Diez consejos para cambiar el mundo. Un ejemplo de vida, valores, ética y moral que es necesario conocer y practicar

Por: Julio Soto Silva. Profesor

He querido apartarme un poco de la coyuntura actual nacional e internacional en temas propios de la Seguridad y la Defensa para entregarle las ideas principales que vertió el almirante (USN) William H. MCraven, quien fue Comandante del Comando de Operaciones Especiales de las FF.AA, estadounidenses y, además, miembro selecto del grupo de élite de la Armada estadounidense “SEAL” a los alumnos graduados de la Universidad de Texas, en Austin, en mayo de 2014.

Lo anterior, porque leído el total del discurso, comprendí que, junto con hacer un ejercicio motivacional a los recién graduados, entrega una gran carga valórica moral y ética al comparar las actividades que se le exigen a los alumnos del curso SEAL de la Armada, con los desafíos que cada uno de nosotros debe enfrentar en todas las actividades del diario vivir, así como de los proyectos de vida, de desempeño profesional y de resguardo de las responsabilidades que el Estado nos exige. Esto cobra especial importancia en momentos en que la sociedad y los individuos están siendo amenazados por una relativización de los valores y principios, donde cada vez más los derechos se imponen sobre los deberes. A partir de ahí, surge el valor de las palabras del almirante MCraven en las que ejemplariza la fortaleza moral, ética y profesional de los hombres de armas, proyectándola hacia la sociedad civil como un ejemplo de vida y superación.

Dirigiéndose a los recién graduados, el almirante MCraven parte señalando algunas sugerencias que pueden ayudar a las personas a lograr un mundo mejor. Y si bien estas lecciones las aprendió durante su tiempo en la Marina, asegura que no importa si alguna vez sirvió un día en uniforme, no importa su género, su etnia o religión, su orientación o su condición social, ello ayudará en igual forma. Algunos párrafos se han tomado con las exactas palabras de él, de manera de poder contextualizar mejor las ideas

Cuenta que ha sido un SEAL de la Marina durante 36 años. Pero que todo comenzó cuando postuló a la formación básica de SEAL en Coronado, California. La formación básica SEAL es de seis meses de largas y tortuosas carreras en la arena, baños a media noche en el agua fría del mar de San Diego, un sinnúmero de pasadas de largas y difíciles canchas de obstáculos, educación física en todo momento, interminables días sin dormir y la sensación de estar siempre con frío, húmedo y sintiéndose miserable. Son seis meses de estar constantemente siendo acosado por los instructores altamente capacitados que buscan encontrar a los débiles de mente y cuerpo, y eliminarlos antes de llegar a ser un SEAL de la Marina, seleccionando a los mejores únicamente.

Sin embargo, esta formación también busca encontrar a aquellos alumnos que pueden liderar en un ambiente donde reina la tensión constante, el caos, el fracaso y las dificultades. Para el almirante Mcraven la formación básica significó la concentración de todos los desafíos de una vida concentrados en seis meses. De esta manera, él presenta las 10 lecciones que aprendió de la formación básica de SEAL esperando que sean de valor para los alumnos graduados de la Universidad de Texas en el desarrollo futuro de sus vidas, y por qué no decirlo a cualquier otra persona que puede tomarlo en forma personal para su propio beneficio, como ha sido el interés de esta columna de opinión.

Cada mañana en el curso básico de SEAL, los instructores, en esa época, todos veteranos de Vietnam, aparecerían en los dormitorios y lo primero que harían sería inspeccionar nuestras camas. Si uno la hizo bien, las esquinas estarían bien dobladas, con los dobleces en los ángulos correctos, el cubrecama estirado, la almohada al centro justo bajo la cabecera, y la frazada extra, muy bien doblada a los pies de la cama. Esa es la forma en que la Marina ve una cama hecha.

Es una tarea simple, mundana y profana tal vez, pero cada mañana se nos requería hacer la cama a la perfección. Podía parecer ridículo en ese momento, particularmente cuando aspirábamos a ser verdaderos guerreros, SEAL, formados en la dureza del combate, pero la inteligencia de este simple acto ha probado ser muchas veces mejor.

