Por: Prof. Fernando Duarte M-C

 

Cuando hablamos de desastres naturales o los causados por el hombre, debiéramos asociarlo al “Ciclo Integral del Manejo del Riesgo”, pero este, lamentablemente no lo  tenemos arraigado en nuestra cultura, aún cuando somos uno de los países más propensos del planeta a sufrir los embates de la naturaleza. Tenemos más de dos mil volcanes de los cuales mucho de ellos están activos, las marejadas, tsunamis, sismos (placa de Nazca y Sudamericana), erupciones volcánicas, etc. ¿Pero sabemos qué hacer?

Al parecer nos falta mucho, siendo la  educación el eje central de todo. A ello se le debiera agregar una adecuada planificación territorial que considere el cambio climático, los incendios forestales que han aumentado producto de la acción del hombre,  como de otros factores que nos hacen ser un país muy vulnerable en donde la memoria histórica la hemos perdido y la recordamos solamente cuando vivimos un evento de grandes proporciones, momento en el cual, el interés social aumenta considerablemente al producirse un terremoto u otro desastre. Con el paso del tiempo y de vivir con cierta tranquilidad la percepción de la gente se empieza a perder y a olvidar. Por eso que la educación debe ser constante en todas las etapas del Ciclo del Manejo del Riesgo.  No debemos estar pasivos, si hubo un evento en el pasado, es inevitable que se vuelva a producir.

¿Pero que ocurre con los incendios forestales?

¿El tratamiento de la emergencia es diferente o los planes de respuesta o mitigación son distintos?

El 12 de Abril del 2014, Valparaíso (sus cerros en gran medida) sufrió uno de los incendios más grande de su historia y que afectó a miles de personas, esto en gran medida producto del crecimiento sostenido que ha experimentado la ciudad, que ha llegado a 37,5 hectáreas por año, concentrándose  mayoritariamente en los cerros tradicionales de ese puerto patrimonio de la humanidad y con una proyección de crecimiento poblacional   sostenido para los próximos años treinta años. Los terrenos que se han incorporado o se incorporarán se encuentran ubicados en una alta proporción en  la parte forestal destruida por el último mega incendio.

Si bien el crecimiento es difícil  de detener, si hay factores que  nos impiden o simplemente por razones que no son del caso analizar en esta columna de opinión, afectan directamente a las personas, sus bienes y al medio ambiente, cuando no se ha contemplado el factor riesgo y el manejo de éste, en lugares de gran concentración de población como ha ocurrido con los cerros de Valparaíso.

El crecimiento proyectado, se dirige a zonas geográficas difíciles, con la presencia de pronunciadas quebradas, problemas de accesibilidad a las vías de comunicación, dificultades de abastecimiento de agua y con un alto riesgo de incendios forestales.

El Mercurio del 21 de abril de 2014, en su cuerpo C9 señala que una de las formas de prevención de los incendios forestales, es lo que han implementado las autoridades Británicas al construir “cinturones verdes en los bordes de las zonas urbanas. Esto permite limitar el crecimiento urbano, proteger áreas rurales y generar espacios de protección”, así se disminuye el peligro, pero no la  ausencia de estos.

Cuando pensamos en desastres naturales, lo asociamos a terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, terremoto blanco, inundaciones, etc. pero los incendios forestales son considerados como de menor importancia y tarea propia de la CONAF con sus Brigadas Forestales y las acciones de la ONEMI.  Cuando escapan al control son noticia y más aún cuando afectan grandes concentraciones urbanas.

¿Por qué a los incendios forestales, no le hemos dado la misma importancia que a los otros tipos de desastres naturales o causados por el hombre?

¿Qué medidas se han adoptado para impedir que se construyan viviendas en quebradas?

¿Cómo ha sido la respuesta de los habitantes que se han tomado terrenos en quebradas sin las correspondientes autorizaciones y sin el cuidado de conservación de las mismas?

¿Qué pasa con los planes reguladores? ¿Incluyen el factor riesgo?

Hay muchas preguntas como las anteriores  que a veces quedan sin las respuesta adecuadas, lo real es que en los lugares mencionados hay  falta de planificación, déficit de servicios básicos y una morfología que se transforma en trampas mortales en caso de incendio, sumándose a ello la basura que los propios habitantes acumulan en las quebradas y que son altamente combustible.

A los factores de riesgo y a su manejo, debemos agregar la prolongada sequía  que ha afectado al país y particularmente a la V Región,  lo que quedó demostrado al tratar de sofocar el mega incendio de Valparaíso.

Países desarrollados con situaciones parecidas a las nuestras, han impedido la construcción de viviendas en quebradas. Nosotros por el contrario hemos permitido eso sin ejercer un control y con ello  ha aumentado la concentración de poblaciones. Muchas familias  lo perdieron todo, pero con seguridad volverán a construir ahí mismo, aún cuando se les ofrezcan otros lugares. Estas falencias, no dimensionan el riesgo que corren y no lo manejan ante la vulnerabilidad vivir en un lugar como el indicado sin que cuenten con una adecuada urbanización y un plano regulador que les permita vivir con seguridad.

¿Cómo podemos manejar esto?

Hoy se dan indicaciones, como las de mantener las quebradas limpias, o mejorar los corta fuegos; tener un adecuado sistema de generación de agua potable que llegue a todos los lugares, normalizar la tenencia de los terrenos, etc.

¿Lo anterior soluciona el problema?

Podríamos decir que en parte, ya que otros factores como el viento, la altura, el tipo de vegetación, la sequía, la basura, las vías de evacuación, la falta de conciencia y preocupación del hombre, pueden acelerar un incendio de difícil control y provocar uno de proporciones como el ocurrido recientemente.

Tenemos la esperanza que este mega incendio, otorgue la visión y sirva para que nuestras autoridades adopten nuevas medidas para preparar a la población ante este u otro tipo de desastres. No olvidemos como se ha mencionado, que la preparación y la educación juegan un rol fundamental. Tal como se hacen ejercicios de evacuación en el caso de terremotos y tsunami a zonas seguras, en el caso de los incendios forestales cerca de concentraciones poblacionales deberían intensificarse los ejercicios de evacuación  y establecer claramente los lugares de reunión o zonas seguras, con disposiciones claras de la forma de actuar y lo que se deba hacer.

No podemos olvidar, que al igual que las otras causas de desastres naturales, los incendios forestales tienen muchas probabilidades de que vuelvan a suceder, sólo basta con recorrer la historia de Valparaíso y apreciar que los incendios en sus cerros han sido una constante en el tiempo.  Es probable que de volver a ocurrir como el del mes de abril, no sea con la intensidad  de éste  último y más concentrado pero de igual manera va a afectar a las personas, sus bienes y al medio ambiente.

Lo ocurrido en Iquique y en Valparaíso durante este año, han demostrado que el sistema de Protección Civil y particularmente la Oficina Nacional de Emergencia, han tenido una evolución muy positiva en la Gestión Integral del Riesgo. La respuesta y la preparación han sido otras si la retrotraemos al 27 F.  El empleo de todos los medios involucrados ha dado un resultado alentador. Es el momento de seguir avanzando, tomar acciones concretas, evitar en la medida de lo posible el riesgo, tomar conciencia de su manejo y potenciar el Sistema Nacional de Protección Civil con los roles y misiones  que deban cumplir los organismos públicos y privados, las ONG´s y la sociedad organizada  en su conjunto,  teniendo como objetivo final la protección a las personas, sus bienes y ambiente ante una situación de riesgo natural o antrópico.