Por Dra. Loreto Correa Vera 1, 9 de septiembre 2019

En la información sobre Relaciones Internacionales y Defensa suele hablarse de la posguerra fría, la globalización o el nuevo orden mundial, dando por supuesto que el público entiende de qué se trata. Las noticias aparecen en los medios, con la misma espontaneidad e inmediatez que cualquier otra información que se produce en nuestro mundo interconectado2.

Ese tratamiento, marginal a los procesos históricos y a las condiciones geográficas, tiende a desentenderse de la complejidad de los equilibrios geopolíticos y a ignorar la continuidad entre las políticas exterior y de defensa del Estado. Como resultado no buscado, se soslaya el interés-país como factor de la información y se induce –o puede inducirse– un impacto negativo en materias literalmente estratégicas.

Desde esa perspectiva, sin perjuicio de la imprescindible libertad de prensa y su correlato de libre acceso a la información, nuestros lectores, auditores y televidentes, no “complejizan” las noticias y/o comentarios sobre las decisiones (o indecisiones) de Estado en temas tan relevantes como los conflictos internacionales o los conflictos internos que desbordan fronteras. En la práctica, pasa: el público no distingue entre la validez general de “los principios” y la posibilidad real de “las acciones” necesarias para sostenerlos. Esto es, asumen noticias que no incorporan los equilibrios a que obliga el interés nacional, en cada caso específico y que, por tanto, excluyen la negociación como factor obligado.

Por lo señalado, nos informamos con sesgos favorables a la absolutización, como si no hubiera diferencias decisivas entre las noticias sobre un país vecino y las que aluden a un país de las antípodas. Más específicamente, no asumimos que nuestra interpretación del derecho internacional y sus principios no siempre puede aplicarse ante hechos como las migraciones, las controversias vecinales, el narcotráfico, la corrupción supranacional, la polivalencia militar o las guerras comerciales entre superpotencias. Para ilustrar lo señalado, baste observar la perplejidad que transmiten muchos informadores ante el énfasis con que se puede defender la democracia y los derechos humanos dentro de nuestra región, y la prudencia que debe adoptarse en relación con potencias extra-regionales que actúan con otros marcos sistémicos.

Es por ello que el Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, en conjunto con el Centro de Investigaciones y Estudios Estratégicos de la ANEPE, convocaron a actores y expertos en política internacional, diplomacia, defensa y comunicaciones, para conversar este 20 y 27 de agosto. A continuación, presentamos una síntesis de las principales ideas, que, en el marco de un diálogo, proporcionan un sugerente marco de reflexión a las relaciones internacionales y a la defensa.

La opinión editorial de los medios de comunicación en los temas vinculados con la seguridad y la defensa

Un estudio de medios realizado por Litoral Press durante el mes julio de 2019 deja a los temas de defensa fuera del margen de interés de la audiencia de radio y televisión chilenos. Entre los 10 primeros temas, protagonistas de los medios audiovisuales en la difusión de las noticias, Defensa está ausente. No así, los temas internacionales, que, de un total de 45.422 notas correspondientes, 4.601 pertenecen a esta área noticiosa3.

La cruda realidad, nos decía uno de los expositores, es que la Defensa “vende” hoy a partir de la polivalencia y la coyuntura, pero no resulta un sector muy atractivo para el periodismo. Varios son los factores que complican la difusión de los temas: cierto sesgo al informar, condicionado aún por los temas de derechos humanos que siguen abiertos, y cierta desconfianza que retrotrae a los casos judiciales pendientes. Frente a ello, la posición del periodista sigue siendo cuestionar o desconfiar. Sin embargo, el tema más complejo sería el posicionamiento de las noticias en espacios noticiosos en televisión abierta, que efectivamente debe tener cierta cuota de drama e imágenes, a fin de que permitan posicionarla en la agenda de los medios televisivos. Frente a eso, las Instituciones de la Defensa tienen el deber de ser más eficientes en sus contenidos y formalmente, trabajar la información que se traspasa a los medios de comunicación.

