Por Fulvio Queirolo Pellerano 1 [1]

“El hombre que ha cometido errores y no los corrige, comete otro error mayor”.
Confucio.

Últimamente, y a través de diferentes fórmulas, la comunidad nacional ha sido inundada por un sinnúmero de instrumentos académicos en los cuales, desde una suerte de prospectiva estratégica, se exponen diferentes reflexiones y visiones sobre los desafíos que debería enfrentar el país en un futuro mediato (10 a 15 años), estableciendo un horizonte al 2030. En efecto, iniciativas como “programas, estrategias o agendas Chile 2030”, son algunas aproximaciones a lo señalado. Luego de la lectura y análisis de dichas publicaciones, a las que no resto sus méritos, se puede observar que cada una de ellas –con mayor o menor acento– presentan un marcado énfasis sectorial y se enfocan en la búsqueda de soluciones lineales, en consecuencia se alejan del pensamiento holístico y articulador, principios que son propios de un estudio de características estratégicas, en los que se identifiquen elementos que busquen integrar, sincronizar, revisar y actualizar el diseño previsto y planificado. Es en este escenario donde la estrategia juega un rol fundamental, y en lo particular si es de Gobierno.

Para ser más didáctico propongo situarnos en la lógica de Colón y su planificación de viajes para descubrir nuevas rutas marítimas-comerciales hacia el Lejano Oriente (China – Japón). Como sabemos, el navegante italiano propuso, inicialmente su “plan maestro” al Rey de Portugal y ante la negativa de éste lo presentó a los Reyes Católicos, quienes finalmente apoyaron dicha empresa exploratoria, la que prometía grandes réditos económicos a la Corona Española.

Sin ahondar en detalles de este importante suceso histórico, cuyo golpe de timón inicial fue dado en 1492 con el descubrimiento de América y finaliza en 1504, con el cuarto y último viaje del navegante, solo queda preguntarnos ¿Los viajes de Colón obedecían a una estrategia de la Corona española? Si fuese así, ¿la conducción, integración, sincronización, revisión y actualización de sus contenidos (objetivos e intereses), eran los elementos clave en dichos planes?, para dar respuesta nos situaremos en el ambiente estratégico del planeamiento y su correspondiente toma de decisiones.

Sin lugar a dudas que para centrar nuestro derrotero académico lo comenzaremos desde la óptica de Beaufre, quien define a la estrategia como un “sistema de pensamiento” el que conlleva a la búsqueda de respuestas circunscritas en tres cuestiones básicas y que todo líder o quien ejerce la autoridad debería responderse: el qué, cómo y cuándo, elementos que contribuirán a otorgar certezas en un ambiente de considerables incertezas. En esta dimensión, y actualizando los principios descritos por el general francés se ubica J. Collins, quien sitúa al conductor político como “el actor” responsable del desarrollo de la “gran estrategia”, cuyos contenidos debiesen permanecer vinculados a los intereses nacionales del Estado tanto en lo exterior, como interior, economía, seguridad interna y externa, desarrollo, etc., etc.

Entonces, ¿Cuál era el plan “estratégico” de la Corona española?, a este cuestionamiento podemos inferir que la reina Isabel de Castilla otorgó a Colón aquellos títulos y derechos que creía merecer por las islas y tierras firmes que iba a obtener para España, con ello lograría “riqueza, honor y gloria de conquistar Catay (parte de China), Cipango (Isla de oro, hoy Japón) y la India para la cristiandad”2. Cualquier otra consideración estaba fuera de todo razonamiento estratégico y pleno de incertezas, quedando a merced de imponderables o el azar que debiesen haber sido estudiados bajo una estructura holística e integradora y en sintonía con los intereses de la Corona, en otras palabras no se hacía cargo de la multidimensionalidad de riesgos y/o amenazas que dicha empresa acarreaba.

El entorno de “incertezas” a que se enfrentó Colón de ningún modo consideró otras circunstancias, ya que su principal interés era el económico y sobre este objetivo trazó su plan, aún cuando se cruzó con sucesivos “fracasos”, que en cada viaje fueron apareciendo, decepciones conocidas como Cuba, La Española (Rep. Dominicana), Las Antillas, Trinidad y Honduras, creyendo que aún estaba en ruta hacia las “indias y cerca de la isla de oro”, sin reflexionar sobre algunas variables que alteraron su plan inicial, como contar con información actualizada, cartas náuticas adecuadas, estudio de riesgos y amenazas que suponía la presencia de naves portuguesas (sus potenciales adversarios), la calidad y dirección de los vientos, el efecto de las corrientes marinas, enfermedades de tripulantes, cantidad de pertrechos, los costos y réditos, plazos, etc.

Dejando de lado el hipotético plan ejecutado por Colón, se puede observar que algunos programas, planes y/o agendas 2030 nacionales estarían siguiendo el mismo pensamiento lineal que elaboró la Corona española, es decir no estarían respondiendo plenamente al qué, cómo y cuándo.

Pongamos en contexto y vinculemos el análisis al quehacer de uno de estos programas, invitando a los lectores a escudriñar en el ámbito de la seguridad y defensa nacional, ambiente que ha trazado lineamientos en torno a lo que se entiende como “Defensa Moderna”:
• Se ha establecido que los Libros de la Defensa Nacional (1997/2002/2010) y su última versión recientemente difundida, constituirían la principal fuente normativa donde se explicita la Política de Defensa, es decir, se explica el qué se desea lograr con dicha política pública. En sus páginas se pueden identificar principios, condiciones y objetivos que debe llevar a cabo el instrumento del Estado encargado de asegurar la independencia política, la integridad territorial y brindar protección a la población; además, se hace cargo de nuevos desafíos que deberían enfrentarse acorde al dinamismo de la seguridad global, sin embargo no se encuentra enlazado con el cómo ni el cuándo, cuestionamientos fundamentales y que deben ser respondidos, especialmente cuando se habla de planeamiento estratégico. Es decir, se deja expuesto al sector defensa a reaccionar sobre imponderables que no han sido merecidamente diagnosticados, analizados, evaluados y revisados. Sus consecuencias pueden ser desastrosas y sus costos desmedidos.
• Bajo esta condición de incertezas se hace necesario contar con una herramienta política que sea capaz de sistematizar y sincronizar los recursos disponibles del Estado, en su conjunto (humano y material), para el cumplimiento de los fines, objetivos y resguardo de los intereses nacionales, considerando la multidimensionalidad de las amenazas que se debiesen identificar al 2030. Dicho instrumento de dimensión estratégica (plan, estrategia), debería orientar a las estructuras subordinadas del sector y enlazar con otros actores nacionales que contribuyen significativa y solidariamente a cumplir con las misiones y tareas encomendadas. Este instrumento respondería directa y claramente al cuándo y cómo, cuestión que no puede asumir un libro ya que su fuente de inspiración se basa en una lógica distinta al que desarrolla la estrategia.

Evitar la aparición de “cisnes negros” o al menos reducirlos es una gran tarea que debería enfrentarse en el corto plazo, porque aún las intenciones más las nobles como llegar a las indias, puede fácilmente constituirse en víctima de tempestades y vientos que desvían el objetivo principal y se finalice como el navegante italiano.

1Magíster en Ciencia Política, seguridad y defensa
2ABC Historia militar. Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón. Disponible en: http://www.abc.es/historia-militar/20141229/abci-colon-cipango-japon-descubio-201412261353.html