Armas estratégicas: la actualidad del “poder duro” en las nuevas configuraciones de poder mundial

Por: Dr. Iván Witker Barra

 

            Japón e India acaban de dar señales muy poderosas acerca de la centralidad que tiene en la proyección internacional de un país, el recurso de las armas estratégicas.

            En efecto, el reciente lanzamiento de un portaaviones de construcción propia, por parte de la India, así como de un navío portahelicópteros, por parte de Japón, son indicativos no sólo de la persistente importancia del poder naval, sino ante todo de las nuevas configuraciones de poder que se están gestando en Asia y del ascenso global efectivo que están teniendo ambos países.

            Por un lado tenemos a la India con la impresionante demostración de poder y voluntad política demostrada el 12 de agosto de este año con el lanzamiento del portaviones INS Vikrant. El asunto cobra relevancia por varias razones. La primera de ellas es que se trata de la conclusión de un proyecto político de largo plazo, y que superó numerosos trabas y atrasos, como era la construcción de un portaaviones propio. Aunque el navío estará plenamente operativo en dos años más y utilizará aviones MIG, ya con el uso parcial que le dará desde ahora, la India se ha integrado al selecto grupo de potencias tecnológicas capaces de construir por sus propios medios una nave de estas características, y que integran Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Rusia, únicos con know how y capital humano necesarios para esta tarea. Aquel grupo de países no es menor, ya que se trata de cuatro integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU.  y da cuenta, además, de que el poderoso vecino de la India, China no figura en él. Es decir, China aún no construye un portaaviones con medios propios. En septiembre del año pasado botó uno, el Lianoning, pero fue a partir de los restos de un antiguo navío ruso que Ucrania había dado de baja. La revista Jane´s ha señalado en algunas oportunidad tener información no confirmada que los chinos se encuentran trabajando en la construcción de uno propio en Shanghai, mas no existe confirmación oficial.

            Esos datos, y las fuertes críticas con que Beijing reaccionó al lanzamiento del INS Vikrant, dan cuenta del enorme impacto político que registró a nivel regional la decisión india. Debe tenerse en consideración, igualmente, que en días previos, Nueva Delhi había anunciado que el país se encuentra en la fase final de la construcción de un submarino nuclear y que a fin de este año botará otro portaaviones, el INS Vikramaditya, aunque se trata, como en el caso chino, de la remodelación de uno que Rusia dio de baja hace algunos años y cuya modernización había sufrido una serie de tropiezos financieros. En dos años más, cuando el Vikramaditya y el Vikrant se encuentren operativos, el actual  INS Viraat será sometido a una profunda remodelación. En síntesis, hacia finales de la década, India, país con capacidades nucleares reconocidas (mas no firmante del TNP) contará con tres portaaviones.

            Por otro lado, Japón presentó el 8 de este mes el más grande buque construido por ese país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el porta-helicópteros Izumu. Con 248 metros de largo y con capacidad para 14 helicópteros, el Izumu tendrá como futura misión operar en las cercanías de las islas Shenkaku/Diaoyu, que el país nipón disputa con China.  Resulta altamente significativo que el gobierno japonés haya resuelto presentar este buque justo cuando se recordaba 68 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima.

            Estos dos episodios han provocado profunda irritación en Beijing. Y ello es lógico. Difícil hubiese sido esperar una reacción distinta. Se trata de avances en materia de armas estratégicas, que inciden de forma directa en las actuales configuraciones de poder. Por lo tanto, no se trata de una reacción visceral de Beijing, producto de la fuerte controversia que está sosteniendo con Japón respecto a las citadas islas (y cuyo desenlace no sólo se ve lejano en el horizonte sino que ni la ONU ni ningún país se siente en condiciones de intervenir o sugerir algún curso de acción para mediar por un arreglo pacífico) o por la histórica rivalidad que China tiene con la India (incluyendo guerras, ciertamente). La irritación china se debe básicamente a que se ha comenzado a alterar el balance estratégico y ello obligará a destinar más recursos al sector Defensa y revisar decisiones presupuestarias.

            Sin embargo, resulta interesante constatar que aquello que Joseph Nye denominó el “poder duro” de las relaciones internacionales sigue extraordinariamente vigente, especialmente entre los países grandes de Asia, cuyos equilibrios estatales parecen delicados. Adicionalmente, que son las armas estratégicas navales las que parecen estar adquiriendo preeminencia en aquellos países, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, donde el poder duro adquiere forma de sofisticación tecnológica menos fastuosa, con los drones por ejemplo.

            La conclusión que se puede extraer de estas importantes decisiones estratégicas que ocurren en el Asia-Pacífico, es que las naciones no pueden renunciar de manera voluntarista al poder duro, ya que éste, pese a sus altos y bajos, jamás pierde relevancia. En el caso de China, India y Japón estamos hablando de países con fuerte voluntad política y con evidente vocación global.