Del combate a la legalización de las drogas: ¿De qué estamos hablando?

Por : Carlos Ojeda Bennett, Jefe de la Unidad Académica de la ANEPE.

Desde hace un tiempo a la fecha[1], en diferentes foros entre los cuales destaca la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre drogas, desarrollada entre el 19 y 21 de abril de este año, se ha sostenido que, la forma en que se ha enfrentado el problema de la droga, no habría sido la adecuada y por tanto, se hace necesaria una revisión de las estrategias en uso, abriéndose como vía de solución, la legalización de éstas.

De lo señalado nace la legítima pregunta que orienta esta columna “¿De qué estamos hablando?” Vale decir ¿Los que pregonan la idea de la legalización se refieren a darle ese estatus a la totalidad de las drogas que su producción, tráfico, comercialización y uso está generando una encarnizada lucha armada, fratricida, en algunos casos entre un Estado y bandas criminales y en otros, entre bandas de distintos países o entre grupos de connacionales?

Posiblemente una primera respuesta se orientaría a señalar que la idea en cuestión sólo pretende hacer legal la producción, porte y consumo limitado de un número reducido de las drogas que, hoy en día, forman parte del objetivo lo que se ha dado por llamar “El combate a las drogas” y que, en caso alguno dentro de esa categoría, se contemplarían las de mayor peligrosidad, lo que en sí es una idea bastante ambigua que nos proyecta más dudas que certezas y que su esclarecimiento generará, sin duda alguna, muchísimas posiciones encontradas.

Ahora bien, ¿Contra quién se lucha o se debería luchar?

Por obvio que parezca, la lucha contra las drogas la podrá llevar adelante aquel individuo que es dependiente de ellas, sin embargo, en cualquier otra circunstancia, se estima que el combate debe centrarse en contra de las organizaciones que forman parte de la “cadena” que promueve su uso y, por, sobre todo, obtienen beneficios ilícitos de ello.

La “cadena” señalada está, indudablemente, compuesta por eslabones tan nimios como sus extremos en donde identificamos, en un punto, a los campesinos y productores que, muchas veces al amparo de sus ancestrales y lógicas costumbres, así como también, como resultado de apremios ilegítimos, cultivan o producen las materias primas y, en el otro, al consumidor, quien ha adquirido esta condición como resultado de carencias personales o sociales, no siempre justificables y en muchos casos como resultado de la maquiavélica forma que tienen los carteles de la droga de ampliar, por la incitación o la coacción, sus mercados.

Al respecto, a diario constatamos cómo, en diferentes países, regiones, provincias y, en general, en casi todos los sectores, las fuerzas policiales emprenden acciones cuyo fin se orienta a la erradicación de los cultivos y producción, así como a la detención de los consumidores, operaciones cuyo efecto final sobre el verdadero problema, se ha demostrado mínimo.

Por otra parte, la citada “cadena”, no sólo está compuesta por sus extremos débiles, también lo está por fuertes eslabones que conforman el corazón mismo del problema y que se revelan a través de organizaciones delictuales más complejas en composición, medios y capacidades como son las estructuras de crimen organizado internacional, el narco guerrillas, los carteles y tantas otras.

Por cierto, en este sistema eslabonado no solamente encontramos los extremos ya señalados y a este corazón basado en organizaciones delictuales, también están quienes, debiendo afrontar tareas tendientes al control o eliminación de esta situación, con la laxitud de sus labores, permitirían la comisión de los delitos conexos, nos referimos a personeros y autoridades en general, policías, encargados bancos, instituciones financieras públicas y privadas- como lo refleja en algunas de sus aristas el caso “Panama Papers”- y tantos otros, así como la indudable existencia de legislaciones permisivas que permiten la migración de los dineros recaudados con el tráfico de drogas.

Finalmente, se estima del todo necesario señalar que, a partir de acá, se abren a lo menos dos aristas en cuanto a quienes maximizan la ganancia de estas operaciones. Si vemos a este problema desde una perspectiva piramidal, deberíamos incluir a los “cabecillas” como depositarios de éstas, sin embargo, no podríamos negarnos, tampoco, a pensarlo desde la perspectiva de “redes complejas” en donde todos trabajan para todos y las ganancias son de acuerdo al valor que cada uno le asigna a su trabajo.

Entonces, al revisar lo señalado la lógica nos permitiría inferir que los reales intereses de este flagelo no están precisamente en la droga, sino que ésta- la droga- sería más un medio que un fin en sí mismo en pos de dinero y poder y la solución no está dada, hoy en día, por el combate a los eslabones débiles del sistema y se abren posibilidades de pensar en nuevos enfoques de lucha.[2]

Qué viene?

En América, a lo menos persisten acentuadas diferencias en cuanto a la percepción del problema de la droga ya que claramente nos encontramos viviendo situaciones muy disímiles en cuanto a la producción, consumo, organizaciones criminales y real entendimiento de éste y sus derivaciones.

Las corrientes mundiales podrían encaminarnos hacia lo que se ha llamado la legalización de las drogas blandas, entendidas por algunos, como las de poca adicción física y consumo problemático, sin embargo, esta clasificación no es reconocida por todos los países.

Del mismo modo, los países que en la actualidad enfrentan las peores consecuencias como México y Colombia, buscarán más y mejores sendas para enfrentar sus propios problemas los que dejan como incógnitas, entre otras, si EE.UU. ¿hará lo necesario para reducir la demanda con lo cual la situación de su vecino del sur podría mejorar en algo? o en el caso de Colombia, ¿el actual proceso de paz será lo suficientemente comprensivo para que a partir de él, los demás grupos guerrilleros, ajenos a las FARC; se plieguen al cambio de escenario y no haya un relevo en las organizaciones ligadas a la narco guerrilla?

Como reflexión final, quisiera señalar: ¿sería posible haber llegado a la situación actual en la cual se abren nuevas vías de lucha, sin haber transitado por los viejos caminos hoy criticados? Lo que no cabe duda, es que sin una unidad de criterios frente al problema y su magnitud, la solución que abarque a los diferentes actores internacionales frente al punto de convergencia del lavado de activos, el tráfico de armas, las drogas y las acciones de las bandas criminales, será imposible de alcanzar y allegar una solución que sea más efectiva que la actual y, por tanto, el plan “Paz Colombia” y la despenalización de la droga, lamentablemente, no serán más que una ilusión.

[1] Ricardo Lagos: “Debemos legalizar todas las drogas en Chile” Revista Que pasa, 06 noviembre 2014.

[2] El Mercurio, 22 de abril de 2916, pág. A4.