En torno a las amenazas: Una aclaración conceptual.

Por. Prof: Julio Soto Silva[i]

Una reciente columna de opinión se refirió a la trata de personas como una nueva amenaza a la seguridad pública. Después de leer ese trabajo, surgió la idea de recordar la base conceptual de este término para poder establecer claramente lo que significa en el ámbito de la Seguridad y Defensa que es el propio de esta academia y evitar mayores confusiones al respecto, por el uso en nuestro ámbito en forma generalizada, de un concepto que tiene una definición muy clara y precisa que no lleva a errores, a no ser que sea desconceptualizado, como el caso que acabo de mencionar y que dio pie a este ensayo.

Empezaré enmarcando el tema dentro de las definiciones básicas del término, para luego citar ejemplos y concluir con algunas reflexiones al respecto. Ello, tal como le dije al comienzo, no tiene otra fin que fijar claramente los parámetros de uso; espero también que ello contribuya a los lectores, a obtener una mayor precisión en el uso del concepto.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE),  libro al cual debemos referirnos cuando queremos saber fundadamente, en nuestra lengua española, el origen de una palabra o concepto, nos señala que Amenaza se define como: i) Acción de amenazar; ii) Dicho o hecho con que se amenaza y iii). Delito consistente en intimidar a alguien con el anuncio de la provocación de un mal grave para él o su familia. Ahora bien, Amenazar, verbo proveniente del concepto de amenaza se define  como : i) Dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer algún mal a alguien y ii). Dar indicios de estar inminente algo malo o desagradable.[ii]

De esta primera aproximación podemos deducir claramente lo siguiente: primero, que para que exista la amenaza debe haber una voluntad o un actor que está dispuesto a llevarla a cabo; segundo, que ese actor considera en ese acto producir un daño a otro actor, o al menos mostrar la intención de hacerlo; y tercero, que la amenaza nos es banal sino que tiene la intención de hacer o provocar un mal o daño grave, para el otro actor y actores relacionados con él, lo suficientemente seria que se pueda percibir como una intimidación.

Delimitados los alcances de la definición de acuerdo a la RAE, veamos cómo esta se inserta dentro del ámbito de la Seguridad y Defensa. Para ello utilizaremos los conceptos que aparecen en nuestra Política de Defensa, reconocida dentro de nuestra legislación bajo el DS Nº 53 del 29 de enero de 2010, que aprueba el Libro de la Defensa Nacional de Chile 2010, como documento que recoge los aspectos esenciales de la política de defensa y  de la política militar[iii]. De   él se escogerán las partes más relevantes que describen este concepto, a fin de no desviarnos del enfoque principal.

El Libro de la Defensa Nacional  ya citado sitúa a la amenaza como una acción real o un hecho provocado, por un eventual adversario, que es percibida como una promesa de dañar  intereses propios, porque a ese adversario se le supone, con cierto fundamento, la intención y la capacidad para hacerlo[iv], a ello podemos agregar que esta acción (la amenaza) puede gestarse consciente o inconscientemente o como lo señala más adelante: “el concepto de amenaza debería reservarse para aludir de manera precisa a fenómenos cuyas características reflejan mejor los rasgos de lo que constituye una amenaza propiamente tal, entre otras, la existencia de un actor internacional que manifiesta voluntad de causar daño a intereses nacionales y que tiene la capacidad para materializarlo”[v]. Además, se debe considerar que siempre se las ha considerado como el eje de la estructuración de la Defensa de un país. Como podemos ver, ellas se sitúan al más alto nivel del Estado, ya que se relacionan directamente con la seguridad del Estado-nación, que es  materia de preocupación académica en que se centran los estudios de seguridad y defensa, y es propiamente el nivel que nos corresponde como académicos,  radicarla dentro de nuestros estudios y enseñanza, de acuerdo a la misión que tiene la ANEPE y que enmarca nuestro quehacer.

Amenazas convencionales: Son aquellas consideradas como de origen estatal y corresponden, en términos generales, a conflictos interestatales de orden territorial o de soberanía u otras disputas donde los Estados son los actores principales y los medios son aquellos correspondientes a su poder nacional, fundamentalmente   militares, aunque también pueden presentarse acciones de carácter económico, diplomático y psicológico; también se les considera como amenazas tradicionales. La existencia de situaciones de este orden, susceptibles de constituirse en amenazas, no está descartada en el mundo contemporáneo ni en la región. Es decir, la presente situación internacional y la emergencia de amenazas consideradas nuevas no cancelan la vigencia de las amenazas tradicionales. Las amenazas convencionales pueden tener un origen interno o externo:

Amenazas Internas: Son situaciones que surgen al interior de un país y afectan tanto el funcionamiento normal de las instituciones legítimamente establecidas como la convivencia y el desarrollo nacionales. Pero para que constituyan amenaza, debe existir detrás de ellas un actor o grupo de actores, que las usen o instrumentalicen como elemento para presionar o intimidar al Estado.

Es común que los Estados dispongan de un conjunto de instrumentos no militares para hacer frente a estas situaciones, cuyo empleo está constitucional y legalmente normado, así como también la eventual actuación de fuerzas militares nacionales.

Amenazas Externas: Son las que afectan al Estado proviniendo desde el exterior del mismo. Existe tras ellas una voluntad política, de carácter estatal o no estatal, por causar un determinado efecto y, por lo tanto, corresponden a acciones deliberadas.

Amenazas no convencionales o emergentes: Corresponden a situaciones que se caracterizan por no tener necesariamente vínculos estatales. Muchas corresponden a circunstancias de orden social y de carácter transnacional.  A pesar que varias de ellas han existido junto con la historia, la emergencia de ellas se debe al aumento de actores no estatales en el concierto internacional, que haciendo uso de estas herramientas no convencionales pueden,  de hecho, amenazar a uno o más estados.

