GRADUACIÓN DIPLOMADO DE AUDITORÍA INTERNA DE GOBIERNO

Ayer se graduaron los primeros alumnos del Diplomado de Auditoría Interna de Gobierno.  Los alumnos, de diversos estamentos públicos, Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad, se graduaron tras varios meses.

La ceremonia se inició al ingresar el Director de la Academia, Contraalmirante Leonel Muñoz Villarreal. Se dirigió al público el Coordinador del Programa, profesor Patricio Neira Escala quien destacó el desafío de crear este curso “la Academia Nacional De Estudios Políticos Y Estratégicos no ajena a este devenir, tomó la decisión, este año, de realizar el primer diplomado de auditoría interna de gobierno dirigido a profesionales del área del sector de la Defensa Nacional y de Orden y Seguridad interesados en adquirir conocimientos y competencias especializadas, en materia de Auditoría Interna de Gobierno, de acuerdo a las mejores prácticas que regulan esta disciplina”. El Profesor Neira destacó la calidad y profesionalismo de los profesores y alumnos.

Tras las palabras del Coordinador, se procedió a la entrega de los certificados a los alumnos.

 

Para finalizar la ceremonia, el Director, Contraalmirante Muñoz se dirigió a los presentes:

“Ruego me presten momentáneamente sus oídos y más permanentemente sus memorias.

La historia universal señala que ya existía algún tipo de auditoría interna entre egipcios, griegos y romanos. Dichas actividades incluían exámenes, corrección de registros contables y evaluación de la ejecución apropiada de las actividades institucionales. Todo ello, con el fin de mejorar el desempeño de las organizaciones. Como dijo Confucio:

“cuando un país está bien gobernado, la pobreza y la miseria son cosas de las cuales avergonzarse. Cuando un país está mal gobernado, las riquezas y el honor son cosas de las que avergonzarse”

Analectas, capítulo VIII

La Academia Nacional De Estudios Políticos Y Estratégicos, ha considerado que este ámbito es de importancia crucial para el Estado y por ende realizó este programa, no teniendo en mente si constituye o no un mercado, sino que es clave para que nuestro país alcance el desarrollo.

Puede que, debido al ejercicio de esta labor, muchos crean o sientan que su función más importante es velar por la probidad y eficacia en el uso del patrimonio público físico, financiero y económico. Pues si piensan eso, se equivocan. No porque custodiar fielmente el fruto del esfuerzo de los contribuyentes no sea importante en sí o porque con esos recursos bien invertidos puede lograrse un mejor cumplimiento de los objetivos nacionales. Sino porque ustedes custodian algo aún más valioso: LA FE PÚBLICA.

No me refiero a las definiciones estrechas de fe pública, que limitan sus acciones a documentos escritos; sino más a bien a aquellas con amplitud de horizonte, como lo que señalaba Vicenzo Manzini respecto a que constituye:

“la confianza colectiva recíproca en la que se desenvuelven determinadas relaciones sociales, como son las relativas a la circulación monetaria, a los medios simbólicos de autenticación o certificación, a los documentos y a la actividad comercial e industrial”.

Fernando Jesús Torres Manrique. Diccionario Enciclopédico de derecho registral y notarial.

Esa confianza colectiva no es fácil de medir, pero su ausencia produce devastadores efectos. Cuando no existe fe pública, los empresarios no invierten ni crean empleos, porque no tienen certeza de que su patrimonio será respetado. Los trabajadores no ahorran para la vivienda, porque temen ser chantajeados por funcionarios. Los servidores públicos, pierden el sentido de deber, porque no tienen claro si su trabajo es por el bien nacional, o por el de algunos, que no vacilan en convertir los recursos fiscales en patrimonio personal. Como ven, los efectos de una fe pública se multiplican en el tiempo y espacio e inducen a las naciones por sendas virtuosas o viciosas.

Cuando uno trata de capturar qué factor no tangible distingue los países más desarrollados del mundo de los demás, la confianza interpersonal se sitúa entre los estados más importantes a lograr. Pero esta labor es ampliamente silenciosa, ocurre detrás de las acciones vistosas y menudo no es abundantemente recompensada. Si por una parte recordamos las palabras de la Primer Ministro de la India Indira Gandhi:

“mi abuelo me dijo una vez que hay dos clases de personas: los que trabajan y los que se llevan el crédito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo; hay menos competencia.”

Por otra, sin embargo, podemos rememorar a Emerson:

“la recompensa de una cosa bien hecha es haberla hecho”.

Ralph Waldo Emerson, “Nominalista y realista”, ensayos: segunda serie (1844).

Por eso, los logros en este dominio no alcanzan de un día para otro. Más, cuando se pierde, toma décadas o siglos en recobrarse. Por lo mismo, no es tan evidente a la ciudadanía su relevancia.

Por ello los invito, no solo a ejecutar con celo su labor, sino también a explicarla con sencillez, pues en ello descansan los fundamentos de una democracia funcional.

Recuérdenle a otros, que deben auditar el todo, no porque desconfían de la gran mayoría que cumple su labor, sino para detectar a una pequeña minoría que no lo hace. Que las reglas no están para obstaculizar a los que cumplen, sino para disuadir a los que podrían omitirlas. Que, para evitar abusos de conductas extremas, se aplican reglas al accionar completo de los organismos públicos. Esto es importante, imperioso e imperativo.

Cuando sientan la necesidad de hacer un balance de sus vidas, y deban sopesar qué es lo que aportaron a este país, piensen que hicieron más que mirar números y redactar palabras: contribuyeron a convertirlo en una República donde la probidad habrá sido la regla y la corrupción la excepción. Donde cualquier ciudadano pueda asumir que en principio, lo que se deposita en manos del Estado, estará bien resguardado y empleado.

Como alguien escribió hace unos siglos:

“integridad sin conocimiento es débil e inútil y conocimiento sin integridad es peligroso y ominoso”

Samuel Johnson, Historia de Rassselas, Príncipe de Abissinia (1759), capítulo 41.

Mis agradecimientos al cuerpo docente de este diplomado por su entrega y dedicación y mis más profundas felicitaciones a los graduados, y les deseo el mayor de los éxitos en ayudar a construir, un país mejor que el que recibieron.”