Por: Luis V. Pérez Gil
Doctor en Derecho con Premio Extraordinario Universidad de La Laguna, España Consejero Consultivo Internacional de “Política y Estrategia” y Consejero Internacional de “Estudios de Seguridad y Defensa”.

El Presidente Putin declaró a primeros de septiembre durante la asistencia al Foro Económico de Vladivostok que Rusia mantenía contactos permanentes con el gobierno sirio y con otros países de la región –entiéndase Irán y también el gobierno iraquí al que actualmente se está suministrando armamento avanzado para combatir al Estados Islámico-, pero respecto a la posibilidad de una intervención militar directa dijo que “aunque estamos considerando varias posibilidades, por ahora no está en nuestra agenda”. A continuación precisó que “decir que estamos dispuestos a hacerlo es actualmente prematuro, pero estamos dando a Siria un apoyo serio y equipamiento y entrenamiento a fuerzas con armamento”. En este período el Mando Militar ruso estaba preparando el despliegue militar en Siria, que se precipitó a partir del 19 de septiembre con el envío de una impresionante fuerza aérea que se ha establecido en la base aérea de Latakia. De todos modos, se trataba de un asunto que era seguido por medios especializados debido a informaciones de inteligencia e imágenes satelitales que indicaban un trasiego constante de barcos rusos en el puerto de Tartus y una intensa actividad de aviones de transporte pesado en la base aérea cercana a la ciudad portuaria de Latakia, incluidas operaciones con los enormes An-124 como se publicó en el propio sitio web del Ministerio de Defensa ruso.
Estas informaciones de inteligencia también constataban la ampliación de la plataforma de la base aérea siria, la construcción de una torre de control y barracones e instalaciones en tierra para albergar un gran contingente militar. Los primeros aviones de combate en llegar a la base aérea de Latakia fueron cuatro Su-30SM de la Fuerza Aérea rusa (VVS) de los que se obtuvieron imágenes por satélite el mismo día 19 de septiembre –dos días antes los mismos aviones había estado operando desde la base aérea de Shagol en los ejercicios Tsentr 2015-. Durante ese fin de semana fueron apareciendo en la pista de Latakia doce bombarderos Su-24M, doce aviones de ataque a tierra Su-25SM y al menos ocho helicópteros de asalto Mi-24. El día 26 de septiembre se dio cuenta de la presencia de al menos un Il-22M-11 especializado como puesto de mando aerotransportado encargado del control y la dirección táctica de unidades aéreas y terrestres que combaten sobre el terreno; y el día 29 de septiembre se detectaron seis novísimos bombarderos Su-34 apoyados por un avión cisterna Il-78. También han sido fotografiados diversos aviones no tripulados de las Fuerzas Armadas rusas en el espacio aéreo sirio.
En paralelo, la Escuadra del Mediterráneo encabezada por el crucero lanzamisiles “Moskva” de la Flota del Mar Negro ha establecido dos zonas restringidas a la navegación al este y al oeste de la isla de Chipre con la finalidad de llevar a cabo ejercicios de tiro de misiles entre finales de septiembre y principios de octubre. El inicio de este impresionante despliegue militar coincidió en el tiempo (21 de septiembre) con el ataque a la embajada rusa en Damasco perpetrado supuestamente por grupos rebeldes opositores al régimen del presidente Asad y con la inesperada visita del primer ministro israelí Netanyahu –acompañado de los jefes del Estado Mayor y de la inteligencia militar- a Moscú para entrevistarse con el presidente Putin. En esta reunión, que ha pasado prácticamente desapercibida en los medios occidentales, ambos gobiernos decidieron establecer mecanismos de colaboración entre las Fuerzas Armadas de ambos países para casos de crisis.
Resulta evidente que Moscú está indicando al gobierno israelí que mientras mantenga una presencia militar directa en Siria, que incluye operaciones aéreas de combate contra las fuerzas opositoras al régimen de Asad –ya sean los grupos rebeldes llamados moderados, las fuerzas del Estado Islámico o Al-Nusra-, se deberán abstener de cualquier aventura militar en el país, porque un choque entre aviones militares rusos e israelíes tendría consecuencias graves ambas partes.
Esto significa que Moscú no está dispuesto a tolerar la intromisión israelí en una resolución definitiva del conflicto sirio que ya ha sido consensuada con el Bloque Occidental, lo que se escenificó en la reunión de los presidentes Obama y Putin el 28 de septiembre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Por ello, el presidente Obama declaraba ante la Asamblea General que “los Estados Unidos están dispuestos a trabajar con cualquier nación, incluidas Rusia e Irán para resolver el conflicto”. Los gobiernos occidentales han aceptado que la potencia militar rusa decida el conflicto sirio a favor del régimen de Asad –aunque muestren su discrepancia respecto a la etapa posterior, que denominan eufemísticamente “de transición” como decía el presidente Obama en la misma sede- porque después de cuatro años de guerra civil ninguna de las partes ha conseguido imponerse militarmente sobre la otra y los ataques aéreos de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos no han alcanzado los objetivos estratégicos previsto que eran destruir la capacidad de combatir del Estado Islámico.
Pero si esto es significativo, lo que llama poderosamente la atención es la capacidad de despliegue de las Fuerzas Armadas rusas más allá de su extranjero cercano, ya que han sido capaces de mover en menos de una semana una poderosa fuerza de combate hasta territorio sirio con la finalidad de resolver definitivamente el conflicto a favor del gobierno reconocido internacionalmente de Siria, mientras la mayoría de los analistas pensaba que Rusia estaba concentrada en su frontera occidental con vistas a una eventual operación militar en Ucrania. Los ataques aéreos de las Fuerzas Aéreas rusas contra los opositores al régimen de Al-Asad se han iniciado el 30 de septiembre.