La Teoría de las agendas en el marco la Política Exterior

Por: Dra. Loreto Correa Vera[1]

 

Para comprender la relevancia de los medios de comunicación en la generación de políticas públicas, tanto como la influencia que mantienen en la construcción de imaginarios colectivos a nivel nacional, es necesario enmarcarse en un cuadro más amplio y comprender la retroalimentación que se genera entre los distintos niveles que supone la construcción de políticas.

El proceso comunicativo se genera en la dinámica social e implica una fuente de análisis en el traspaso e influencia de la información y el conocimiento en los distintos niveles sociales. El reconocimiento de ciertas temáticas que se vuelven relevantes en dicho proceso, se denomina teoría de las agendas. La teoría de las agendas estudia tres dimensiones: la “agenda setting de los medios”, que implica la medición de temas particulares en los medios de comunicación; la “agenda setting pública”, que mide la selección de temas en la opinión pública; y la “agenda institucional o política”, que analiza los temas más relevantes, y las propuestas para estos, por parte de los grupos políticos y tomadores de decisiones (Rogers y Dearing, 1988). Esto mantiene una relación directa con el análisis del grado de independencia de la formación de opinión pública, y el grado de pluralidad de la información otorgada. Así, lo que finalmente se proporciona con el estudio de las Agendas, es la amplitud del espectro de temas e ideas que se desenvuelven en el campo de las tres agendas, o en palabras de Dearing y Rogers (1996) “el estudio de la Agenda Setting es el estudio de los cambios sociales y la estabilidad social” (Dearing y Rogers, 1996: 2). Si bien, en su tratamiento, la Teoría de la Agenda Setting se ha empleado como un modelo empírico de análisis del poder de los medios de comunicación en la selección y jerarquización de temas que se transmiten y repercuten en la Agenda Pública, o lo que a la Opinión Pública reporta más interés (McCombs, 1996), otros autores plantean, que el proceso no es sólo unidireccional, sino que la decisión de los individuos sobre cuáles serán los medios a través de los que se informen, y cómo lo harán, también forma parte del proceso dinámico de comunicación. (Wanta, 1997)

 

Las agendas noticiosas y de opinión pública, mantienen factores que influyen y se nutren en la generación y desarrollo de discursos, acciones y lógicas. Del mismo modo, aportan elementos como la reputación de los medios, el seleccionador de noticias relevantes, el mercado informativo, y las noticias relevantes coyunturales. En suma influyen en la generación de un agenda mediática: esta se nutre de las percepciones de los receptores, la experiencia personal, eventos de gran impacto; todos ellos afectan las relaciones entre los grupos gobernantes, los intereses políticos, económicos y de grupos de presión (Dearing y Rogers, 1996).

 

La agenda mediática metodológicamente se plantea desde un análisis de contenidos de los medios de comunicación, delimitando los temas más relevantes que éstos exponen durante un plazo determinado de tiempo (McCombs y Shaw, 1972; Funkhouser, 1973; Eyal, Winter y DeGeorge, 1981). Esto implica un seguimiento del tema o los temas que son objeto del estudio, el cuál luego se compara con los temas que se determinan como relevantes en la agenda pública, siendo ésta un pilar fundamental para comprender la agenda mediática, y cómo éstas se relacionan ya que permite saber cuáles son los temas o Problema más Importante (PMI), jerarquizando los indicadores relevantes al objeto de estudio. Así se genera aquello que Jurgen Habermas apunta como el espacio público, donde “Los ciudadanos se comportan como público, cuando se reúnen y conciertan libremente, sin presiones y con la garantía de poder manifestar y publicar libremente su opinión, sobre las oportunidades de actuar según intereses generales. En los casos de un público amplio, esta comunicación requiere medios precisos de transferencia e influencia: periódicos y revistas, radio y televisión son hoy tales medios del espacio público” (Habermas, 1973: 71).

