El paso del paradigma conjunto de defensa al paradigma inter organizacional

Por: C.F. Roberto Brieba

 

Por la manera en que se desarrollaron los conflictos más importantes del siglo XX, al término de la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias comenzaron a modificar su estructura de mando y configuraciones de fuerzas para adaptarlas a las necesidades de un enfrentamiento que no solo se desarrolla en el campo de batalla, sino que alcanza a la sociedad en su conjunto. Dicha evolución no fue una idea propia de estrategas o políticos de manera vana, sino que se produjo a raíz del cambio en la mirada de la función defensa para asumir nuevos escenarios, ambiente en el cual las instituciones por separado presentaban ciertas falencias para llevar a cabo sus tareas.

Las conflagraciones mundiales, así como la posterior Guerra Fría, estuvieron marcadas por enfrentamientos totales entre las potencias. Todo el poder se concentraba en la lucha militar y las negociaciones diplomáticas y los demás poderes del Estado se alineaban tras él. Todo el aparato productivo y la política interna se utilizaban como herramientas para fortalecer principalmente el campo militar y, subsidiariamente, el campo diplomático. Luego de estos conflictos, surgió el concepto de guerra conjunta, debido a la necesidad de aplicar la planificación y ejecución de operaciones y estrategias comunes entre todas las fuerzas militares. Ante esto, era lógico que todo el poder militar de una nación se sometiera a un esfuerzo común, bajo una concepción conjunta, sin embargo el resto de la sociedad civil, si bien aportaba al esfuerzo de la empresa bélica desde otros sectores, no estaba organizada para el desarrollo de ésta, situándose en apoyo a los campos de acción militar y diplomático.

Sin embargo en la actualidad se puede admitir que los conflictos han cambiado. En efecto, las guerras interestatales parecen haber quedado en el pasado, y aunque siendo difícil su regreso, si lo hacen, estarían matizadas por nuevos entornos y complejidades que se han propagado, observándose en este escenario la aparición de nuevos actores en la arena internacional.

Estos nuevos modos de desarrollar la guerra han recibido innumerables definiciones; sin embargo, todas sus conceptualizaciones señalan que la resolución de ellos no se revelará en el campo de batalla como arena única ni principal. Estos son los conflictos a los que el país debe prepararse, ya que presentarán una mayor probabilidad de ocurrencia. Ellos se caracterizarán por no hacer uso de todo el poder nacional, sino que solo de una parte de él, tanto en lo militar como en la arena diplomática. Pero estos no son los únicos aspectos que alteran el escenario donde se emplea la fuerza, ya que en el ambiente de operaciones de paz, o bien en el campo de una fuerza regional, así como en la lucha contra un actor no estatal, se debe considerar la dimensión de la población local como elemento fundamental de protección. Ello exige la participación de otros elementos, tanto del Estado como de la sociedad civil ―ya sea a través de ONG’s, organizaciones religiosas o empresas privadas― que deben ser incluidas en la planificación y ejecución de las operaciones, dentro del marco de una estrategia nacional para enfrentarlo.

De esta manera, la aproximación conjunta de la defensa, regulada en Chile a contar de la implementación de la Ley N° 20.424 del año 2010, es un gran avance. Pero la realidad exige hoy una mirada global, que considera al conflicto como una actividad multidisciplinaria en la que participen diversos agentes estatales y no estatales, desde una óptica inter-organizacional. En palabras de Sanchez Mariño “El gobierno debe, además de coordinar el empleo de los medios estatales, lograr la colaboración de las entidades privadas. Sin embargo, ninguna ONG puede dictar el modo en que se conduce la defensa”[1].

Esta mirada inter-organizacional debe ser propia del país, de acuerdo a la realidad política y jurídica. Sin embargo, es posible tomar ejemplos de organismos internacionales que ya funcionan con esta visión en el desarrollo de sus operaciones. Naciones Unidas, por ejemplo, funciona con el sistema de clusters, o áreas de acción humanitaria, cada una a cargo de una agencia especializada: protección, salud, seguridad alimentaria, telecomunicaciones de emergencia, educación, saneamiento de agua e higiene, logística, nutrición, refugios de emergencia, manejo y coordinación de campamentos[2]. Este es un ejemplo que se puede seguir, en el que el desarrollo de operaciones militares mantiene su carácter conjunto en lo que refiere a las fuerzas, con las directrices entregadas desde el nivel político, pero con la participación de actores estatales y no estatales en los clusters que el Estado defina, con una coordinación entregada desde el nivel político. De esta manera, el Estado, como un todo orgánico, desde el inicio del conflicto y luego del fin de las acciones militares, se involucra con el propósito de dar una solución global que permita una mejor condición al alcanzar una condición de paz estable.

Una Política de Defensa formulada con una mirada de país y construida desde la realidad nacional, con la incorporación de variables como el escenario, amenazas, capacidades y objetivos, es deseable. De esta manera, el poder político dirige el aparato estatal requerido para el enfrentamiento en curso y encauza la cooperación requerida desde la sociedad civil. Se logra así una interoperabilidad en que todos los elementos del poder nacional pueden interactuar sobre el conflicto sin la necesidad de comprometer todo el esfuerzo nacional en una contienda limitada.

Por otra parte, un sistema inter organizacional como el indicado, permite actuar en otro tipo de ambientes operacionales, como son aquellos vinculados a catástrofes naturales o desastres humanitarios, etc., facilitando el tránsito desde una organización preparada para un conflicto bélico a uno mixto para la paz, favoreciendo la sinergia de organismos, estructuras y actores que precisan sincronizarles para alcanzar un empleo más eficaz y eficiente de los medios.

La Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), en conocimiento de esta nueva realidad, de un tiempo a la fecha, se encuentra alineada con estos desafíos, incorporando en sus programas de estudio, así como en las investigaciones que desarrolla la temática del conflicto, estudiado desde una perspectiva inter-organizacional. En este ambiente académico, la presencia de civiles y militares en sus programas no solo permite el conocimiento mutuo, sino también el profundizar y comprender como las diferentes aproximaciones y visiones se complementan en el proceso de alcanzar un estado final deseado de paz, condición común para el mundo actual.

[1] Sánchez Mariño, Horacio. Pensar la defensa. Revista DEF [en línea]. s.f. [Fecha de consulta: 3 de julio 2017]. Disponible en: http://www.defonline.com.ar/?p=39941.

[2] OCHA. Cluster Coordination. [En línea]. [Fecha de consulta: 13 enero 2017]. Disponible en: http://www.unocha.org/what-we-do/coordination-tools/cluster-coordination