La relación EE.UU.- IRÁN: ¿una vieja o nueva situación de crisis?

Ariel Álvarez Rubio, Subdirector Académico de la ANEPE

Las noticias internacionales de la presente semana, han resaltado la compleja relación existente entre EE.UU. e Irán. En este contexto, hemos podido apreciar los denodados esfuerzos realizados por el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, por lograr crear una red de apoyo en Latinoamérica como respuesta a las inminentes sanciones económicas por parte de EE.UU. y de la Unión Europea, ante su negativa a suspender los planes nucleares que se desarrollan en su país.

Sin embargo, al mismo tiempo que Ahmadinejad realiza su gira latinoamericana por cuatro países de nuestro Continente (Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Cuba), las noticias provenientes de Irán, resaltan la reciente condena a muerte de Amir Mirzaei Hekmati, un ciudadano con doble nacionalidad (iraní-estadounidense), quién se encuentra acusado por un tribunal de Teherán de espiar para la CIA.

En medio de la creciente tensión entre Irán y EE.UU., se ha agregado un nuevo ingrediente: “el día martes 10 de enero de 2012, Mustafá Ahmadi Roshan, un científico nuclear falleció como producto de un atentado con bomba, sumándose a otros asesinatos selectivos que han afectado a varios integrantes del programa nuclear iraní” .

Ante este complejo escenario, parece oportuno efectuar algunas reflexiones respecto de las viejas y nuevas situaciones de crisis producidas entre ambos países, y para iniciar estimo pertinente recordar, que Irán es considerado como “uno de los países que EE.UU. ha incluido en la lista de Estados que patrocinan el terrorismo, a la vez que se le considera junto a Corea del Norte e Irak, el tercer país del denominado eje del mal, por su apoyo logístico y financiero a grupos terroristas y por cobijar a terroristas internacionales” .

Como sea, Irán constituye uno de los focos de tensión en Oriente Medio desde 1979, año en que el ayatolá Jomeini consiguió tomar el poder a través de un levantamiento revolucionario y derrocar a la monarquía del Sha de Persia Mohammad Reza Pahlevi.

Jomeini, a través de la movilización de las masas y gracias a su reinterpretación de la doctrina chiita desde una perspectiva revolucionaria (inspirada en el marxismo), articuló un discurso en el que la toma del poder era imprescindible para el establecimiento de un Estado islámico.

El triunfo de Jomeini estableció una república islámica en Irán regida por las leyes coránicas que, además, servían de legitimación del citado régimen. La jerarquía iraní organizó un régimen teocrático e inició un período de represión contra viejos y nuevos opositores, con numerosos presos políticos, exiliados y ejecuciones.

Desde el origen del movimiento islámico iraní de Jomeini, el discurso antioccidental estuvo presente, lo cual sin embargo fue subestimado por parte de EE.UU., al punto de que un análisis de la CIA de agosto de 1978, apenas seis meses antes de la huída de Mohammad Reza Pahlavi de Irán, concluía que “el país no se hallaba en una situación revolucionaria, ni siquiera pre revolucionaria” .

Un año y una revolución después, EE.UU. seguía subestimando el poder y la visión de los mulás que la impulsaban. En esas circunstancias, el 4 de noviembre de 1979, se produce la captura de la embajada estadounidense en Teherán, considerada como un símbolo de todo cuanto la naciente agitación islámica detestaba y temía.

Con la captura de la embajada, se dejó entrever algo nuevo y desconcertante: “era la primera batalla en la guerra de EE.UU. contra el Islam militante, un conflicto que acabaría implicando a gran parte del mundo” .

De hecho, era la primera vez “que EE.UU. se oiría llamar el Gran Satán y a sus ciudadanos ser nombrados como demonios perversos que devoran el mundo, que despellejan vivos a los mansos y que arrebatan los recursos al resto de los países” .

En este contexto, es necesario señalar que la revolución iraní no era sólo una lucha nacional por el poder, sino que también era la punta de un iceberg sumergido y repleto de indignación islamista acumulada durante más de medio siglo, y en donde los pueblos tradicionales de Oriente Medio y Próximo (poseedores de gran parte de las reservas de petróleo mundiales), se autodefinían como poco más que peones valiosos en medio de una rivalidad mundial entre la democracia capitalista y la dictadura comunista (EE.UU. y la U.R.S.S.).

