La Conceptualización de Seguridad según Baldwin

 

Por: Prof.  Alejandro Salas Maturana

 David A. Baldwin[2], aborda la conceptualización de la seguridad desde una perspectiva realista, aplicada al actual contexto de la seguridad internacional, que requiere resolver los problemas que afectan a los diversos países que integran la Comunidad Mundial, los que necesariamente requieren comprender los fundamentos que debiesen sustentar las acciones que cada Estado necesita adoptar para llegar a soluciones viables y sustentables.

 En este contexto, Baldwin señala la idea de la  seguridad como concepto abandonado, a pesar de la importancia que ha adquirido y, el uso que se le ha dado para justificar la suspensión de las libertades civiles, hacer la guerra y para redistribuir recursos en los últimos 50 años. En este período explica,  se ha  escrito mucho sobre seguridad, pero su estudio como concepto  ha recibido menos atención de los académicos de lo que merece, lo que se verifica en que la mayoría de los trabajos  recientes sobre seguridad no califican como análisis conceptual. Pareciera entonces, que la seguridad no ha sido importante como concepto analítico para la mayoría de los estudiosos.

Agrega Baldwin, que durante la Guerra Fría los estudios de seguridad fueron realizados por académicos interesados en el arte militar, para quienes si en determinada situación de conflicto la fuerza militar era relevante, se consideraba un asunto de seguridad, de lo contrario  quedaba en la categoría de baja política. Por ello, fenómenos como el terrorismo y el narcotráfico quedaron como asuntos secundarios, siendo utilizados en beneficio de los asuntos militares, lo que era coherente con la idea de la defensa del Estado como asunto de seguridad frente a una amenaza tradicional, quedando los aspectos no convencionales al servicio de lo convencional.

Terminada la Guerra Fría dice el autor, los estudios de seguridad se mantienen en un estado de inercia, en un contexto en que las situaciones cambian más rápido de los que los Estados pueden reaccionar. Poco a poco, lo no convencional se hace más relevante, produciéndose una aplicación de la seguridad en el sentido de dar solución a problemas insuficientemente estudiados en su origen y, carentes de conceptualización teórica, donde está más presente la visión de los efectos y no de las causas.

En dicho sentido, Baldwin señala que los esfuerzos para  redefinir “Seguridad”, se relacionan más con la preocupación de replantear las agendas políticas de los países, que de conceptualizarla. Por ello, las propuestas al respecto se sustentan en una mezcla de argumentos normativos sobre aquellos valores  de las personas que, como individuo o grupo deben ser protegidos y, argumentos empíricos  sobre la naturaleza y magnitud de las amenazas a esos valores. En esta línea argumental, los temas prioritarios son  los derechos humanos, la economía, el medioambiente, el tráfico de drogas, las pandemias, el crimen organizado y la injusticia social, además de la tradicional preocupación por las amenazas militares externas.

Sin embargo, ¿Qué ocurre con la discusión conceptual relacionada con los temas propuestos? Baldwin señala que se presta poca atención a los aspectos conceptuales y, como consecuencia faltaría debate en un ambiente en que habría tendencia a la exageración de las diferencias entre los proponentes  de diversas políticas de seguridad. Es válido entonces preguntarse, si realmente existen diferencias profundas entre quienes enfatizan aspectos de seguridad económica o medioambiental y, aquellos usados por los realistas o, entre aquellos que privilegian el Estado-Nación por sobre el individuo o la humanidad.  Será, se pregunta Baldwin, si lo que realmente ocurre es, que los representantes de diversas tendencias enfatizan diferentes aspectos de conceptualizaciones compartidas.

De ser así, adquiere relevancia identificar elementos comunes dentro de las diferentes concepciones de la seguridad, lo cual es útil porque se podrían acercar posiciones  para promover el análisis racional  de las políticas vinculadas a la seguridad, facilitando la comparación de diversos tipos de seguridad y, la comunicación entre los académicos, contribuyendo a establecer patrones comunes  entre visiones distintas. Ello justifica el análisis conceptual de la seguridad, porque además de aclarar el significado del concepto, evita que los académicos se queden atrás y, que los legisladores tengan dificultades para distinguir entre políticas alternativas. Por ello, la explicación conceptual a partir del significado habitual del término,  contribuye a reducir las limitaciones, inconsistencias  y ambigüedades de su uso ordinario, permitiendo su reinterpretación  para mejorar la claridad y precisión de su significado y, su uso en hipótesis y teorías con fuerza explicativa y predictiva.

Sin embargo, una forma de aproximarse a dicho debate es especificando la problemática de la seguridad. Para hacerlo, Baldwin se apoya en la afirmación de  Wolfer, quien sugiere que la Seguridad Nacional es un concepto peligrosamente ambiguo si es usado sin especificación. Por ello, en su ponencia establece especificaciones para definir la seguridad como objetivo de políticas y, especificaciones para definir políticas conducentes a  lograr seguridad.