Si usted hace bien su cama todas las mañanas, habrá cumplido la primera tarea del día. Le dará una pequeña sensación de orgullo y lo motivará para hacer otra tarea, otra y otra. Al final del día, esa tarea hecha se habrá convertido en muchas otras tareas finalizadas. Hacer su cama también refuerza el hecho de que pequeñas cosas en la vida también tienen importancia. Si usted no puede hacer bien estas pequeñas tareas, nunca hará bien las tareas más grandes. Y si por esas cosas del destino tuvo un día miserable, volverá a casa a una cama que usted hizo, y una cama bien hecha le entregará la motivación de que el día siguiente será mejor.

Entonces, si quiere cambiar el mundo y ser exitoso, empiece por hacer bien su cama.

Durante el entrenamiento los alumnos se dividen en tripulaciones de botes de siete miembros, seis remeros y un timonel. Todos los días son enviados a la mar cruzando las olas y son obligados a remar muchas millas fuera de la costa. Cada remada debe ser sincronizada, y cada uno debe entregar un esfuerzo igual para que el bote no se de vuelta y las olas lo devuelvan a la playa. Para evitarlo, todos deben remar al unísono. Usted no puede cambiar el mundo solo, necesitará de ayuda; para llegar desde su punto de partida a su destino, necesitará de amigos, colegas, la buena voluntad de extraños y un fuerte timonel que los guíe y mantenga el curso.

Si quiere cambiar el mundo, encuentre a alguien que lo ayude en su remar.

Después de unas semanas, de los 150 hombres solo quedaban 35. Solo había 6 botes de siete tripulantes. Yo estaba en el bote de los más altos, pero el mejor bote era el de los más bajos, lo llamábamos el bote de los niños, ninguno medía más de un metro sesenta. En él había un indio americano, un afroamericano, un polaco americano, un griego americano y un italiano americano y dos pequeños muchachos rudos del medio oeste. Ellos remaban más fuerte, corrían más rápido y nadaban mejor que las otras tripulaciones. Y aunque en un comienzo todos se reían de ellos, este grupo de personas de todas partes del mundo y de cada rincón de nuestro país, eran los que reían al final, que nadaban más rápido y llegaban a la playa antes que el resto de nosotros. El entrenamiento SEAL es un gran ecualizador, nada importa, solo tu voluntad para lograr el éxito. No importa tu color de piel, ni tus ancestros étnicos, ni tu educación y preparación anterior ni tu condición social.

Si quieres cambiar el mundo, mide a una persona por el tamaño de su corazón, no por el tamaño de sus pies ni su estatura.

Durante la semana, muchas veces los instructores formarían al curso y harían una inspección del uniforme, extremadamente detallista. Todo debía estar planchado, almidonado, brillante e inmaculado. Pero parecería que pese de todo el esfuerzo que colocábamos para esta inspección, nunca era suficiente, siempre los instructores encontraban un “pequeño detalle”.

Por fallar la inspección el alumno debía correr completamente vestido a la rompiente, y una vez empapado de pies a cabeza debía rodar en la arena de la playa hasta que todo su cuerpo estuviera completamente cubierto de arena. El efecto se llamaba “empolvado”, y tenía que permanecer así todo el día, con frío, mojado y lleno de arena.

Había alumnos que no podían aceptar el hecho de que todo su esfuerzo fue en vano, que no importando cuán detallista habían sido para tener su uniforme brillante, no eran reconocidos. Ellos no pudieron pasar el curso; no entendieron el propósito de ese ejercicio, nunca van a tener éxito. Usted nunca va a tener un uniforme perfecto.

A veces por mucho que uno se prepare bien, o lo haga bien, siempre terminará como un “empolvado”. Es que a veces simplemente la vida es así.

Si quieren cambiar el mundo, sobrepóngase a ser un “empolvado” y sigan adelante.

Todos los días, durante el entrenamiento, uno era desafiado con múltiples ejercicios físicos, largas carreras, interminables sesiones de natación, paso de canchas de obstáculos, horas de educación física, todo para medir el temple. Cada evento tenía sus estándares y tiempos que uno tenía que cumplir. Si uno fallaba en cumplirlos, su nombre era puesto en una lista, y al final del día era invitado a un “circo”. El “circo” eran dos horas extras de ejercicios físicos diseñados para agotarlo, quebrar su espíritu y forzarlo a retirarse del curso. Nadie quería ser parte del “circo”.

