La escasez de agua como fuente de inseguridad

 Por: José Pablo Zambrano Ramírez[1] Investigador Asociado del Centro de Estudios Estratégicos de la ANEPE

              En las décadas de los ochenta y noventa el fin de la Guerra Fría, junto con una creciente toma de conciencia sobre los impactos de la actividad humana sobre el medioambiente, generó un debate en la disciplina de Relaciones Internacionales sobre qué es y cómo se define la seguridad; sobre cuál es su objeto de análisis, qué es una amenaza, cuáles son las fuentes de seguridad y cuáles los medios más adecuados para alcanzarla. Se argumentaba que el paradigma imperante hasta entonces, el neorrealismo, que entiende la seguridad como la defensa militar frente a amenazas militares que pongan en peligro la integridad territorial, la soberanía o la continuidad del régimen político de un estado[2], no daba cuenta de los desafíos impuestos por un concierto internacional cambiante y por los nuevos problemas medioambientales, tanto globales como locales. Es así que nace, entre otras, lo que se conoce como Seguridad Medioambiental (Environmental Security), una vertiente dentro de la disciplina que busca entender la relación entre los problemas de origen medioambiental, los conflictos violentos, el bienestar socioeconómico, la estabilidad política y seguridad[3].

            Según han establecido otros autores, los problemas medioambientales no constituyen una amenaza de seguridad, puesto que para que sean tal, se requiere de un actor que tenga la intención de generar un daño[4], y una sequía, como es obvio, no cumple estos requisitos. No obstante, el hecho de que problemas ambientales no constituyan una amenaza, no descarta per se que sean una fuente de inseguridad.

En este sentido, desde el nacimiento de la Seguridad Medioambiental que los problemas relacionados con el agua han estado en el centro del debate, puesto que es probablemente el único recurso natural presente en todos los aspectos de la vida humana: desde la subsistencia a prácticas espirituales o estéticas, desde la producción agrícola a la generación de energía. Por lo tanto, la seguridad alimentaria, la seguridad de la salud, la seguridad económica y la seguridad energética están todas directamente relacionadas con el agua[5]. Además, desde una perspectiva de seguridad del Estado, posee características que la convierten en un recurso natural estratégico único: el agua no tiene sustituto, no conoce fronteras de ningún tipo y su distribución varía considerablemente en el tiempo y el espacio.

            En los últimos años la discusión sobre las consecuencias de la escasez de agua sobrepasó los ámbitos científicos y académicos para instalarse en la arena política y estratégica. Un informe reciente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos afirma que “(el problema de) La escasez de agua es a menudo pasado por alto, insuficientemente financiado y subestimado en la política exterior. Sin embargo, la capacidad de los gobiernos para proporcionar y gestionar el acceso al agua es fundamental para garantizar la estabilidad política, económica y social”[6]. Más aún, la Secretaria de Estado del mismo país, Hillary Clinton, en un discurso en el contexto del Día Mundial del Agua declaró: “El acceso a suministros confiables de agua potable es una cuestión de seguridad humana. También es un asunto de seguridad nacional”[7]. Las palabras de la secretaria de Estado destacan una de las características más significativas de la escasez de agua: que es un problema de seguridad transversal, cuyo impacto puede alterar significativamente las condiciones de vida de las personas y el normal funcionamiento de un estado-nación.

 

Vulnerabilidades de Chile a la escasez de agua

            La ONU define la escasez de agua como “El punto en el que el impacto agregado de todos los usuarios, bajo determinado orden institucional, afecta al suministro o a la calidad del agua, de forma que la demanda de todos los sectores, incluido el medioambiental, no puede ser completamente satisfecha”[8]. Como se puede ver, las dos variables que determinan la escasez de agua son su disponibilidad natural u oferta, determinada a su vez por las condiciones ambientales y ecológicas, y la demanda social y económica por ella. Chile tiene vulnerabilidades en estos dos aspectos.

