Los estudios de Seguridad y Defensa y el pensamiento complejo

Por: Alejandro Salas Maturana

El contexto global actual está mostrando a la Sociedad Mundial que se encuentra enfrentada a situaciones que afectan su seguridad, lo que  a pesar de los esfuerzos de los Estados por manejarlos, diversas dificultades estarían permitiendo el logro solo de éxitos limitados, porque muchos de los acontecimientos superarían sus capacidades para enfrentar los múltiples desafíos que ello implica.

El escenario mundial nos señala que en todos los continentes se están desarrollando conflictos de distinta naturaleza, con diversas manifestaciones que se transfieren de una región a otra, expandiendo la presencia de amenazas derivadas de fenómenos cuya dinámica no es fácil de comprender, generando en las personas, en las comunidades y en las sociedades que conforman, percepciones de inseguridad que se traducen en miedo y sensaciones de vulnerabilidad.

Más de la mitad del mundo está en guerra contra el terrorismo. Las olas migratorias forzadas desde el África y Medio Oriente hacia Europa y países vecinos a Siria, en especial Turquía, como consecuencia de conflictos armados en desarrollo, de persecuciones religiosas, de la pobreza y, de masivas violaciones a los derechos humanos, sumado a la acción de redes delictivas transnacionales de tráfico ilícito de inmigrantes, ha  provocado una de las mayores crisis humanitarias desde el término de la Guerra Fría.

Latinoamérica, a pesar de ser una región de paz entre los países de la región y desnuclearizada, está bajo los efectos del fenómeno de la droga, cuya presencia se extiende a todos los continentes vinculándose con el fenómeno terrorista. La pobreza, la violencia, la falta de oportunidades, de equidad y la corrupción, mantienen a la región en condiciones de inseguridad e inestabilidad, lo que junto a controversias y tensiones entre algunos Estados producen una situación de seguridad incierta.

En el contexto planteado, la pregunta que surge es ¿porqué los conflictos y problemas de seguridad actuales no se resuelven? Al contrario, los enfrentamientos como la guerra contra el terrorismo se expande al transferirse de una región a otra, y los problemas de seguridad se profundizan,  superando las políticas y acciones que los Estados aplican para resolverlos. Entonces, ¿cómo se podrían responder las múltiples interrogantes que surgen en la búsqueda de soluciones efectivas y sostenibles?

En este sentido todo señala que los estudios de Seguridad y Defensa no estarían respondiendo de manera efectiva a las necesidades del contexto, a pesar de la cantidad abrumadora de literatura disponible sobre dichos temas, derivada de investigaciones, opiniones, debates y experiencias que se utilizan para orientar políticas y estrategias destinadas a enfrentar los conflictos y problemas que afectan la seguridad global. ¿Porqué ocurre esto? Sería aventurado dar respuestas terminantes sin las suficientes evidencias que las sustenten. Sin embargo, es posible reflexionar sobre la cuestión haciéndolo desde la complejidad.

Abordar la complejidad es emprender como punto de partida la comprensión de la condición humana. Edgar Morin afirma que en el estudio de la condición humana convergen las ciencias humanas, la reflexión filosófica, las descripciones literarias, las ciencias de la tierra, la cosmología y la ecología, porque nos permite entender de dónde venimos y donde estamos[1]. En este marco, vemos que el estudio de la condición humana abarca la totalidad de la experiencia de ser humanos y vivir la vida como tales.

De estos aspectos, Gerhard Medicus señala que los rasgos humanos funcionales asociados a la cultura  son los que han permitido crear instituciones sociales y políticas, las tradiciones éticas y religiosas, el leguaje, el sentido común, el arte, la literatura, el conocimiento científico y la tecnología. En su evolución, el hombre ha logrado vivir en grupos socialmente organizados de alta complejidad que, en su esencia, se especializan en no ser especializados, porque han desarrollado capacidades múltiples que ningún otro ser vivo posee[2].

En relación con lo mismo, Anthony Giddens en su “Teoría de la Estructuración”, expresa que los entornos sociales en los que existimos no consisten en agrupaciones casuales de acontecimientos u obras, porque se construyen de acciones y relaciones humanas[3]. Por ello, la vida social es el resultado de la interacción entre actores sociales y las estructuras que conforman, a través de actos reflexivos que cada individuo realiza y que expresa a través del lenguaje.

Una de sus expresiones es el conflicto, fenómeno que se manifiesta en la interacción social violenta donde la dialéctica de poderes busca someter la voluntad del adversario para satisfacer sus intereses. A su vez, en el conflicto se aplican las disciplinas de estudio de la condición humana, y donde se enfrentan las estructuras sociales y políticas a través de las cuales el ser humano interactúa tras el logro de sus objetivos. Todo lo señalado conforma un todo único y complejo el que, a través de su estudio integral, podría explicar desde sus causas más profundas las luchas que actualmente se desarrollan en nuestro planeta.

Derivado de lo anterior, nos encontramos en un ambiente de seguridad en que se están manifestando fenómenos y situaciones complejas, multidimensionales y de límites difusos, los que están provocando inestabilidad, incertidumbres y luchas por poder, derivadas de intereses políticos, económicos y sociales, cuyos actores son los Estados, las ONG´s, las organizaciones criminales y terroristas, las sociedades, las comunidades y las personas.

En estos actores, se manifiesta la naturaleza humana que influencia en los acontecimientos donde surgen la violencia, cuyas motivaciones surgen de la cultura, de la raza y la religión, lo que condiciona su actuar a través de impulsos irracionales, fanatismos e intransigencia. Estos aspectos están presentes en los conflictos, donde los escenarios evolucionan más rápido de lo que los Estados comprenden, llevándolos a realizar acciones reactivas a partir de percepciones, incrementando el riesgo de error e ilusión. Esta misma evolución dificulta dedicar tiempo a la reflexión, lo que impulsa a actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas de los conflictos o problemas de seguridad. Ello haría difícil el diseño de estrategias apropiadas, de políticas integrales y de implementar acciones de cooperación efectivas.

¿Cómo abordar dichos desafíos? Para Morin, ello se podría lograr a través del pensamiento complejo, porque existe una falta de adecuación de nuestros saberes discordes y encasillados en disciplinas, en un mundo en que nos enfrentamos a realidades o problemas multidisciplinarios, multidimensionales, transversales, transnacionales, globales y planetarios, donde lo político, económico, social, sicológico, cultural, religioso, mitológico, ambiental y afectivo son interdependientes, interactivos e interretroactivos entre el todo y las partes, y entre las partes y el todo. Ello produce interacciones e interferencias en un número muy grande de unidades, incrementando las incertidumbres, las indeterminaciones, los fenómenos aleatorios y el azar, porque estamos en presencia de elementos fortuitos que para ser enfrentados exigen iniciativa, decisión y conciencia de las derivaciones y transformaciones del contexto, obligando a su vez a reflexionar y generar innovación[4].  

En este escenario se requiere contextualizar los saberes, ordenarlos, unirlos e integrarlos, situando toda la información en su contexto, dándole sentido a través de la unión de las dimensiones humanas y sociales presentes en él, integrándolas a los problemas de hoy. A su vez, no es conveniente separar las humanidades de las ciencias duras, pero sí es necesario utilizar la reflexión como ejercicio de traducción, reconstrucción e interpretación de la información.

Frente a lo planteado, el pensamiento complejo ordena, clarifica, distingue, precisa e integra el conocimiento para la acción. Nos prepara para lo inesperado, lo aleatorio y lo incierto, mientras que no rechaza la claridad, el orden y el determinismo, que al ser insuficientes aconsejan no programar el descubrimiento ni la acción.

El historiador John H. Elliot nos invita a reflexionar sobre la manera de observar y pensar el conflicto, cuando a propósito de la desmembración de Yugoeslavia nos dice que es importante demostrar las complicaciones y complejidades del pasado, donde todo no es bueno ni malo, sino que hay muchos matices[5]. Ello hace necesario pensar y repensar el pasado, para luego proyectarlo al presente y así entender el fondo de las causas de un conflicto. En ese ámbito, el análisis histórico aporta al planteamiento del contexto, pero está incompleto sin la concurrencia de otras disciplinas que pueden aportar a la comprensión y a la forma de enfrentar y resolver el conflicto.

Las perspectivas política, sociológica, antropológica, religiosa, económica, geopolítica y estratégica tienen mucho que decir, insertas en la visión histórica que, al llegar al presente, podría proyectar el futuro posible. Del resultado de un estudio de esas características puede surgir la estrategia y las políticas contribuyentes a la protección de los intereses propios, idealmente compatibilizados con los del adversario.

De todo lo planteado, se extrae que los estudios de Seguridad y Defensa se insertan en un contexto conflictivo, complejo e inestable, el que requiere ser comprendido en su real magnitud para resolver los problemas que afectan a toda la Comunidad Internacional. Ello requiere ser abordado a través del pensamiento complejo, lo que sugiere reflexionar sobre la experiencia humana de manera no lineal, con visión holística e integradora, considerando su multidimensionalidad, sus elementos multifactoriales y características difusas.

 

[1] MORIN, Edgar. “La Mente bien ordenada. Los desafíos del pensamiento del nuevo milenio”. Editorial Seix Barral, S.A. Barcelona, 2010.

[2] MEDICUS, Gerhard. “Being Human. Bridging the gap between the sciences of body and mind”. VWB-Verlag für Wissensschaft und Birlung, Berlin, 2015.

[3]GIDDENS, Anthony. “Sociología”,Editorial Alianza,1992.

[4] MORIN. Loc. cit.

[5] http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/03/actualidad/1357231797_126057.html