Las próximas claves del Asia-Pacífico: la nueva política de Defensa de Japón

Por: Prof. Ivan Witker

 

El lanzamiento de un satélite norcoreano (12.12.2012) no sólo tensionó la seguridad internacional, sino que puso sobre el tablero global una nueva clave: cambios en las políticas de Seguridad y Defensa de Japón.

La reacción nipona a la demostración de fuerza norcoreana fue el despliegue de sus sistemas de protección anti-misiles compuesto por los interceptores Patriot y los destructores Aegis Kongo, Mioko y Chokai (dotados de equipos Standard SM3 capaces de interceptar misiles), cubriendo todo el archipiélago, el que se compone de las cuatro islas grandes y 6.800 islotes y cayos que forman un verdadero nudo montañoso en el flanco nororiental del continente con una superficie algo mayor que la del Reino Unido o Alemania. Se trató del primer despliegue nipón desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y demostró capacidades bélicas sofisticadas, ultra – modernas.

Sin embargo, dicho despliegue no fue un asunto aislado, sino el punctum saliens de un proceso enteramente nuevo, que está modificando la política exterior, así como la doctrina y la praxis de la defensa de Japón y con ello generando un cambio tectónico en la seguridad global, especialmente en Asia -Pacífico.

En efecto, a comienzos de año, el parlamento había aprobado un paquete de ayuda militar al exterior por US$ 2 mil millones consistente en programas de entrenamiento y equipamiento para ingenieros militares en Timor Oriental y en Camboya. Hasta ahora, ingenieros militares nipones habían participado en misiones de reconstrucción post-conflicto, básicamente de infraestructura, en el Alto del Golán, Mozambique y Cambodia. También hace poco tiempo, Tokio había dado luz verde a un programa aún más significativo, la venta de diez buques a la Guardia Costera de Filipinas (US$ 12 millones cada uno). Todos, hechos inéditos en el período post Segunda Guerra.

Aún más. En los últimos años, de forma casi imperceptible, navíos de guerra japoneses han estado realizando visitas de cortesía a diversos países e igualmente con mínima cobertura de prensa, buques de guerra japoneses han hecho misiones de acompañamiento y aseguramiento de buques mercantes que han debido navegar por el peligroso estrecho de Malacca o frente a las costas de Somalia. Otro dato relevante: el presupuesto de las Fuerzas Armadas de Auto-defensa es el tercero del mundo y ya se lo quisiera cualquier país sin las restricciones que tienen los japoneses.

Podría decirse que la actitud japonesa empezó a cambiar de manera más drástica ya a fines del 2010, cuando afloró la tensión con China por un conjunto de islas, llamadas Senkoku (Japón)  o Diaoyu (China), la cual se ha agudizado estos últimos meses, sin que se avizore un canal de entendimiento por medio de oficios de un tercero, llámese ONU, EEUU. u otro. Pareciera que nadie está en condiciones (ni dispuesto) a entrometerse en un asunto tan espinoso como de difícil solución.

El episodio de estas islas llevó a Japón a cambiar su doctrina militar con la introducción de dos conceptos nuevos: medios flexibles y disuasión sostenible, entendidos como los pilares de la doctrina de la Defensa Dinámica. Por extensión, se decidió que bajo la nueva doctrina, se considera asunto de interés nacional la defensa de las disputadas islas Senkoku, pero también de las Ryukyu (en posesión japonesa, pero reclamadas por China), así como las Kuriles (en posesión rusa y reclamadas por Japón), lo que otorga al documento importantes connotaciones regionales. En lo práctico, la nueva doctrina significará reforzar las capacidades de su Armada, especialmente las anfibias y la decisión de participar de manera creciente en maniobras y ejercicios con otras armadas.

Nada de esto sería tan relevante si no fuese acompañada de un asunto específico, un cambio en el artículo 9 de la Constitución; un paso que, en vista de los acontecimientos, ya  se divisa a la “vuelta de la esquina”.  El problema de marras es la consecuencia más relevante del resultado de la Segunda Guerra Mundial. Por mandato constitucional, Japón no dispone  de unas FFAA “en forma”, es decir no tiene capacidades de proyección externa, sino que están limitadas a “Fuerzas de Auto-Defensa”.  El resultado de la elección del 16 de diciembre no hace sino presagiar que respaldo político interno para este cambio tan profundo existe.

Producida esta enmienda constitucional, las repercusiones geopolíticas en Asia serán mayores. Por un lado, los diferendos que sostiene con China tomarán un cariz distinto, ya que ambos países pasarán a ser interlocutores equivalentes. Por otro lado, Corea, que tampoco tiene buenos recuerdos del militarismo japonés de la Segunda Guerra y debido a múltiples otros capítulos de tiempos pasados, tomará nuevos resguardos ante un Japón dotado de proyección externa. Por de pronto, Corea ha empezado un sostenido proceso de modernización de su Armada, dotándola de misiles crucero Hyunmoo 3C capaces de atacar cualquier punto de las islas japonesas. Filipinas, que queda en las cercanías, ha estado alentando la enmienda constitucional japonesa, por estimarlas acorde a las nuevas necesidades regionales, pero en el fondo por considerar que su propia seguridad pasa por lograr un balance al creciente poderío chino.

Seis décadas de restricciones en materia de defensa parecen ir extinguiéndose y las preocupaciones de Tokio en materia de política exterior y seguridad están dando ímpetus a un proceso que, visto en perspectiva histórica y con los principios teóricos del realismo, apunta a la normalización de su soberanía.

Tokio señala que uno de los elementos que fundamenta este paso es la protección de las líneas marítimas vitales para el funcionamiento de su economía. Las rutas hacia y desde Medio Oriente así como las que atraviesan en Asia suroriental son cruciales. Otro elemento que fundamenta este proceso es el cambio de adversario. Habiendo desaparecido el peligro que emanaba de la URSS, Japón debe enfrentar ahora la amenaza que proviene de la militarizada Corea del Norte, ubicada a escasos kilómetros de sus costas y con un liderazgo político carente de toda predictibilidad. Debe recordarse que la prueba nuclear de mayo de 2009 estuvo precedida de una prueba balística el mes anterior lo que llevó a las Naciones Unidas a emitir su Resolución 1874 donde llama a endurecer las sanciones contra el régimen de Pyongyang. Finalmente, deben añadirse los contenciosos crecientes con China, un país con gastos en defensa que se mantienen en dos dígitos, y cuya solución tiene una sola cosa cierta, no ocurrirán en el corto plazo.

En síntesis,  en Asia se están re-articulando los escenarios y la proyección militar externa japonesa es el asunto más relevante que se avecina.  Son cambios que más pronto que tarde repercutirán en todo el orbe, especialmente en el Pacífico.