A partir de la caracterización de la seguridad que hace Wolfer, como la ausencia de amenazas a valores adquiridos, Baldwin pone en evidencia la ambigüedad en el término “ausencia de amenazas”, señalando que captura la noción básica e intuitiva que subyace en el término “seguridad”. A partir de ello, reformula a Wolfer, planteando la seguridad como “la baja probabilidad de daño a valores adquiridos” y, aunque no modifica su significado, permite la inclusión de otros fenómenos como los desastres naturales. Esta reformulación permite aclarar los propósitos de política, dependiendo de la amenaza de que se trate. Frente a la amenaza de ataque militar el Estado responde con políticas de disuasión. En respuesta a los terremotos, el Estado adopta políticas de reducción de los afectos, porque su ocurrencia no se puede evitar. En ambos casos, el foco se ubica en la reducción del daño a valores adquiridos y no en la ausencia de amenazas.

Con esta reformulación dice Baldwin, la seguridad puede definirse en base a dos especificaciones. ¿Seguridad para quién? y, ¿seguridad para proteger cuales valores?

Esto lo aborda, a partir del hecho de que la seguridad sin objeto referente tiene poco sentido. Por ello, la definición del objeto referente necesita ser especificado en coherencia con su condición de seguridad necesaria. En relación a ello, hay un amplio espectro de respuestas, esencialmente en relación a tres variables.  El individuo (Algunos, la mayoría, todos); El Estado (Algunos, la mayoría, todos) y, el Sistema Internacional (Algunos componentes, la mayoría de ellos, todos sus integrantes)

Los individuos, los Estados y los actores sociales tienen muchos valores y, en términos de la persona, se encuentran la seguridad física, el bienestar económico, la autonomía y el bienestar psicológico entre otros. En términos de Estado encontramos a modo de ejemplo, más independencia política, el mantenimiento de la integridad territorial o, el mantenimiento de relaciones económicas con otros países o bloques económicos.

En este ámbito, Baldwin señala la existencia de dimensiones objetivas y subjetivas de la seguridad, a través de las cuales los Estados pueden sobreestimar o subestimar la probabilidad de daño a determinados valores adquiridos. Ejemplo de lo anterior es considerar la reducción de los miedos injustificados como el objetivo de una política de seguridad, pero también, decir que un Estado se puede percibir a sí mismo como seguro cuando no lo es.

Sin embargo, Baldwin considera otras variables que debiesen ser tenidas en cuenta al conceptualizar la seguridad, las que esencialmente complementan el propósito buscado en el diseño de políticas de seguridad. Dichas variables las plantea en forma de preguntas, cuyas respuestas debiesen proporcionar los elementos esenciales que permitirán su diseño.

La primera es ¿Cuánta seguridad es suficiente para enfrentar determinada amenaza? La respuesta no es simple, porque la seguridad es difícil de cuantificar. En este sentido, la tendencia inicial es responder en términos absolutos. Se está o no seguro. Si hay media seguridad, no se está seguro. Sin embargo, es más realista plantear que la determinación de cuanta seguridad se necesita depende del sujeto bajo amenaza, aunque al parecer ello es un aspecto complejo de determinar, porque ¿realmente existe un espectro intermedio susceptible de ser medido usando indicadores adecuados? Esto, porque no es posible lograr la seguridad absoluta.

¿Frente a qué amenazas? Es una variable en la cual es importante eliminar la ambigüedad que se produce con la vaga referencia a determinada amenaza. Por ejemplo, al referirse al terrorismo como amenaza global, ¿qué se quiere representar? La vaguedad del término impide realmente saber quién el sujeto amenazante y, cuál es el sujeto amenazado, porque el terrorismo per se, no es amenaza. Sí son amenaza, las organizaciones que utilizan el terrorismo como instrumento para lograr sus propósitos provocando terror. Entonces para enfrentarlos necesariamente se requiere saber quiénes son, cual es su estructura operativa, como actúan, etc. También a quienes amenazan y porqué. En este aspecto y, ampliando el espectro de las amenazas, también se plantea la necesidad de expandir esta calidad a fenómenos naturales o provocados por el hombre, porque poseen el potencial de dañar los valores que los Estados y sociedades desean proteger. 

La Seguridad puede ser lograda a través del uso de variados medios, por ello la variable ¿Con que medios?, es significativa al momento de decidir las diferentes políticas que se pueden aplicar para lograr seguridad. En este aspecto, es importante especificar la dimensión y direccionamiento de los instrumentos que se utilizarán para enfrentar una amenaza y lograr determinada seguridad, lo que favorece el debate respecto de los medios específicos a utilizar, su estructura e intensidad de empleo.

