La Haya y la soberanía. El fortalecimiento del concepto

Por: Prof. Gustavo Basso Cancino

El viernes 14 de diciembre el equipo de abogados que defiende la posición chilena en el diferendo sobre limitación marítima planteado por el Perú en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, terminó sus alegatos orales correspondientes a la última etapa, previa al dictamen que sobre esta materia debe emitir el alto órgano de la Naciones Unidas, en el transcurso del primer semestre del año 2013.

Durante dos semanas la atención de gran parte de la opinión pública nacional estuvo centrada en los argumentos que, tanto los integrantes del equipo peruano como chileno, esgrimieron a favor de sus respectivas posiciones.

Fue sorprendente escuchar y ver en las imágenes de apoyo, el tratamiento minucioso y casuístico que se le dio al concepto de Soberanía, presentándolo durante las exposiciones con los mas variadas ejemplos relacionados con lo acontecido desde 1952 a la fecha, respecto de acciones efectuadas por ambos países en las que se acataron las soberanías respectivas o en su caso se defendieron por causa de trasgresiones.

El lector podrá preguntarse que de extraño o novedoso tiene este hecho, cuando se sabe  que es de la esencia de un diferendo sobre territorio, el que esté comprometida la soberanía de quienes se lo disputan. Efectivamente, esto es así, pero no obstante para  quien escribe resultó altamente motivador escuchar con cuanto vigor y convicción se volvieron a esgrimir argumentos que validan un atributo del Estado-Nación que, en el complejo mundo de las relaciones internacionales que caracteriza al siglo 21, parece cada vez más diluido y relativizado.

En efecto, ha sido un factor de creciente preocupación para quienes valoramos los enormes y trascendentes significados y alcances que tienen los elementos constitutivos del Estado-Nación, el observar los efectos que el fenómeno de la globalización ha ido provocando sobre ellos, generando en diversos ámbitos del pensamiento académico, político y social un sentimiento y en algunos casos convicción, de que estos constituyen  factores anacrónicos en un mundo multirracial, multicultural, interdependiente, en el que el territorio, sus fronteras y la soberanía han ido paulatinamente perdiendo importancia, dando paso a procesos de cooperación e integración, los cuales se presentan como incompatibles con los primeros por ser ellos retardatrices o freno a la Cooperación.

No cabe duda que una potente palanca para el desarrollo de un país la constituye la cooperación internacional y ello ha quedado demostrado en la gigantesca red de compromisos de todo tipo que adquieren los estados con la comunidad internacional, a través de acuerdos bilaterales y multilaterales, ya sea en el seno de los organismos internacionales o con organizaciones no gubernamentales. Pero ello debe entenderse, como acciones que hace cada estado en vista a satisfacer sus propios intereses y objetivos. Entre estos no hay que olvidar, se encuentran la integridad del territorio nacional y el mantenimiento de la soberanía. No resulta entendible entonces que en la búsqueda de buenas relaciones internacionales en las cuales se ponga especial énfasis en la integración y la cooperación, se minusvalore o relativice la importancia de estos.

El haber podido seguir los debates en vivo desde la sede de la Corte en La Haya, gracias a las modernas tecnologías de la comunicación, nos permitió reconfirmar el valor trascendente y actual del concepto de Soberanía y sus insospechadas manifestaciones.

El veredicto que emita el Tribunal, cualquiera que este sea, impactará sin duda en ambos países respecto del manejo y comprensión de la estrecha relación que existe entre Territorio y Soberanía y por cierto sería muy deseable que este ingrato momento en nuestras relaciones vecinales con Perú, fuese el catalizador para que en nuestro país se adoptaran variadas medidas de mejoramiento de coordinación de políticas públicas, de programas de enseñanza, de población territorial, de apoyo a zonas extremas y tantas otras que vayan en beneficio del fortalecimiento de los tres factores esenciales del Estado : Población, Territorio y Soberanía.

En el mismo orden de ideas, estimo que el episodio de La Haya, debiera dejarnos como lección, el estar atentos y reaccionar con oportunidad a las diversas señales que puedan provenir desde el exterior, especialmente de los países vecinos sobre materias que tengan incidencia sobre nuestra identidad, sobre el poblamiento de nuestro territorio y muy especialmente sobre el ejercicio de la Soberanía. Particularmente aleccionador ha sido el hecho de que cuando nuestro país estaba cierto que con el cumplimiento de los Protocolos de Lima de 1929, se había puesto fin a todo lo que estaba pendiente con el Perú, el vecino país levantó-de la nada- la cuestión de la delimitación marítima.

Es de esperar que una situación similar no nos vuelva a sorprender y si es así accionar adecuadamente.