Por Julio Soto Silva 1, 12 de julio 2019

Las necesidades derivadas de la nueva forma de enfrentar las vulnerabilidades, riesgos e incluso amenazas de diferentes orígenes que hoy en día marcan las agendas de seguridad de los Estados, han derivado a que estos últimos busquen la forma de emplear los medios del poder nacional, entre ellos sus Fuerzas Armadas, para enfrentarlos y así mantener el grado de seguridad que permita el avance hacia el logro o mantención de los objetivos nacionales, en un ambiente relativamente seguro.
Por ello, la Política de Defensa Nacional definió las Áreas de Misión que proporcionan una visión general del quehacer de la Defensa y entregan un marco de referencia común para la planificación del desarrollo de capacidades y la definición de cometidos o tareas que, en todos los niveles de conducción, las Fuerzas Armadas deben considerar para su cumplimiento, entregando además una cierta “justificación” de empleo de las fuerzas militares en misiones diferentes a su quehacer central que es la defensa de la patria, labor por lo demás es reconocida como fundamental y central en su origen y desarrollo.

Las cinco Áreas de Misión de la Defensa Nacional son: Defensa, Cooperación Internacional, Emergencia Nacional y Protección Civil, Contribución al Desarrollo Nacional y a la Acción del Estado, Seguridad e Intereses Territoriales.

Ahora bien, ¿qué significancia tienen estas definiciones políticas para las misiones de las Fuerzas Armadas?

En primer lugar, hay que señalar que las tareas y misiones que han cumplido las fuerzas armadas transversalmente en muchos países, con mayor o menor énfasis de acuerdo a la situación imperante del momento, claramente pueden ser catalogadas dentro de estas cinco áreas. Está de más señalar la acción de militares, en casos de catástrofes, como los vividos en años pasados y actuales, la acción en la construcción del Estado tal como la historia lo demuestra, basado en los fuertes militares fundados en las avanzadas fronterizas dentro de las campañas de conquista y expansión del Estado en sus territorios, que pasaron a formar las localidades, centros de gobierno y comercio y puntos neurálgicos desde los cuales el gobierno central hacía sentir su acción y apoyo a las nacientes localidades a lo largo y ancho de los países. Así, el desarrollo y resguardo de centros urbanos, comercio, puertos y vías de comunicaciones lacustres, marítimas y fluviales, recayó en las instituciones con que el Estado cuenta para su seguridad interior y exterior. Por ello no es raro, por ejemplo, que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE.UU. de NA, sea el responsable de la mantención y seguridad de las vías fluviales en los Estados Unidos, vitales para sus comunicaciones, transporte y comercio interno y externo, tarea que cumplen desde el nacimiento de ese país. Caso similar ocurre, por ejemplo, con el Cuerpo Militar del Trabajo (CMT) en nuestro caso.
Otras tareas más recientes como la cooperación para la mantención de la seguridad internacional, participando las Fuerzas Armadas en diferentes regímenes de mantención de la paz, producto de los compromisos internacionales que el Estado suscribe como miembro del sistema y en aras de la búsqueda de la ansiada paz mundial. Por ello se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que estos conceptos o áreas de misión no son nuevos.

Pero veamos el origen y fundamentos de las fuerzas armadas. Para ello necesariamente debemos remitirnos a los pilares básicos de cualquier fuerza armada y elementos estructurales internos que emergen como factores fundamentales para estudiar, conocer y desarrollarlas, siguiendo para ello el modelo que nos presenta Jaime García. Este patrón, similar a la ya conocida “Trinidad” de Clausewitz, nos muestra los tres pilares fundamentales de cualquier fuerza armada: En la cabeza de la pirámide se ubica la “Naturaleza”, o en otras palabras, el origen y función de ella, la defensa de la patria. En su base se encuentran, por una parte, las “Capacidades” o sea los requisitos estructurales, físicos, humanos y técnicos con que debe contar para poder cumplir con lo que le exige su “naturaleza”, y en el otro extremo de la base piramidal, las “Normas o Marco Jurídico”, que son las que regulan su formación, accionar, organización, tareas, momentos en las cuales pueden cumplirlas, así como la regulación de su funcionamiento, financiamiento y origen de su personal. Estos tres elementos de la pirámide se unen entre sí y le dan cuerpo y corazón, mediante la “Doctrina” que como elemento articulador, ilumina el aspecto central de su funcionamiento, misiones y formas de actuar.

¿Qué hace falta entonces para poder cumplir a cabalidad estas responsabilidades impuestas por la política?

  1. En primer lugar tener claro que la primera, fundamental e indelegable, función básica del Estado es defender a sus componentes a quienes debe su potestad; es decir al territorio, su población y su soberanía así como la mantención de sus objetivos e intereses nacionales, por ello debe cuidar la mantención de las capacidades centrales estratégicas de sus fuerzas armadas y, de paso, hacer creíble la disuasión militar que es fundamental en su estrategia global de disuasión y de su estatura político–estratégica en el ámbito de las relaciones internacionales, donde se impone la real-politik.
  2. Recordando el otro pilar fundamental mencionado, es necesario que el marco y normas jurídicas que regulan el accionar de las fuerzas armadas les permita cumplir cabalmente el resto de las misiones de “No Guerra”, principalmente en los tiempos normales de vida del país, de manera de que ellas puedan actuar sin mayores restricciones y legítimamente en las tareas de resguardo de la seguridad interior del país donde se ubican las otras áreas de misión. Particularmente en el respeto a lo establecido en las leyes de estado de excepción, en relación a relaciones de mando y de organización y de funciones de las fuerzas militares, y en el caso del Ejército darle el respaldo legal a sus acciones para cooperar al desarrollo y seguridad del Estado, en lo relacionado con la protección de fronteras y de apoyo a la gestión de Carabineros de Chile en esa tarea, sobre todo de acuerdo a la naturaleza de nuestras fronteras y de su porosidad, labores que hoy las hacen sin el respaldo legal ni presupuestario correspondiente y solo con el afán de apoyar la acción estatal.
  3. Si se pretende que ellas cumplan el resto de las áreas de misión, además de las modificaciones legales correspondientes, deben entregárseles los medios, financiamiento y entrenamiento pertinente que les permita reunir las capacidades necesarias para esas funciones que van más allá de sus funciones principales de preparación y entrenamiento para el combate. La polivalencia puede ser un medio, pero también un problema porque como dice el refrán: “lo que es bueno para todo, al final es bueno para nada”. No se puede pretender disminuir capacidades estratégicas, en la adquisición o modernización de sistemas de armas que tienen un propósito claro por otros que pueden servir para dos o más tareas, teniendo en cuenta que existen aquellos, fundamentalmente de apoyo y soporte al combate, que pueden servir para apoyar el cumplimiento de los otros cometidos.

Por lo anterior, si se le exige a las fuerzas militares orientar parte de su quehacer profesional para apoyar al Estado en estas otras áreas, aparte de la Defensa, es necesario y fundamental que no nos olvidemos de los tres pilares básicos mencionados. La naturaleza de su existencia, sus capacidades y la norma jurídica. Las Fuerzas Armadas son el último recurso y el más importante en la Defensa y Seguridad del Estado, por ello, no obstante la relevancia que estas otras áreas puedan tener en el apoyo al desarrollo del país, hay que tener presente del peligro de no caer en la tentación de cambiar su naturaleza teniendo siempre a la vista el viejo dicho que siempre hay que tener presente el peligro de ser eficiente y eficaz en lo equivocado”.

 

1 Profesor ANEPE