El “circo” significaba que por ese día uno no había cumplido con las exigencias y eso significaba fatiga, más fatiga, que al día siguiente lo haría mucho más difícil y por consiguiente vendría otro “circo”. Pero, tarde o temprano, en el entrenamiento todos caían en la lista del “circo”.

Pero pasaba algo interesante con aquellos que estaban siempre en la lista. Con el tiempo ellos, que hacían dos horas extras de preparación física, se volvían cada vez más fuertes. El dolor de los “circos” construía fortaleza interna y resistencia física.

La vida está llena de “circos”, uno fallará, quizás fallará muy a menudo, será doloroso, será desesperanzador. En algún momento se probará su verdadero yo interior.

Pero si quiere cambiar el mundo, no le tenga miedo a los “circos”.

Al menos dos veces a la semana, los alumnos eran sometidos al recorrido de la cancha de obstáculos que tenía 25 obstáculos, incluyendo una muralla de 3 metros de alto, una red de 10 metros de largo y una cancha de arrastre con alambre de púas, por nombrar algunos. Pero el obstáculo más difícil era el de la pasarela de una cuerda llamada “deslizarse por la vida”. Tenía una torre de 10 metros de alto de tres niveles y otra de un nivel, entre ambas torres una pasarela de una cuerda de 60 metros de largo. Uno tenía que trepar la torre más alta de tres niveles y de ahí tomar la cuerda colgarse debajo de ella con las dos manos y luego desplazarse pasando una mano sobre la otra hasta llegar al otro extremo.

El récord para el paso de la cancha de obstáculos se mantuvo por años cuando mi curso empezó el entrenamiento en 1977. Este record parecía imbatible, hasta que un día un alumno decidió enfrentar la cuerda con la cabeza por delante. En vez de balancearse debajo de la cuerda, con valentía se montó encima de ella e impulsó su cuerpo hacia adelante. Fue una modalidad peligrosa, incluso tonta y llena de riesgos; fallar significaba accidentarse y salir del curso. Sin vacilar, el alumno se deslizó por la cuerda peligrosamente rápido. En vez de varios minutos, solo le tomó la mitad del tiempo y al término del paso de la cancha había quebrado el récord.

Si quiere cambiar el mundo, a veces tienes que deslizarse sobre el obstáculo de cabeza.

Durante la fase de combate terrestre, los alumnos son llevados a la isla de San Clemente, costa afuera de San Diego. Las aguas en San Clemente son zona de reproducción de los grandes tiburones blancos. Para pasar el curso SEAL hay que completar una serie de sesiones de natación de largas distancias. Una de ellas es el nado nocturno.

Antes de nadar, los instructores, mitad en broma y mitad en serio, instruyen a los alumnos sobre todo los tipos de tiburones que habitan las aguas que rodean a San Clemente, asegurando que ningún alumno ha sido atacado, al menos recientemente. Pero, le enseñan que, si un tiburón empieza a nadar alrededor de uno, uno debe mantener su posición, no desesperarse ni tratar de escapar nadando. No actuar con temor; y si el tiburón hambriento buscando un “snack” de medianoche se abalanza hacia uno, junte toda su fuerza y dele un puñetazo en la nariz y él se dará vuelta y se alejará de inmediato.

El mundo está lleno de tiburones, si usted espera terminar su nado, tendrá que enfrentarlos; entonces si quiere cambiar el mundo, no se arranque de los tiburones.

Como SEAL de la Marina, uno de nuestros trabajos es conducir ataques submarinos contra buques adversarios. Se practicaba esta técnica intensamente durante el entrenamiento básico. La misión de ataque a un buque consiste en que dos hombres ranas SEAL son dejados fuera de la bahía enemiga y luego deben nadar bajo el agua por al menos dos millas, usando solo su profundímetro y una brújula para llegar al objetivo.

Durante toda la travesía bajo el agua, aún nadando bien profundo bajo la superficie, siempre hay alguna luz que la atraviesa. Es confortable saber que hay agua clara sobre uno. Pero en la medida que se acerca al buque, que está amarrado a un muelle, la luz empieza a disminuir. La estructura de hierro del buque bloquea la luz de la luna, y la luz de las luminarias de las calles cercanas y bloquea toda la luz ambiental.

Para obtener el éxito en la misión, uno tiene que nadar bajo la quilla, la línea central y la parte más profunda del buque. Ese es el objetivo. Pero la quilla es también el lugar más oscuro del buque; donde uno no puede verse ni siquiera la mano en frente de su cara, donde además está el ruido ensordecedor de la maquinaria del buque, siendo fácil desorientarse y fallar.

Todos los SEAL saben que, bajo la quilla, en el momento más oscuro de la misión, es el instante en que uno debe estar calmado, atento y concentrado, cuando todas sus habilidades tácticas, su poder físico y su fuerza interior deben ponerse a prueba.

Si usted quiere cambiar el mundo debe usar su mejor esfuerzo en el momento más oscuro.

La novena semana del curso se le conoce como la “semana infernal”. Son seis días sin dormir siendo acosados física y mentalmente, y un día especial en las Llanuras de Barro que son áreas, entre San Diego y Tijuana, donde el agua escurre fuera de los cauces creando una zona pantanosa donde el barro lo absorbe todo. En el miércoles de la semana infernal uno rema a las planicies de barro y pasa las 15 horas siguientes tratando de sobrevivir el congelante frío del barro, el ulular de los vientos constantes y la presión para renunciar por parte de los instructores. Al ponerse el sol en la tarde del miércoles, por haber cometido una grave infracción a las reglas, se le ordenó a mi clase lanzarse al barro. El barro absorbió a todos los hombres hasta que solo quedaron visibles sus cabezas. Los instructores nos dijeron que nos dejarían salir del barro solo si cinco alumnos renunciaban, solo cinco hombres y saldríamos del frío que nos congelaba. Mirando alrededor en el barro, parecía que algunos iban a renunciar. Habían pasado más de ocho horas hasta que se empezó a divisar las luces del amanecer, ocho horas más de “estar congelados hasta los huesos”. Los castañeteos de los dientes y los temblorosos quejidos de los alumnos eran tan fuertes, que no se podía escuchar nada más. Entonces una voz se hizo eco en la noche, una voz empezó a entonar una canción, otra la acompañó, luego fueron tres y en poco tiempo todo el curso estaba cantando. Sabíamos que, si un hombre se sobreponía a la miseria, todo el resto lo haría.

Los instructores nos amenazaron con mantenernos en el barro frío si no dejábamos de cantar, pero el canto siguió. De alguna forma el barro nos parecía más tibio, el viento más débil y cálido y el amanecer no tan lejos. Si he aprendido algo en mis viajes alrededor del mundo, es el poder de la esperanza; Washington, Lincoln, King, Mandela y una pequeña niña de Pakistán, Malala, una persona puede cambiar el mundo dándole a la gente esperanzas.

Entonces, si quieres cambiar el mundo, empieza a cantar cuando estés hasta el cuello sumergido en el barro.

Finalmente, en el entrenamiento SEAL hay una campana. Una campana de bronce que cuelga en el medio del recinto, de manera que todos los alumnos la pueden ver. Todo lo que uno tiene que hacer para renunciar al curso es tocar la campana. Toque la campana y no tiene que levantarse más a las 5 AM, toque la campana y no tiene que sufrir las frías sesiones de natación. Toque la campana y no tiene que correr más, pasar la cancha de obstáculos, la educación física, y no tiene que soportar más las penurias del entrenamiento, solo hay que tocar la campana.

Si quieres cambiar el mundo, nunca toques la campana.

¿Qué nos dejan estas palabras del almirante MCraven dirigidas a un grupo de 6.000 alumnos de la Universidad de Texas en la ceremonia de graduación? Nada más ni nada menos que una enseñanza de vida, una entrega de valores y principios basados en cosas y hechos a lo mejor simples, quizás propios de la vida militar, pero que ayudan a iluminar el rumbo de las personas en su devenir, dándoles una pauta que, de observarla, puede ayudar a contribuir con su tarea particular a ser un mejor ciudadano y a crear un mundo mejor, tarea lejos de ser fácil, observando y practicando estas recomendaciones:

–       Empezar el día con una tarea bien hecha.

–       Encontrar a alguien que te ayude durante tu vida, respetar a todo el mundo.

–       Entender que la vida no es fácil y que uno fallará a menudo.Pero si uno se arriesga, se levanta cuando los tiempos son más duros, desecha los abusos y las burlas, levanta a los desmoralizados y nunca, pero nunca se rinde, si uno hace estas cosas, la siguiente generación vivirá en un mundo lejos mucho mejor que aquel en que vivimos hoy.