La existencia de estas amenazas introduce un factor de dificultad conceptual, ya que se mezclan temas de naturaleza típicamente interna con dimensiones propias de la seguridad externa. Esto supone la necesidad de definir claramente el papel que las Fuerzas Armadas deberían desempeñar en esta materia.

Al respecto, en Chile hay consenso en torno a la idea de que las amenazas no convencionales constituyen, en general, problemas de seguridad más que de Defensa. Por lo mismo, en el caso de nuestro país, corresponde enfrentarlas por medio de las Fuerzas de Orden y Seguridad. El papel reservado a las Fuerzas Armadas es el de prestar su apoyo a las autoridades del Estado, y a las fuerzas policiales, en esta materia, de acuerdo con el ordenamiento legal vigente. Entre los problemas  más conocidos se pueden señalar: el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas pequeñas, el tráfico y uso de armas de destrucción masiva,   las migraciones masivas, entre otras.

Sin embargo, tal como un fusil, un obús, una fragata o un misil, que por si mismos no constituyen una amenaza, ya que requieren de una voluntad y además un propósito de infringir un daño severo, estos problemas requieren el reconocimiento de una voluntad que los use para provocar el daño.

En otras palabras, el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico y uso de armas de destrucción masiva, la trata de personas entre otras, no constituyen amenazas “per se”, a no ser que estén asociadas como medio o forma de actuar a un actor o grupo de actores  que quieran usarlas para infringir un daño a un tercer actor, que puede ser un estado o grupo de estados.

Amenazas asimétricas: Como parte de las amenazas no convencionales -también conocidas como emergentes-  las asimétricas, son las  que usadas por un actor estatal o no estatal, no se realizan por medios homólogos al poder del Estado desafiado y que siendo sus ejecutores, por tanto, militarmente inferiores pueden inferirle grave daño. Lo propio de ellas es su alto nivel de impredictibilidad.

Después de dejar establecidos los fundamentos básicos  relacionados con el concepto de Amenaza, solo queda reflexionar sobre los usos incorrectos de este concepto, debido a una interpretación que no se ajusta estrictamente  a las bases conceptuales que fundamentan su uso, a través de ejemplos concretos.

En primer lugar, en una conferencia internacional el año pasado,  un expositor de alto nivel, al contestar la pregunta  ¿Qué amenazas enfrentamos? manifestó enfáticamente  que en el caso nacional eran cinco: el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado transnacional, la vulnerabilidad energética y la protección de recursos energéticos,  nombrando además de ellas, a la corrupción, el tráfico ilícito de armas, la cíberdelincuencia, el VIH/SIDA, la pobreza extrema y la exclusión social, la inmigración ilegal y la proliferación de armas de destrucción masiva. Ese mismo ejemplo lo trajo a colación un alumno al dar su examen de grado recientemente y no supo explicar el porqué las consideraba como amenazas, sobretodo, refiriéndose a la protección de los recursos energéticos, no tuvo fundamentos para demostrarlo.

En segundo lugar, el tema que dio origen a este trabajo, ¿es la trata de personas una amenaza a la seguridad pública?

Invito entonces a los lectores hacer el análisis correspondiente a cada una de ellas y contrastarlas con los  elementos  que identifican a cualquier amenaza:  i) una voluntad o un actor para producir un daño a otro actor, o al menos mostrar la intención de hacerlo y, ii) que la amenaza que enuncia no es banal sino que tiene la intención de hacer o provocar un mal o daño grave.

¿Se dan estas condicionantes  a estos ejemplos para atribuirles el concepto de amenaza? ¿Es la vulnerabilidad energética una amenaza? ¿Es la protección de recursos energéticos una amenaza,? ¿Es la corrupción una amenaza? ¿Es la trata de personas, una amenaza?  Finalmente ¿Qué son?

Vistos los diferentes aspectos que hacen configurar una amenaza como tal, creo que el LDN 2010, no se equivoca  cuando señala  que las amenazas no convencionales o emergentes, son más bien problemas de seguridad que amenazas propiamente tales, pero además deben estar claramente explicitados, sin ambigüedades.

Por esta razón, junto al resto de los ejemplos y categorizaciones que se han enumerado en este trabajo, creo que debemos reflexionar y ser más precisos cuando nos referimos a conceptos que por lo amplio y generalizado uso que se les da,  pierden su sentido original. Por lo que nosotros, los encargados de impartir la docencia e investigación en las materias de seguridad y defensa, propias de nuestra academia, no nos podemos equivocar y debemos ser rigurosos al enseñar y explicar, conceptos como el que acabamos de analizar situándolos en el contexto correcto, para evitar falsas interpretaciones o alcances que en su sentido original no tienen y solo llevan a la confusión y mal uso de los términos.



[i]   Master en Ciencias en Estrategia de Seguridad Nacional (MSc NSS ) NWC, NDU, Master en Gestión y Planificación Estratégica, ACAGUE. Profesor de Seguridad y  Defensa, Seguridad Nacional y Conducción Política de la ANEPE, Jefe del Depto. de Postgrado de la ANEPE.

[ii]  Real Academia  Española: “Diccionario de la Lengua Española”, Vigésima Segunda  Edición, Espasa Calpe S.A. , 2001 pág. 136.

[iii]  Ministerio de Defensa Nacional: “MDN.SSG.DS Nº 53 del 29.ENE.2010”,  Publicado en el D/O Nº  39.624   del  30 de marzo 2010, pág. 3.

[iv]  MDN: “Libro de la Defensa Nacional de Chile2010”.  Gobierno de Chile, Ministerio de Defensa Nacional, 2010 pág. 82

[v]   Ïbid, pág. 130