Complementando lo anterior, se puede señalar que en las mezquitas y madrasas de Oriente Medio, se alimentaba la visión cada vez más extendida de que entre esas dos grandes potencias de la Guerra Fría, no había demasiadas diferencias: “ambas eran infieles y explotadoras,…..ambas eran demonios idénticos de la modernidad” .

Es en este contexto, que se produce la ocupación del complejo diplomático estadounidense como una protesta a la decisión norteamericana de admitir en EE.UU. al ex presidente iraní en el exilio, y se mantiene como rehenes a 66 estadounidenses, desatando una crisis que acaparó la atención mundial.

En diciembre de 1979, el presidente Carter, centró sus esfuerzos en las Naciones Unidas, para lograr que se ejerciera una presión diplomática internacional en contra de Irán. Derivado de ello, el Secretario General Kurt Waldheim viaja a Irán con la intención de plantear una suerte de amenaza de sanción económica draconiana en contra de dicho país. Sin embargo, sólo logra reunirse con el llamado Consejo Revolucionario ya que Jomeini rehúsa reunirse con él.

El 5 de enero de 1980, un millón de iraníes marchan en Teherán en apoyo y respaldo a los estudiantes revolucionarios que ocupan la embajada estadounidense, quienes se burlan de la amenaza de sanciones punitivas de las Naciones Unidas, lo cual termina por hacer desvanecer la voluntad internacional y es el propio Waldheim quién hace notar a Carter que las eventuales sanciones sólo contribuirían a aumentar la resolución iraní de mantener la ocupación de la embajada y la toma de rehenes.

En esas circunstancias, Jomeini amenaza con cortar las exportaciones de petróleo a cualquier país que vote a favor de las sanciones en contra de Irán, siendo Japón el primer país que echa pie atrás . Por su parte, la U.R.S.S., que en la navidad de 1979, había iniciado la invasión de Afganistán ocupando Kabul con 4.000 soldados, vetó dos veces la medida de sanción en el Consejo de Seguridad de las Naciones unidas.

De esta forma, las Naciones Unidas, una organización mundial dedicada a la diplomacia se avino con un secuestro de diplomáticos auspiciado nada menos que por un Estado, en una evidente muestra de lo que hoy identificamos y denominamos como una acción propia del terrorismo de Estado.

Aunque EE.UU. propone un boicot económico, fuera del ámbito y auspicio de las Naciones Unidas, no logra apoyo y los países europeos se encargan de dar mil razones para no responsabilizar directamente a Irán de la crisis desatada.

En estas circunstancias, Carter decide hacer uso de la fuerza y autoriza la ejecución de la Operación “Eagle Claw”, la cual el 25 de abril de 1980, pasa a formar parte de uno de los más bullados fracasos en la historia de las operaciones especiales de rescate a nivel mundial. En efecto, el fracaso de esta Operación ocasionó que el Presidente Carter no fuese reelegido y demostró la necesidad de establecer una organización conjunta para las Operaciones de Fuerzas Especiales. Derivado de lo anterior, se conformó, a partir de 1987, el Comando de Operaciones Especiales (SOCOM) de EE.UU., y luego se organizó un Comando especialmente orientado a la guerra contra el terrorismo, el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas (JSOC) de EE.UU., que sólo 31 años después del fracaso de “Eagle Claw”, logró reivindicar a las Fuerzas de Operaciones Especiales, mediante la exitosa Operación “Neptune´s Spear” que culminó con la muerte a Osama bin Laden el 2 de mayo de 2011 .

Mohammad Reza Pahlevi luego de haber vivido en exilio, desde el 19 de enero de 1979, en varios países (Marruecos, Bahamas, México, EE.UU. y Panamá), muere de cáncer el 27 de julio de 1980, en El Cairo, Egipto. Con ello, el causante aparente de la captura de la embajada y la toma de rehenes, deja de existir pero sin embargo Jomeini se niega a entregar a los estadounidenses.

El 16 de septiembre de 1980, fuerzas iraquíes invaden Irán, iniciando una guerra relámpago que según las expectativas del líder iraquí Saddam Hussein demoraría muy poco en convertirse en un triunfo aplastante, pero que sin embargo se transformó en una guerra de desgaste que se prolongó hasta 1988. Pese a este grave conflicto de guerra externa, Irán permaneció empecinado en mantener vigente la crisis de los rehenes norteamericanos.

