100 en todo el país y muchos menos en regiones.

Existen pocas alternativas de actividad en edades post jubilación. Por ello, trabajar se convierte, no sólo en una situación económica relevante producto de las bajas pensiones, sino emocionalmente imprescindible.

Las regiones advierten un envejecimiento y sus ciudades carecen de protecciones, asistencias y espacios para adultos mayores. Los parques con suerte tienen bancas, césped y juegos para los niños. Las ciudades, salvo excepciones de la capital, carecen de bibliotecas, mesas de juego y otras instalaciones propias para la población de la tercera edad. Ello ocurre no sólo porque sea inseguro ir a un parque, sino porque generalmente la población no encuentra mayormente qué hacer en ellos. Chile aún no ha pensado en que envejece a paso acelerado.

Las redes vecinales se han empobrecido en todo el país. Se piensa que el parque es lugar de drogas, venta de marihuana y de violencia. El afeamiento con grafitties y signos propios de las pandillas, ha inundado los entornos y muros de cuanta casa y malla metálica existen. No importa si hablamos de calles o barrios históricos, las bandas igual se apropian. Y un elemento constante a lo largo de Chile es el afeamiento del espacio público.

El turismo intrarregional es poco evaluado por la ciudadanía, y el uso de los espacios públicos inferior al previsto salvo en los bordes costeros. En materia turística faltan guías regionales de fácil acceso y la generación de una memoria urbana, ámbito que permite guardar la vida de las ciudades más allá del desarrollo inmobiliario.

Si el patrimonio regional se derrumba en las regiones producto de los terremotos en lo físico, mucho antes ocurre por el descuido vecinal. Esta generación de indolencia en las ciudades es un proceso espiritual del país: bellas casas, patrimonio urbano, antiguas fábricas, todo se deja y se afea. Cuando llegan las inmobiliarias, casi se siente un alivio que se construya un mall o un edificio de oficinas. Si las ciudades sufren el deterioro, las caletas y los sectores portuarios, son particularmente un culto a la fealdad. Excepciones existen, pero el emblema mayor de lo dicho está en Valparaíso. Pero Iquique, Coquimbo, Talcahuano, Puerto Montt tienen un pobre desarrollo urbanístico en los sectores portuarios. Se  advierte una doble segregación en las regiones, la de los barrios, la de los espacios públicos de esparcimiento. Con ello, la marginalidad se aprecia rápidamente y ahuyenta.

¿Y QUÉ OCURRE CON LA ADMINISTRACION DEL ESTADO?

En las regiones se administra para dos instancias: para la Contraloría General de la República, para una mal entendida Ley de Transparencia y Compras Públicas.

La administración regional y en algunos casos también la municipal, tiene una alta proporción de funcionarios externos a la propia región. El mecanismo de Alta Dirección Pública no ha funcionado de manera endógena en las regiones. La convocatoria privilegia la selección por competencias, pero valora escasamente al personal de la región para la región. La asignación de un bono por zona, es directamente proporcional a la estabilidad en los cargos, salvo que se trate de un funcionario local o regional. En Arica, por sólo dar un ejemplo, los Seremis duran entre 18 y 24 meses promedio. La rotativa de algunos cargos evidencia total ausencia de capacitación y escasa motivación para irse a las regiones. En suma, es necesario ajustar los mecanismos de contratación de autoridades regionales, ello con el fin de elegir a los mejores funcionarios, pero que efectivamente tengan algún nexo con la región de destino y sin que sea el bono por zona el gran estímulo para asentarse en una región, porque en ese marco la gente se marcha rápidamente.

Las Universidades regionales no cumplen de forma alguna la demanda de funcionarios públicos. Estos vienen de Santiago. Solo secretarias, y personal de apoyo es regional y el trato es colonial o clientelar. Por otra parte, los buenos estudiantes de regiones se van a estudiara a Santiago, prefiriendo las universidades privadas antes que las estatales de su Región.

Los recambios de gobierno en las ciudades regionales, muestran un recambio burocrático en el que se pierden grandes sumas de dinero devenidas de los procesos de selección de recursos humanos en cargos medios e intermedios.

El único espacio donde se aprecia mayor continuidad en el sistema de justicia, empero, médicos, Seremis, personal técnico, etc., muestran rotativas que no permiten la consolidación de una burocracia regional. Y la burocracia regional es necesaria, porque proporciona compromisos regionales que hoy no existen.

En términos de trámites personales, ha habido avances notorios. Pero no hay salvaguarda de archivos o la generación de archivos documentales o comunicación interna entre los servicios. Así, se da la paradoja que los servicios regionales están en línea con Santiago, pero no en línea entre sí. La solicitud de información entre sectores de la administración es nula a menos que se solicite vía memo. La integración de sistemas informáticos en materia pública no existe para el administrador del Estado. Eso ralentiza los controles, las auditorías y la gestión administrativa. La capacitación en materia burocrática es pobre y cuando el funcionario aprende, se va o lo echan porque cambia la Administración.

La participación ciudadana es mínima en la administración centralizada y descentralizada del país. Una cuenta anual frente a personas elegidas a dedo no da cuenta de transparencia alguna y menos aún de participación significativa y llegamos al punto por el que creemos hay que comenzar a variar el estado de las cosas:

Los consejos regionales y comunales son casi tan fundamentales como la designación de senadores en las dos nuevas regiones creadas en el 2008 y 2009 en el país. En materia de participación ciudadana se ha creado una cultura de la demanda y un olvido de los compromisos. Con el tiempo, la solvencia de las relaciones interpersonales en las ciudades capitales regionales se ha deteriorado. Por ello, esta es una vía privilegiada para fortalecer el cambio.

En materia política, las regiones no exhiben mayor novedad de desconexión entre votantes y parlamentarios, pero en las regiones más extremas se ha vuelto cada vez mas disruptivo solventar el diálogo y ante el surgimiento de conflictos y movimientos sociales, las sociedades regionales reclaman al Centro nacional, a los Ministros. La legitimidad de Intendentes y sobre todo de titulares de servicios es escasa.

Hoy las regiones exigen mucho más y ello es porque están muy rezagadas en materia de desarrollo. Las deudas generales hacia las regiones exigen un fortalecimiento del capital humano regional y sobre todo, de un diálogo interno que es fruto de muchas décadas de centralismo, claro está, pero también de falta de iniciativa sistemática local.

Sin duda, la trilogía de educación, salud y vivienda está presente en las preocupaciones transversales, pero los elementos expuestos dan un panorama general del escenario que se vive en las regiones de Chile.

 

[1] MINISTERIO DE ECONOMÍA, FOMENTO Y RECONSTRUCCIÓN. Estudios de la OECD sobre políticas de innovación en Chile,  OECD, París, 2007.