Chile, 2010-2015: Movimientos migratorios y trata de personas

Por: Dr. Guillermo Bravo Acevedo

En la actualidad, los movimientos migratorios internacionales se han incorporado a la globalización como uno de sus componentes principales, toda vez que la mundialización de la economía con sus elementos centrales, el libre comercio y la libre circulación de capitales, han permitido una mayor movilidad de las personas que han trasformado el acto de migrar en una estrategia de subsistencia económica y de inserción social en las sociedades receptoras.

De esta forma, los movimientos migratorios internacionales se presentan como un fenómeno global, complejo e integral y, al mismo tiempo, por su masividad y por los cambios que han experimentado los perfiles de los migrantes podrían ser asociados en el campo de la seguridad a las amenazas multidimensionales, entre las cuales figura la trata de personas; nueva amenaza muy cercana a las migraciones, en razón de que en la actualidad la libertad de movimiento personal es un factor esencial que motiva las migraciones.

Ahora bien, es cierto que la migración y la trata de personas son conceptualmente diferentes, pero, también es cierto que actualmente se relacionan entre sí.

En efecto, la decisión de migrar de un individuo, o de un grupo de ellos, muchas veces surge de la necesidad de mejorar su situación económica, aunque la decisión está acompañada de

factores sociales y culturales que no necesariamente responden a una lógica económica racional. “Imaginarios”, “redes sociales”, “cadenas horizontales y verticales” y “estrategias familiares” son las herramientas conceptuales que se despliegan para ofrecer una interpretación social y cultural antes que económica de la migración, y centrar el análisis en actores antes que en estructuras[1].

En otras ocasiones, frente a un conflicto, una crisis económica o un desastre ambiental, las personas se ven obligadas a migrar como medio de subsistencia, lo que tipifica otra forma de migración. En el primer caso, la decisión libre y espontánea de emigrar caracteriza a la migración regular y documentada, en tanto en el segundo la fórmula utilizada es la migración irregular, indocumentada, conocida como tráfico de migrantes, la cual es mediada por un traficante que, por medio de un elevado pago, posibilitará la entrada ilegal al país receptor. Posiblemente, cuando el individuo llegué al país de destino romperá los lazos de contacto con el traficante.

Con relación a la trata de personas la situación es totalmente distinta puesto que las personas son trasladadas de un país a otro, y a veces dentro del mismo país, por un traficante cuyo fin es explotar su trabajo o sus servicios. Las Naciones Unidas, en la Convención de Palermo, del año 2000, definieron la trata de personas como:

Por “trata de personas” se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos[2].

Las posibilidades de comunicación que presenta la sociedad globalizada permiten que los posibles migrantes se enteren, a través de redes de amigos o familiares o supuestas agencias de empleos, que en el extranjero el mercado de trabajo ofrece empleos bien remunerados. Por tanto, la esperanza por migrar bajo esta forma, que supuestamente mejoraría las condiciones socioeconómicas que tienen en su país de origen y que le permitiría enviar remesas a su familia al encontrar trabajo con un salario más alto en el país que los recibiría, los lleva a contactar a individuos que les ofrecen empleo y les facilitan los viajes. No obstante, los problemas surgen al llegar a la sociedad receptora al darse cuenta que el trabajo y el salario ofrecido no existen y son obligados por las circunstancias a trabajar en empleos o condiciones no acordadas.

En síntesis, si se compara el tráfico migratorio con la trata de personas las diferencias se reducen a:

Tráfico migratorio Trata de Personas
Delito contra el Estado. Delito contra las personas.
Las personas cruzan las fronteras en forma ilícita. Las personas se movilizan tanto dentro como fuera del país. No siempre cruzan fronteras de manera ilegal.
Implica una operación comercial voluntaria. No implica consentimiento para explotación o el consentimiento se encuentra viciado.

Para enfrentar este problema, a nivel internacional, los gobiernos han puesto en marcha programas de control inmigratorio más estrictos, los que sin duda podrán aumentar las rentabilidades de ambos delitos, provocando una amenaza soterrada en las sociedades receptoras de migrantes.

En nuestro país el problema de la trata de personas se ha ido instalando lentamente en la sociedad. En el fondo, se presenta como una amenaza silenciosa cuyos fines se acercan a los delitos de explotación sexual o trata sexual y laboral.

En una noticia publicada en septiembre de 2015[3] se informaba que desde la publicación de la nueva Ley de tráfico ilícito de migrantes y trata de personas de 2011, el Instituto Nacional de Derechos Humanos ha tomado conocimiento y se ha hecho parte de nueve casos, insistiendo en que si bien es cierto que los casos no representan un gran número, las víctimas de estos delitos pueden variar de una a más de cuarenta personas en cada caso. Concluía el reportaje señalando que “La directora del INDH cree que las denuncias sólo irán en aumento, generando un gran desafío para un sistema judicial que contribuye en re victimizar especialmente a las mujeres que sufren explotación sexual”[4].

Un informe de la Mesa Intersectorial sobre Trata de Personas del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, que considera datos referidos solo a la información de investigaciones por el delito de trata de personas indica que en el período contemplado, entre el 8 de abril de 2011 hasta el 31 de agosto de 2015, han sido formalizadas 20 causas por el delito de trata de personas, con un total de 187 víctimas[5].

Por otra parte, la Embajada de Estados Unidos en Chile publicó el 20 de junio de 2014 el décimo cuarto informe anual del Departamento de Estado sobre la Trata de Personas, el que señala que “Chile es un país de origen, tránsito y destino para hombres, mujeres y menores que son objeto de la trata de personas con fines de explotación sexual y trabajo forzado”[6], pero al mismo tiempo reconoce los esfuerzos que ha hecho el gobierno chileno para luchar contra este flagelo social, lo que le ha permitido elevar su calidad por primera vez al nivel 1[7].

Además, la prensa nacional ha informado desde el 30 de julio de 2014 al 6 de mayo de 2015 sobre 24 noticias relativas a problemas de tráfico de migrantes, trata de personas, tanto en materias de explotación sexual como de abusos labores. Normalmente esas noticias están referidas a personas extranjeras que se encuentran en el país.

Las estadísticas oficiales de la Mesa Intersectorial sobre Trata de Personas, de los últimos cinco años, demuestran que  de 187 personas que han sido víctimas de la trata 117 son hombres y 70 mujeres y que, además, el 100% de los hombres han sido explotados laboralmente, en tanto que el 71% de las mujeres lo han sido sexualmente. En cuanto al país de procedencia de estas víctimas los datos revelan que sus nacionalidades, en el mismo período, corresponden a: 64 bolivianos, 64 paraguayos, 12 argentinos, 12 hindúes, 10 dominicanos, 10 colombianos, 4 peruanos, 4 ecuatorianos, 3 venezolanos, 3 coreanos, 1 uruguayo, 1 sudafricano[8].

El principal objetivo de este artículo de opinión ha sido dejar constancia que la trata de personas, con fines de explotación sexual y laboral, ha ingresado silenciosamente al país y está presente en la realidad social chilena. Por ello, no cabe duda que las autoridades han coordinado acciones jurídicas y otras relacionadas con seguridad interior. Sin embargo, es necesario, también, crear conciencia de estos delitos en la opinión pública para que se involucre socialmente en su prevención y denuncia porque, evidentemente, estos delitos atentan contra los derechos humanos de las personas, nacionales o extranjeras.

[1] HERRERA, G. (2003). La migración vista desde el lugar de origen. ICONOS 15, N° 15, p.90.

[2] BIBLIOTECA Congreso Nacional. Aspectos básicos de la experiencia internacional y de Chile para el combate de la trata de personas. 2010, p. 1. Recuperado el 15 de marzo 2015. Desde: https://www.google.cl/#q=Aspectos+b%C3%A1sicos+de+la+experiencia+internacional+y+de+Chile+para+el+combate+de+la+trata+de+personas

[3] GUTIERREZ, Melissa. El doble calvario de las víctimas de trata de personas en Chile”. En: The Clinic on Line, Santiago. 27 de septiembre de 2015. Recuperado el 15 de marzo de 2016. Desde http://www.theclinic.cl/2015/07/27/el-doble-calvario-de-las-victimas-de-trata-de-personas-en-chile/

[4] Ibíd.

[5] MINISTERIO del Interior y Seguridad Pública. “Mesa Intersectorial sobre Trata de Personas”. Recuperado el 15 de marzo de 2016. Desde http://tratadepersonas.subinterior.gov.cl/media/2016/01/Informe-Estadístico-Primer-Semestre-2015.pdf . El informe considera solo información de investigaciones por el delito de trata de personas que han sido formalizadas por el delito contemplado en el artículo 411 quáter del Código Penal.

[6]  EMBAJADA de Estados Unidos en Chile. “Informe del Departamento de Estado de los EE.UU. reconoce los

esfuerzos realizados por Chile en la lucha contra la Trata de Personas”. Recuperado el 15 de marzo de 2015, Desde http://spanish.chile.usembassy.gov/tiipreport_esp.html, p. 2.

[7] Nivel 1,  Cumplimiento alto de los estándares mínimos del TVPA (Trafficking Victims Protection Act).

[8] MINISTERIO, Op. cit. 2016.