En noviembre de 1980, Carter pierde la reelección y Ronald Reagan obtiene el triunfo, logrando casi un 10 % más de votos y alcanzando una victoria arrolladora en el voto electoral (489 contra 49). Reagan venció a Carter en 44 de los 50 Estados y luego de ello, se producen grandes expectativas al interior de EE.UU., respecto a las futuras acciones del gobierno en contra de Irán (de hecho, más del 60 % de los encuestados opinaba que Reagan, una vez que asumida la presidencia, atacaría a Irán).

Sin embargo Carter, pese a su derrota y antes de la entrega del mando presidencial, realiza negociaciones con Irán, y finalmente logra pactar la entrega de los rehenes a cambio de que: 1) EE.UU. se comprometa a no interferir en los asuntos internos de Irán; 2) EE.UU. devuelva a Irán USD $ 9.000 millones y medio de dólares en activos congelados desde la ocupación de la embajada; 3) EE.UU. congele los activos del Sha Reza Pahlevi para así permitir que Irán organice un reclamo legal; y 4) EE.UU. anule todas las denuncias y demandas ante tribunales internacionales acumuladas en contra de Irán.

Finalmente, luego de 444 días de cautiverio los rehenes estadounidenses fueron liberados por Irán; de esta forma, Jomeini obtuvo la satisfacción de ver derrotado a Carter y de decidir la liberación de los rehenes luego de que Reagan hubiese ya asumido la presidencia de EE.UU.

Apenas Mahmoud Ahmadinejad asumió como presidente de Irán, el año 2005, fue sindicado por EE.UU. como uno de los estudiantes revolucionarios que durante el año 1979 ocuparon la embajada estadounidense y tomaron como rehenes a sus ocupantes. Ahmadinejad se apresuró en negar su participación en dichas acciones, lo cual resulta ser bastante paradójico: en la década de los 80 cualquier asociación con la toma de rehenes habría resultado ser un espaldarazo para un político iraní con ambiciones de poder; de la década del 2000 hacia adelante, el episodio de la toma de rehenes representa claras responsabilidades políticas en cualquier país.

Desde que asumió el gobierno de la República Islámica de Irán, Ahmadinejad se ha empecinado en mantener viva una confrontación nacionalista en contra de EE.UU. y un radicalismo extremo en contra de Israel, actitudes que se equilibran peligrosamente en torno a un más que polémico programa nuclear, que pese a ser presentado cómo concebido para usos civiles, es considerado tanto por la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) como por la ONU y la Unión Europea, una peligrosa herramienta de uso militar.

La situación de crisis que se presenta en la actualidad entre Irán y EE.UU., podría ser considerada como “casus belli” ; en esta crisis nos aparece nuevamente la sombra del fundamentalismo islámico empleando una retórica que se ha ido endureciendo cada vez más frente a un mundo occidental, al que se considera como enemigo (pese a la interesada gira iraní por Latinoamérica).

Sin embargo, en esta ocasión no estamos ante una mera polémica por la producción y exhibición del film épico-fantástico “300” , sino que ahora se ha puesto en marcha una escalada de conflicto con un agregado muy peligroso: la amenaza de Irán por bloquear el estrecho de Ormuz ante las eventuales sanciones internacionales.

Al respecto, el Secretario de Defensa León Panetta ha señalado que: “Washington responderá por la fuerza en caso de que Irán intente bloquear el Estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el tráfico marítimo de petróleo…el Estrecho de Ormuz es una línea roja para nosotros y nosotros responderemos” .

Al respecto, sólo resta esperar cual será la reacción de EE.UU. ante esta nueva crisis desatada por Irán, asumiendo desde ya que no es Leónidas y sus guerreros espartanos quienes se enfrentan a los inmortales persas de Jerjes, sino que en esta ocasión se encuentra en la zona el Vicealmirante William E. Gortney al mando de la Quinta Flota de la Armada de EE.UU.

Bibliografía

Bowden, Mark; “Huéspedes del Ayatolá. La crisis de los rehenes en Teherán”, Editorial RBA, Barcelona, España, 2008.

Benegas, José M.; “Terrorismo”, Editorial ESPASA, Madrid, España, 2004.

El Mercurio; “EE.UU. responderá por la fuerza si Teherán bloquea Ormuz”, edición impresa del 9 de enero de 2012.

El Mercurio; “Científico nuclear iraní fallece en atentado”, edición impresa del 12 de enero de 2012.