La seguridad siempre tiene costos, que muchas veces implican el sacrificio de otras metas que podrían haberse satisfecho con los recursos asignados a la seguridad. Por ello, la variable ¿a qué costo? es una dimensión relevante y requiere ser analizada cuidadosamente. En este marco, en realidad no debiese haber conflicto entre el propósito de mantener una potente fuerza militar y lograr la independencia energética o, con mantener la tranquilidad pública y un medioambiente protegido. Ello se puede lograr a través de la adecuada administración de los recursos. Para Baldwin, el estudio y debate de este aspecto no debe ser ignorado como parece haber sucedido en las discusiones de los últimos años, donde los críticos usualmente cuestionan por ejemplo, el alto costo de invertir en armamentos, o de establecer un sistema de alerta temprana ante desastres naturales o,  el costo de la seguridad pública, sin presentar argumentos sustentados en evidencias empíricas que sustenten sus comentarios.

El período de tiempo que se implementan las políticas y/o, las medidas  para disponer de seguridad, es también una variable importante, porque es necesario compatibilizar las políticas de corto plazo con aquellas de largo plazo, respecto a la solución de los problemas de seguridad que el Estado requiere resolver, para evitar que se produzcan conflictos durante su implementación. 

Baldwin también se refiere a la valorización que se le da a la seguridad por parte de los individuos, los Estados, la sociedad y otros actores en la Comunidad Mundial. Sin embargo, no es lo único que dichos entes valorizan, porque estar seguros implica sacrificar otros valores, lo que hace necesario determinar al valor de la seguridad en relación a otros por su valor relativo comparado.

En relación a este aspecto, su propuesta comienza con el análisis de la seguridad como valor primordial, que implica que la seguridad tiene una mayor jerarquía que otros valores para todos los actores en toda situación, lo que es lógica y empíricamente indefendible. En este ámbito, si consideramos a la seguridad como prerrequisito para disfrutar de prosperidad, libertad, etc., necesariamente se aplica un razonamiento que da primacía a la seguridad como objetivo, cuyo logro se evalúa por los resultados de la implementación de las políticas y medidas adoptadas y, cuya principal manifestación es la percepción de seguridad que tienen los actores de la sociedad en relación a los valores que desean proteger. Sin embargo, esto tiene la debilidad  de que no justifica la asignación ilimitada de recursos de seguridad en un mundo donde la seguridad absoluta es inalcanzable, porque el ser humano siempre está dispuesto a sacrificar seguridad por valores que aprecia más.

La seguridad como valor central, implica que es un valor importante entre otros valores. Esta aproximación mitiga las dificultades lógicas y empíricas asociadas al valor primordial, pero no lo elimina.  En este marco entonces, la seguridad es siempre más importante que otros valores, pero no justifica en absoluto distribuir recursos que persiga proteger valores centrales.

La seguridad como valor marginal es la única que, según Baldwin, soluciona el problema de la distribución de recursos. El fundamento de esto, parte desde la afirmación que la preeminencia de la seguridad es como aseverar la primacía del agua, la comida o el aire, cuando la realidad demuestra que cierta cantidad de cada uno de dichos elementos es necesario para permitir la vida, lo que a su vez no significa, que un vaso de agua vale lo mismo para alguien que está en el desierto en relación a otro que está en un lago. Entonces, el valor de cada bien depende de cuanto tengamos de cada uno en el marco de determinada situación puntual. Por ello entonces, el valor de la seguridad nacional de un país variará de uno a otro y, de un contexto a otro, dependiendo de cuanta seguridad se necesita en función de la que ya se posee en relación a los riesgos y amenazas presentes. Así entonces, el Estado distribuirá  recursos de seguridad, cuando la relación costo beneficio sea más favorable que si son usados en otro recurso y, lo hará con o sin urgencia de acuerdo a si la situación lo exige o no.

Los planteamientos de Baldwin, son una propuesta interesante para ser incorporada en el debate sobre la conceptualización de la seguridad, en especial cuando se busca la convergencia de distintas visiones sobre el tema. Ello es un aspecto importante a tener en cuenta, porque la discusión sobre matices distintos y aspectos semánticos, en la mayoría de los casos impide el tratar en profundidad elementos conceptuales que son relevantes, al momento de diseñar políticas y definir acciones.

La importancia de los temas de seguridad radica no solamente en su relevancia como preocupación permanente de los Estados. Ello ha trascendido a las personas como individuos y, como parte de una comunidad, porque los efectos de fenómenos amenazantes en la actualidad, están perjudicando sus intereses y valores de manera significativa. Es precisamente en la conceptualización de la seguridad, donde se encuentra la explicación del origen de los fenómenos de seguridad, con lo cual se crean las condiciones para comprender su desarrollo, para abordar sus efectos de manera apropiada y de acuerdo al contexto en que se producen.


[1] BALDWIN A. David (1997) The concept of security. Review of International Studies, 23, 5-26.

[2] Senior Polítical Scientist. Woodrow Wilson School of Public  and  International  Affairs. Princeton  University.