            En relación a su disponibilidad, en Chile el agua varía considerablemente en el tiempo y el espacio. En primer lugar, casi dos terceras partes del territorio sufre de “Una sequía de nueve meses cada año, que compensamos principalmente con el almacenamiento nival de la cordillera”[9], ya que las precipitaciones se concentran casi exclusivamente en invierno en la Zona Central y en verano en el Altiplano. En estas regiones, donde la mayoría de la población habita y la mayor parte de la actividad económica se concentra, el promedio de disponibilidad de agua es menor a 800 m³/hab/año, menos de la mitad de lo que se considera necesario para el desarrollo sustentable (2.000 m³/hab/año)[10]. De hecho, en la región Metropolitana y en el norte del país el promedio de disponibilidad de agua de es de 639 m³/hab/año, llegando incluso a escasos 200 m³/hab/año en algunas localidades[11]. En comparación, en la Zona Sur supera los 10.000 m³/hab/año.

            Vale la pena destacar que en Chile uno de los problemas asociados al calentamiento global es que, a medida que aumenten las temperaturas, también aumentará la altura promedio de la isoterma 0°C, lo que reducirá el área montañosa capaz de almacenar nieve. Entre las latitudes 30ºS y 35ºS la línea de nieve se encuentra a una altitud de 3.000 m. Si se eleva en 400 m, el área capaz de retener nieve se reduce en un 23%. Esto significa que aproximadamente 5.000 km2 de superficie capaz de almacenar nieve desaparecerán[12]. La acumulación de nieve es esencial para llenar embalses y represas y para recargar las cuencas de aguas subterráneas. Dependiendo del escenario[13], se espera que la isoterma 0°C aumente su nivel entre 300 m a 500 m, en comparación con las condiciones actuales. Un dato que ilustra la importancia de los deshielos para la generación hidroeléctrica es que, si los afluentes que alimentan los embalses del SIC hubiesen tenido los mismos niveles que en 1968/69 –hasta entonces el año más seco del siglo –, el racionamiento eléctrico de 1998/99 no hubiese sido necesario, incluso considerando las fallas de las centrales térmicas[14]. El efecto combinado del aumento de la isoterma 0°C y de la reducción de acumulación de nieve establece un escenario hidrológico complejo para el futuro. De hecho, según consigna la prensa, los deshielos del período 2012/13 se encuentran entre los más bajos de la historia[15].

 

Disponibilidad de Agua en Chile por Habitante

Fuente: Banco Mundial, 2011

            Si las condiciones biofísicas del país limitan la “oferta” de agua, la creciente demanda por ella pone aún más presión sobre los recursos existentes. No hay que olvidar que la escasez de agua es un concepto relativo, función de su disponibilidad natural y la demanda por ella[16]. El modelo de desarrollo imperante en Chile, basado en el crecimiento económico, implícitamente conlleva una expansión constante de la demanda de agua. En este sentido, un informe del Banco Mundial establece que, en el caso de Chile, la estrategia de desarrollo ha sido más influyente en la situación actual de los recursos hídricos que la dinámica del sector en sí, ya que la mayoría de los productos y bienes del país tienen procesos intensivos en agua[17].

            En 2005 las cinco actividades económicas consumidoras de agua con mayor participación en el PIB fueron la industria y manufactura (17%), comercio, restoranes y hoteles (10%), minería (8%), agropecuario y silvícola (4%) y electricidad, gas y agua (3%). En el mismo año, la contribución a las exportaciones de bienes fueron: minería (57%),  industriales (31%) y agropecuario, silvícola y pesquero (7%)[18]. Lo que estas cifras indican es que la producción económica, y a consecuencia de ello el bienestar social, está estrechamente ligada al acceso al agua. En el caso específico de la minería, el sector económico que concentra el 51% de las exportaciones y que representa el 35% de los usos industriales de agua[19], se estima que el 78% de la producción de cobre se lleva a cabo en minas ubicadas en cuencas con déficit (menos de 100 mm de lluvia al año)[20].