 

En éste sentido, las políticas públicas son entendidas por Parsons (2007) como aquellas políticas que abarcan todas las áreas que son consideradas públicas, temáticas de interés general de la población o de un grupo representativo de la sociedad. “La idea de las políticas públicas presupone la existencia de una esfera o ámbito de la vida que no es privada ni puramente individual, sino colectiva” (Parsons, 2007: 37). Dentro de esta misma lógica, el autor plantea que “lo público” tiene que ver con aquél escenario de la actividad social en el que existe la necesidad de implementar regulaciones o intervenciones provenientes de la esfera gubernamental, así como también la adopción y ejecución de medidas comunes.

 

En éste marco, es relevante conocer en qué medida influyen en éste proceso, la inclusión de temas desde las agendas pública y mediática, en tanto forman un referente para la aceptación o rechazo de políticas, o su modificación. McQuail (1985) ha demostrado una correspondencia entre la significación que se le da a los temas presentados en la agenda política, con los de las agendas pública y política.

 

Particularmente para el caso de la construcción de la Política Exterior, se ha planteado una fuerte influencia de parte de la agenda de los medios hacia la agenda política. Tal es el caso del denominado “efecto CNN” planteado por M. Harmon o el caso de la influencia de Al Jazeera en los procesos sociales en Medio Oriente durante el 2012. Asimismo, la relevancia de la comunicación en tiempo real advierte, desde la década de los 90, que en la medida que se expresan las noticias o declaraciones, se requiere también una rápida respuesta. Por ello, al margen -o  justamente- con los cambios ideológicos producto de la caída del bloque socialista a fines de los años 80, también ha ido cambiando la dinámica de la política exterior de los países. Así, el cambio más evidente es el manejo de la reserva de los temas internacionales, hasta ahora rasgo esencial en dicha política.

 

Bibliografía

ü  Eyal, C., Winter, J. y De George, W. (1981). The concept of time frame in agenda-setting. Mass Communication Review Yearbook, p.212-217.

ü  Funkhouser G.R (1973) The issues of the sixties: An exploratory study in the dynamics of Public Opinion, Public Opinion Quarterly,  Oxford, p. 62-75.

ü  González, Gustavo (2008). Medios de comunicación en Chile bajo el signo de la concentración. Disponible en:

ü  Habermas J. (1973) La Esfera pública: Un artículo de Enciclopedia (1964),  En Cultura y Crítica. Francfort a.M.: Suhrkamp, p. 61.

ü  Harmon M. (1999) The media, technology and United States Foreing Policy: A re-examination of the CNN effect, Sword & Ploughshares. Disponible en: http://ocean.otr.usm.edu/~w416373/PS%20331/The%20Media,%20Technology,%20and%20US%20Foreign%20Policy.pdf

ü  McCombs, M.E. & Shaw, D. (1972). The Agenda-Setting Function of Mass Media. POQ, 36; 176-187.

ü  McCombs, M.E. (1982). The Agenda-Setting Approach. In: Nimmo, D. & Sanders, K. (Eds.) Handbook of Political Communication. Beverly Hills, CA.: Sage.

ü  McCombs, M.E., & Shaw, D.L., & Weaver, D.L. (1997). Communication and Democracy: Exploring the Intellectual Frontiers in Agenda-Setting Theory. Mahwah, N.J. Lawrence Erlbaum.

ü  McQuail, D. (1985) Introducción a la Teoría de la comunicación de masas, Barcelona, Paidós.

ü  Parsons W. (2007) Políticas Públicas: Una introducción a la Teoría y la Práctica del análisis de Políticas Públicas, FLACSO México.

ü  Rogers, E y Dearing, J. (1988) Agenda setting research: Where has it been? Where is it going? En: Anderson, J.  (Ed) Communication yearbook, 11. P.555-594, Newbury Park, CA: Sage.

ü  Rogers, E.M., Hart, W. B., & Dearing, J.W. (1996). A paradigmatic history of agenda-setting research. In Iyengar, S. & Reeves, R. (Eds.) Do the media govern? Politicians, voters, and reporters in America (225-236). Thousand Oak, CA: Sage.

 

 

 



[1] Jefa de la Cátedra de Metodología de la Investigación