Es necesario además admitir que hay un último factor relevante en el contexto de la opinión y los editoriales: los periodistas no tienen formación en defensa, y efectivamente, también existe cierto mercantilismo de la información. En el pasado se protegía a la institucionalidad, hoy no. En consecuencia, así como hay países que forman corresponsales de guerra, en Chile, esta es un área de la educación periodística que merece mayor desarrollo.

Los mitos sobre el hermetismo profesional de las Fuerzas Armadas y la labor periodística

Ambas mesas de expositores coincidieron en que en la actualidad casi nada es secreto. Hay algunas materias que merecen reserva, y otras que no, menos aquellas que se pueden consultar en fuentes abiertas o ser solicitadas vía ley de transparencia. Por ello, es que aquí, nuevamente, es el sector de la Defensa quien debería hacer el análisis: “Quienes saben no informan y quienes informan no saben”. Y es en este punto, que resulta clave el actuar del poder político cuando surgen problemas públicos en materia de seguridad y defensa. En efecto, todo ciudadano tiene derecho a ser informado y ello está circunscrito a no poner en peligro el interés nacional. Este tema es clave.

Para unos, es el poder político es el que debería dar cuenta. En ese marco, lo ideal sería que la Defensa y la Política Exterior se coordinaran y tuvieran libretos comunes en temas estratégicos y de interés público. En el diseño de una política específica puede existir la discreción, pero en la solución debe existir transparencia.

En ese marco, la educación en Defensa, responsabilidad del Estado, hoy traspasa la tradicional territorialidad. Esto es clave para entender por qué el poder político se ocupa de temas tan variados como la comunicación marítima, el comercio internacional o la lucha contra la piratería. Chile debe estar en ciertos temas porque significa proteger sus intereses y su porte estratégico como potencia media.

En este contexto entonces, la clave está en la cercanía entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa

Durante la primera sesión se recordó que los temas de Defensa han mejorado en su coordinación con Cancillería, pero que claramente hace falta un “Consejo Estratégico” a nivel país. Es preocupante que el Estado no garantice definiciones políticas. Las nombradas durante el evento son claves: la política Antártica, la definición de una política exterior de Chile hacia Bolivia, entre otras. Lo deseable es que exista coherencia y precisión.

Ahora bien, existen temores sobre la relación entre los medios y los temas de política exterior

Hasta hace no mucho tiempo, la información en materia de política exterior era cómodamente vertida a los medios mediante conferencias de prensa o bien, a través de canales comunicacionales establecidos.

Esto no solo cambió en los gobiernos recientes, sino que hoy es clave entender que ambos, diplomáticos y periodistas, son mediadores frente a la ciudadanía. Nadie puede presumir del monopolio de la política exterior. Sin embargo, el Estado tiene la obligación de recoger los “inputs”, alinear la política exterior y comunicarla oportuna y convenientemente. Hoy se percibe que la dificultad radica en que no se tiene el gran cuadro de lo que a veces ocurre, sino que los eventos y procesos se dan por separado, en silos desconectados entre sí.

Este es el principal obstáculo en el manejo de la información. Chile vive un verdadero cambio sociocultural que obliga a mejorar la manera en que se comunican las cosas, así como los impactos en diferentes esferas del acontecer nacional. De las 32 noticias que comprende aproximadamente un noticiero, los editores de prensa deben ser cuidadosos respecto del rating y la ubicación de los contenidos. La política exterior no está fuera de este “mercado” de la información. Por ello, sería deseable tener una vocería experimentada en política exterior; una que considere la necesidad de transparencia en los tiempos que corren, así como los temas de probidad. Por ello, y a fin de no errar, es necesario destacar que a los medios no les queda claro lo que es una política de Estado, la que hoy se asemeja más a una política de gobierno.

1Dra. en Relaciones Internacionales, Profesora ANEPE
2 Agradecemos la disposición y participación en este coloquio de José Rodríguez Elizondo, Pablo Cabrera, Christian Pino, Oscar Izurieta, Jorge Ibarra, Alfredo Labbé, Tomás Mosciatti y Fernando Paulsen.
3 Agradecemos la gentileza de Tomás Mosciatti en la difusión de este informe durante el Coloquio realizado los días 20 y 27 de agosto en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos.