La Yihad: ¿Guerra Santa defensiva u ofensiva?

Ariel Álvarez Rubio, Subdirector Académico de la ANEPE

“Cuando encontréis infieles, matadles hasta el punto de hacer con ellos una carnicería y estrechad fuertemente las trabas de los cautivos” (El Corán, Sura XLVII, Mahoma, Versículo 4).

La Yihad, es un término árabe que aparece en el texto sagrado más importante del islam, el Corán. Se refiere al “esfuerzo por propagar el islam en uno mismo, en la sociedad o en el mundo con cualquier medio”, y en este contexto se habla de “guerra legal” o “sagrada” contra los “infieles”.

Según José María Benegas (“Terrorismo”; Editorial Espasa Calpe S.A., Madrid, 2004), las interpretaciones de este término han dado lugar a un abanico de posibilidades sobre su significado, que van desde una llamada a los musulmanes a la “guerra santa” contra los “infieles”, hasta la lucha interior por seguir el ejemplo y las enseñanzas del Profeta Mahoma.

En un sentido positivo, la Yihad salvaguarda la autenticidad del ser humano contra aquellos que quieren violar su humanidad (es decir se puede entender como una acción de autodefensa propia de una dimensión distinta a la individual). Sin embargo, desde la guerra de Afganistán (con ocasión de la invasión soviética del año 1979), este concepto se ha identificado con la lucha armada en una guerra santa contra los “infieles”, es decir contra aquellos que ofenden al islam o que ocupan tierras del islam.

Según el mismo Benegas, la tradición de la Yihad fue establecida en la época medieval, durante las cruzadas, ocasión en que los musulmanes se unieron contra el Occidente cristiano. Posteriormente, ya en el siglo XX, el término fue recuperado y adaptado por ideólogos como Abdul Ala Maududi, fundador del movimiento político religioso Jamaat-e-Islami que permitió el resurgimiento del Islam, y quién fue el primero en incluir este concepto en un contexto político determinado.

La guerra de Afganistán no fue la primera ocasión en que los islamistas hicieron este llamado a la Yihad, pero el contexto histórico sí resultó ser novedoso, toda vez que por primera vez existió una masa organizada de “fieles” dispuestos a llevarla a cabo. Esta llamada a la Yihad en contra de los soviéticos, supuso la puesta en marcha de un movimiento de mujahidines que estuvieron dispuestos a luchar por la defensa de la religión. Al respecto, es pertinente señalar que en dicha ocasión EE.UU., en su dinámica de apoyo a los grupos que se oponían a la U.R.S.S. (actitud muy propia de la Guerra Fría), entrenó y apoyó a estos mujahidines en su enfrentamiento en Afganistán.

Esta Yihad no finalizó en Afganistán, sino que se ha ido trasladando a los conflictos regionales en los que han estado o están implicados de una u otra forma los musulmanes. De esta forma, el propio Osama Bin Laden (durante la Guerra del Golfo del año 1991), hizo una llamada a la “guerra santa” para aglutinar a todos los musulmanes del mundo en contra de EE.UU., los judíos y los gobernantes árabes colaboradores con Estados occidentales o que apoyen las intervenciones militares de Occidente en el Oriente Medio.

Según el Informe de la Comisión para investigar los atentados terroristas contra EE.UU. del año 2001 (“11-S. El Informe”; editorial Paidós, Barcelona, 2005), Bin Laden se veía a sí mismo como el líder de una confederación internacional dedicada a la Yihad, y en dicha condición es que se dedicó a proferir diatribas en contra de EE.UU., llamando a una “guerra santa” para enfrentar la “ocupación” occidental de los territorios islámicos, concentrándose específicamente en las tropas estadounidenses como objetivo de sus ataques y argumentando para ello que era necesario “cortar la cabeza de la serpiente”, sin diferenciar a los infieles militares de los civiles, pues todos ellos constituían blancos válidos para lograr esa misión sagrada.

Respecto a la Yihad llamada por Bin Laden, es necesario resaltar que con ello se rompió por primera vez el requerimiento tradicional de que dicho llamado fuese efectuado por una autoridad eclesiástica o con la iniciativa de un Estado musulmán. La lectura que el fundamentalismo y Bin Laden hicieron de la Guerra del Golfo, fue la de una invasión de los infieles en tierras del islam, lo que permitía, según la doctrina jurídica tradicional, llamar a la Yihad a toda la “umma” (comunidad de creyentes).

Una vez concluida la Guerra del Golfo, se mantuvo la llamada, encauzada especialmente a través de la red terrorista Al Qaeda y de los movimientos islámicos radicales de todo el mundo. De esta forma, desde 1991, la Yihad se ha extendido a otros conflictos regionales tales como el de Chechenia, el de Cachemira, el de Malasia o el de Palestina. De hecho, las organizaciones integristas como Hamas han utilizado este concepto para movilizar a la población musulmana en contra de los usurpadores de la Tierra Santa (los judíos según los palestinos).

Por otra parte, la presencia de contingentes de tropas extranjeras desplegadas en países de Oriente Medio, así como las intervenciones militares de EE.UU. y/o de la comunidad internacional en el caso de la guerra de Afganistán (octubre de 2001), o en el de la guerra de Irak (2003), también han sido utilizadas por los integristas para justificar sus atentados terroristas.

Por lo tanto, si durante la invasión de Afganistán el objetivo de la Yihad fue expulsar a los soviéticos, a partir de la década de los 90 la llamada a la “guerra santa” ya no se enmarca en un escenario de guerra convencional entre dos contendientes sino que ahora la Yihad forma parte de la estrategia terrorista emprendida en contra de EE.UU., los judíos y los regímenes árabes moderados, que busca causar el mayor número de muertes entre los “infieles”, tal como ha quedado demostrado con los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington D.C. en EE.UU. (2001), y contra la Estación de Atocha en España (2004), entre otras acciones terroristas ejecutadas en forma indiscriminada en contra de Occidente.

Lo anterior, nos permite deducir que en un contexto militar la Yihad puede tener dos papeles: defensivo y ofensivo. La guerra de Afganistán contra la invasión soviética se enmarcó fundamentalmente en una acción de corte netamente defensivo, en tanto que las acciones posteriores del terrorismo global se han caracterizado principalmente por una condición ofensiva e indiscriminada.