En relación con la seguridad energética, para sostener el crecimiento económico en el largo plazo se requiere de fuentes de energía confiables. Para un país como el nuestro, cuya matriz tiene un componente importante de hidroelectricidad, la seguridad energética es un asunto particularmente complejo, ya que, como hemos visto, los suministros de agua son inherentemente variables e inciertos. Es precisamente por el estrecho vínculo entre agua y energía que la escasez de agua en Chile es una fuente de inseguridad. Para poner esto en contexto, en años secos alrededor de la mitad de la energía hidráulica disponible normalmente desaparece del SIC, el equivalente a unos 13.000 GWh. En comparación, en 2004 la producción anual en plantas de gas natural no sobrepasó los 9.000 GWh. “Vale decir, eventos tales como la crisis del gas argentino, que significaron cortes parciales del suministro de gas natural, son sobrepasados con holgura por el riesgo de sequía extrema con que siempre vive el SIC”[21].

 

Recursos Disponibles y Extracciones por usos consuntivos

Fuente: Banco Mundial, 2011

            Más aún, un informe de CEPAL se estima que los costos económicos del cambio climático en Chile durante este siglo alcanzarán entre 22 mil millones y 320 mil millones de dólares, el equivalente al 1,1% del PIB anual durante el período de análisis[22]. En cuanto a generación de electricidad, el informe estima pérdidas de entre el 10% y el 20%, con un coste económico asociado en el rango de 100 mil millones de dólares por año. El consiguiente aumento en generación térmica, a su vez, incrementará las emisiones de gases de efecto invernadero en alrededor de 3 millones de toneladas de Co2.

Chile es vulnerable a la escasez de agua, porque en gran parte del territorio las condiciones biofísicas limitan su disponibilidad natural y porque el modelo de desarrollo implica un constante aumento de la demanda de este recurso. Pero la escasez de agua se transforma en una fuente de inseguridad por la dependencia de la matriz energética en hidroelectricidad, lo que afecta directamente la capacidad del país para proveer bienes y servicios y, en casos de emergencias, limita las opciones de las autoridades para dar respuesta a crisis de cualquier índole. Como sentencia un autor: “El hecho que una sequía haya contribuido a causar apagones muestra la dependencia del país de hidroelectricidad”[23].

            Pero a diferencia de una sequía, un evento climático inevitable y difícil de preveer, la escasez de agua sí puede ser evitada y administrada, puesto que la oferta y la demanda social y económica sí puede ser adaptada. Políticas públicas que fomenten un uso eficiente y sustentable de los recursos, como la expansión del riego tecnificado o la promoción de energías renovables no tradicionales, junto con incrementar la productividad y competitividad del país, reducen la vulnerabilidad de Chile a la escasez de agua, puesto que disminuir el uso lo vuelve relativamente más abundante. En un escenario regional complejo, en que países vecinos pretenden intercambiar recursos energéticos por territorio, disminuir la vulnerabilidad a la escasez de agua contribuye a aumentar la seguridad energética, y así fortalecer la posición de Chile en la región.

 

  Bibliografía

 

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[1] El autor del presente articulo es Periodista y Cientista Político Magíster de Investigación en Ciencia Política, de la Universidad de Melbourne, Australia

[2] El neorrealismo es un paradigma centrado en el Estado que entiende la arena internacional como un sistema anárquico, en que cada unidad (los estados) persiguen sus propios interesas, forjando alianzas en la medida que estas sirven a sus intereses. Desde esta perspectiva, el Estado-nación es al mismo tiempo objeto y sujeto de la seguridad, es aquello que debe ser asegurado y quien provee la seguridad, lo que inherentemente excluye la posibilidad de amenazas no militares o de fuentes no militares de seguridad. En palabras de uno de sus más conocidos teóricos, Stephen Walt: “Los Estudios de Seguridad se pueden definir como el estudio de la amenaza, el uso y el control del poder militar…de las políticas específicas que adoptan los estados para prepararse, evitar o entrar en guerra”. Walt, Stephen M., 1991. The Renaissance of Security Studies. International Studies Quarterly, 35, 2, 211-239.

