Por: Profesor Humberto Nilo Penroz.

 

El pasado 26 de agosto, el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad presentó oficialmente el libro Surfeando hacia el futuro: Chile en el horizonte 2025”, texto que debiera constituirse en lectura obligatoria para muchos actores del acontecer nacional, considerados también quienes se encuentren vinculados al ámbito de la seguridad y la defensa. 

 

       Es del caso recordar que dicho Consejo es unorganismo de carácter público-privado constituido por decreto presidencial el año 2005, con el propósito de  asesorar a esa autoridad en la identificación, formulación y ejecución de políticas y acciones que lleven al fortalecimiento de la innovación y la competitividad en Chile, asumidos como elementos claves para el desarrollo del país.

Conformado por dos partes, de cinco capítulos la primera y tres la segunda, lo interesante del texto que surge de esta orientación presidencial y como consecuencia de su análisis, es la forma de aproximación a la esencia de sus propuestas, partiendo por asociaciones que en un relato coherente e interesante, van dando sustento a la convocatoria de encarar el futuro por la vía del esfuerzo, la perseverancia, las ciencias, el compromiso de apoyo público-privado, la educación de buen nivel, la generación de espacios amigables para la asociación creativa, entre otros y mucha, pero mucha vocación por imaginar primero y co-participar luego, de la construcción del mañana, pero no de manera cualquiera, sino surfeando la ola del devenir, sobre ella y no bajo ella, en suma, siendo parte de la red generadora de cambios de estructuras, satisfactores de necesidades humanas, de formas de vida que como nunca antes se han manifestado de manera tan disruptivas, emergentes,  rápidas y transversales a todas las sociedades del planeta que hacen de lo de ayer, algo obsoleto mañana.              

Reconocen que no ha habido aspecto de la vida humana que no haya sido tocado por la marea de cambios vertiginosos que todo lo impactan y transforman. Ejemplo de ello hay en la medicina, las comunicaciones, la entretención, el transporte, la alimentación, en fin, trayendo a la mente las ideas del economista Joseph Schumpeter, quien acuñó el concepto de la “destrucción creativa” para dar cuenta que el surgimiento de nuevos productos va dejando en el camino a aquellos que no se adaptan, no mutan, dando paso a una corriente de innovaciones que satisfacen de mejor forma a consumidores siempre ávidos por nuevos bienes y servicios.

Dos visiones contrapuestas enfrentarían a nuestra sociedad de cara a este escenario de transformaciones monumentales y aceleradas. Una que denominan de “certidumbre y complacencia”, caracterizada por quienes manifiestan una actitud de aceptación frente a situaciones que se perciben como insatisfactorias pero que se estiman imposibles de modificar, persistiendo una suerte de victimización en sus huestes. Reconocen que el sistema como esta ha operado bien y la economía, a base de commodities, ha dado pasos significativos que nos llevaran a algunas transformaciones que acompañadas de mayor productividad, nos aseguraran el progreso sostenido. En la otra vereda se encuentra el “entusiasmo incontenido frente al cambio”, caracterizado por quienes quieren seguir el ritmo al mundo en cambio alucinante, en la cresta de la ola, participando activamente del progreso y las oportunidades que se abren desde esa perspectiva, pero con la sensación de que muchas cosas no acompañan el tranco acelerado que se requiere para mantener el nivel de expectativas y de vanguardia que ocupan países exitosos en el mundo.

La conclusión es que ambas actitudes constituyen poderosas anclas que impiden posicionarnos con mejores bases, predisposición y energías para participar de la co-creación del futuro, pues ambas perspectivas se encuentran disociadas del verdadero dinamismo requerido para hacer historia, en tanto cada una por su lado no es capaz de aprender de sus frustraciones e insatisfacciones, parapetándose tras de ellas en vez de utilizarlas como fuerzas impulsoras de cambio.

No obstante lo anterior y en el marco de la innovación, puede ser que ella intimide al punto que no se desee asumirla. Fracasar, invertir mucho sin certeza de los resultados, llegar tarde con un producto, brecha tecnológica insalvable, carencia de redes de apoyo significativas, baja I+D a nivel nacional, cultura de tomadores de bienes ya probados y patentados, carencia de asociaciones publico-privadas con propósitos de impulsar transformaciones con valor agregado para el mercado, universidades con baja vocación investigativa, entre otras causas, pueden generar una suerte de desentendimiento con la innovación y los procesos que ella demanda, traspasando a otros la responsabilidad por conducirla, lo que termina por dar cabida a la “indiferencia”, la peor de las actitudes posibles.

Existiendo un horizonte abierto a lo posible y donde ningún país tiene garantía de éxito futuro sin esforzarse para alcanzarlo, no hay organismo, sociedad o nación, grande o pequeña, que deba abstraerse de intentar algo más que la combinación de “Ciencia + Tecnología + Creatividad”, en tanto que ella no alcanza para producir la innovación, pues esta es en definitiva, la “emergencia histórica de nuevas prácticas que modifican o desplazan otras ya existentes encarnadas en artefactos o en maneras de relacionarnos u organizarnos”.

Si aceptamos esta propuesta; si aceptamos que en términos de recursos del Estado, la defensa compite con las múltiples demandas a que este, está sometido como regulador de las políticas públicas y promotor del bien común; si aceptamos que hay espacios para mejorar en todas las dimensiones de la defensa, no por qué este todo mal, sino por qué todo puede ser llevado a mejores diseños y procesos,  ¿están hoy las instituciones de la defensa haciendo todo lo que está a su alcance para promover innovación verdadera?, o en su defecto, ¿se encuentran en alguno de los tres estados que caracterizan la actitud frente a los cambios que vienen desde otras partes de mundo?.

Sería interesante conversar sobre estos tópicos, con altura de miras por cierto, reconociendo que para ello se deben crear condiciones adecuadas a la apertura, al análisis amplio de perspectivas posibles, a reconocer con claridad el contexto relevante y a dejar que la imaginación vuele para llegar……., no es posible saberlo. Solo baste saber donde no se quiere llegar, a la inamovilidad, a dejar que los acontecimientos conduzcan y a ser solo meros observadores del cambio que se impone.