Francia/Mali: la vigencia del instrumento militar en los asuntos internacionales

Por: Dr. Iván Witker Barra de la Academia

Con altibajos, pero increíble persistencia, las potencias centrales se encargan de recordar al mundo que, más allá de las declaraciones de amistad, de la buena vecindad, de una presunta afinidad ideológica o religiosa, los intereses nacionales son los que dominan en los asuntos internacionales y que, al final de cuentas, todo tiene límites y que el instrumento militar sigue vigente como recurso final. Francia lo está demostrando en estos momentos en Mali.

En efecto, la actual incursión militar gala en el país subsahariano indica que, exactamente igual como ocurría en la antigua Grecia (y muy probablemente en todos los sistemas de ciudades-estados de la antigüedad como el subcontinente indio o Mesoamerica, por nombrar algunos), los asuntos inter-estatales (o entre unidades soberanas para comprender más a cabalidad) responden a un delicado equilibrio entre aquellos que Tucídides denominaba phusis y nomos, es decir, entre la naturaleza de las cosas y los códigos o convenciones mutuamente acordados. Por cierto que muchos asuntos se llevan a cabo y desarrollan según conveniencias mutuas, acorde a pautas recíprocamente establecidas y en ambientes de confianza,  pero otras – quizás las vitales – se terminan resolviendo mediante el uso de la fuerza o la voluntad de usarla.

¿Quién pudo imaginar, por ejemplo, conflictos armados entre países comunistas?, ¿quién habría estimado posible el exterminio de vecinos?, ¿quién hubiera vaticinado a fines del siglo XX matanzas sin que nadie mueva un dedo?, ¿quién habría creído posible usar aviones comerciales como armas?. Son muchas las interrogantes de los asuntos internacionales que sólo pueden ser entendidas si tenemos a mano un prisma donde la seguridad, la defensa y la inteligencia sean las variables explicativas fundamentales.

Hoy asistimos a una operación inimaginada hasta hace un par de semanas, ejecutada por aviones, artillería e infantería franceses en Mali y que lleva el sugestivo nombre de Serval, un gato salvaje africano, que, como todos los felinos, suele dejar marcas de lo que es suyo, intocable e inviolable. Y lo más insospechado aún, ordenado y supervisado por un Presidente socialista, que no sólo había prometido el retiro de Afganistán, sino la semana pasada se había negado a asistir militarmente a otra excolonia africana en problemas, la República Centroafricana.

¿Qué tiene Mali que no tenga la República Centroamericana y que haya provocado tal vuelco en el Presidente Hollande?. Para responder esta pregunta es necesario hacer dos precisiones. La primera, es que Mali pertenece al selecto grupo de excolonias francesas, con las cuales París sigue manteniendo un  vínculo privilegiado general, y segundo, que junto a Chad, Niger, Mauritania y Burkina Faso, dispone de minerales vitales para la industria gala, lo que la diferencia de otras colonias francesas. En esos cinco países, la presencia francesa no es sólo a través de inversiones en retail, otras áreas del comercio, bancos y telefonía,  sino con bases para sus mirages, aviones de reconocimiento y tropas especiales. Es que los franceses saben que los límites son los límites. Y sus intervenciones militares nos lo recuerdan cada cierto tiempo.

El problema de Mali es que desde hace algunos años, el caos se ha apoderado de prácticamente todo el país y terroristas de diverso signo (extremistas islámicos, separatistas tuaregs y otros) dominan vastas áreas, sin que sea posible el diálogo con Paris. La imprevisible reacción de algunos de estos grupos ha hecho que Francia, además, refuerce sus medidas anti-terroristas teniendo claro que, en esta materia, todo es blanco, el metro, los edificios públicos, los aeropuertos.

Esta intervención en Mali, en tanto proceso político, es interesante por varias razones.

La primera de todas, como se ha señalado, es que la ordena y supervisa un presidente socialista, lo que habla de un cierto consenso en las elites galas acerca de lo que se ha definido históricamente como su  raison d´etat. No en vano fue el cura francés Armand Jean du Plessis de Richelieu el primero en concebir a la razón de estado como un concepto unificador y compacto dentro de los estados modernos, sintetizando sus ideas en ese reconocido aforismo: “los hombres son inmortales y se salvan en el más allá, los estados no tienen inmortalidad, se salvan ahora o nunca”. Aquel príncipe de la iglesia católica no tuvo problemas en diferenciarse de otros católicos poderosos, como los Habsburgo, para hacer valer el interés nacional francés.

Constatar esto es particularmente importante. No debe olvidarse que los diamantes regalados por el emperador caníbal Bokassa de Centroafrica al Presidente Valéry Giscard estuvieron a punto de acabar para siempre con la política de estado de Francia hacia sus excolonias africanas y provocar un cambio muy sustancial en la definición histórica de su interés nacional. No se debe perder de vista que Giscard representaba a la derecha y todo aquel episodio ocurrió bajo la lógica de la Guerra Fría. Son consideraciones que otorgan gran relevancia a la actual decisión del socialista Hollande al dar una continuidad inimaginada.

Lo de Mali tiene importancia global, además, porque es una señal de que el instrumento militar tiene vigencia total y que, independientemente de la época, de las circunstancias específicas y de las ideas en boga, el recurso militar sigue siendo irreemplazable a la hora de resolver cuestiones vitales. Puesto de otra forma, los países que pueden, se dotan a sí mismos de un arsenal intimidatorio. Y una vez adquirido, debiera manifestarse a lo menos la voluntad de usarlo.

Poco se sabe de los grandes intereses estratégicos de Francia en Mali, pero en la industria nuclear se tiene claridad que Mali y su vecino Niger operan para todos los efectos como una unidad minera. Un actor de primer nivel allí es Areva, la empresa francesa líder mundial de la industria nuclear y propietaria de Arlit y Akouta, gigantescos yacimientos uraníferos que cruzan la frontera entre Mali y Niger. Se sabe además de un mega-proyecto denominado Falea en el sector occidental de Mali y donde habría también intereses canadienses, alemanes y japoneses. En todo caso, más allá de los detalles, existe coincidencia en señalar a Mali como pieza clave de los intereses de Francia en Africa subsahariana y de ahí la necesidad de evitar su caída.

De paso, la  operación Serval está sirviendo de paso para testear en terreno nuevamente al avión francés Rafale, cuya primera misión fue en la zona de exclusión en Libia.