[3] Ver Myers, Norman, 1989. Environment and Security. Foreign Policy, 74, 23-41. ; Graeger, Nina, 1996. Environmental Security? Journal of Peace Research, 33, 1, 109-116. ; Conca, Ken, 2000. Beyond the Statist Frame: Environmental Politics in a Global Economy. Edward Elgar Publishing Limited.  ; Barnett, Jon, 2001. The Meaning of Environmental Security: ecological politics and policy in the new security era. Zed Books. ; Dalby, Simon 2002. Environmental Security. Minneapolis, Minn. :University of Minnesota Press, c2002.

[4] Leyton, Cristian, 2000. El factor de amenaza: ejes de la percepción de amenaza chilena. Afers Internacionals, 51-52, 135-157. ; Soto, Julio, 2012. En torno a las amenazas: Una aclaración conceptual. Disponible en: http://www.anepe.cl/2012/12/en-torno-a-las-amenazas-una-aclaracion-conceptual/.

[5] UNDP, United Nations Development Program, 1994. Human Development Report 1994. Human Development Reports, United Nations Development Program, Oxford Univeristy Press. ; Turral, Hugh, et al., 2011. Climate change, water and food security. FAO, Food and Agriculture Organization of the United Nations, Disponible en: www.fao.org.

[6] CFR, Committee on Foreign Relations, 2011. Avoiding water wars: water scarcity and Central Asia’s growing importance for stability in Afghanistan and Pakistan. S. Prt. 112-10. http://www.fdsys.gpo.gov.

[7] Clinton, Hillary, 2010. World Water Day: Secretary of State speech at the National Geographic Society Disponible en: http://www.state.gov/secretary/rm/2010/03/138737.htm. Visto última vez: 23 February 2012.

[9] Astaburuaga, Ricardo, 2004. El agua en las zonas aridas de Chile. ARQ, 57, 68-73.

[10] Banco Mundial, 2011. Diagnóstico de la gestión de los recursos hídricos Disponible en: www.dga.cl.

[11] IAP, Instituto de Asuntos Públicos, 2008. Estado del Medioambiente en Chile. Universidad de Chile.

[12] CONAMA, Comisión Nacional del Medioambiente, 2006. Estudio de la Variabilidad Climática en Chile para el Siglo XXI. Disponible en:  www.mma.gob.cl.

[13] El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles) elaboró diferentes escenarios bajos distintos supuestos. Para mayor información ver: IPCC, Intergovernmental Panel on Climate Change, 2007. Climate Change 2007: Synthesis Report. Intergovernmental Panel on Climate Change, Press.

[14] Bernstein, Sebastián, 1999. Racionamiento Eléctrico: Causas y Posibles Soluciones. Centro de Estudios Públicos, Disponible en: www.cep.cl.

[15] La Tercera, 2013. Deshielos que usan hidroeléctricas están entre los más bajos de la historia. Disponible en: http://www.latercera.com/noticia/negocios/2013/03/655-511789-9-deshielos-que-usan-hidroelectricas-estan-entre-los-mas-bajos-de-la-historia.shtml. Visto última vez: 4 Marzo 2013.

[16] FAO, Food and Agriculture Organization of the United Nations, 2000. New Dimensions in Water Security.

[17] Banco Mundial.

[18] Ibid. p. 5.

[19] Ayala, 2010, citado en Ibid.

[20] CEPAL, Comisión Económica para América Latina, 2009. La Economía del Cambio Climático en Chile. Colección Documentos de Proyectos, Disponible en: www.eclac.cl.

[21] Galetovic, Alexander, et al., 2004. Gas y Electricidad: ¿Qué Hacer Ahora? Estudios Públicos, 96,Primavera, 49-106. p. 10.

[22] CEPAL.

[23] Bauer, C. J., 2009. Dams and markets: Rivers and electric power in Chile. Nat.Resources J., 49, 583-883. p. 584. (mi traducción)