Por Alejandro Salas Maturana[1]

Las migraciones es un fenómeno social muy antiguo. De hecho, la historia muestra numerosos episodios de desplazamientos humanos, impulsados por la búsqueda de mejores condiciones de vida, consecuencia de crisis económicas, guerras, persecuciones políticas y/o religiosas.

En las econo¬mías más desarrolladas este fenómeno es claramente perceptible. Al respecto, el economista Jacques Attali señala que los países que se convierten en polos de desarrollo económico se transforman en atracción para la migración. También, donde hay mejores expectativas de vida, o donde aumenta el nivel de calificación de los nativos en una economía en desarrollo, se produce un ex-cedente de demanda laboral en ocupaciones de baja calificación que son asumidas por migrantes.

Sin embargo, cuando la situación económica de un país receptor de migrantes se deteriora, o se producen hechos percibidos por un Estado como amenazantes, las políticas en esta materia se vuelven restrictivas, recurriéndose incluso a expulsiones masivas de extranjeros como sucedió en Estados Unidos con los mexicanos durante la Gran Depresión de 1929. En escenarios como este no es extraño el surgimiento de discursos y políticas xenofóbicas con un preten¬dido espíritu nacionalista o proteccionista.

Siendo lo más frecuente que las migraciones respondan a la necesidad de trasladarse a lugares donde existen mejores oportunidades de trabajo y condiciones de vida más seguras, no se encuentran en la historia evidencias de que la migración, en general, y la migración irregular, en particular, representen o hayan representado un riesgo per se o una amenaza para la seguridad nacional de los Estados.

Sin embargo, la migración irregular es lo que más preocupa a los países receptores de migrantes, la que es asociada a problemas y riesgos de seguridad. Particularmente en Europa, Canadá y Australia, es donde se ha configurado una situación que, con el tiempo, ha generado la percepción de amenaza a la seguridad nacional como consecuencia de la migración musulmana. Ello ocurre porque hay casos en que se producen presiones desde algunas comunidades musulmanas hacia los gobiernos, para que se acepten aspectos culturales y religiosos ajenos a la cultura del país anfitrión, con la sospechosa intención de que de algún modo terminen imponiéndose también a quienes no profesan la religión musulmana.

Así entonces, es real que existen riesgos y amenazas relacionados con la migración. Sin embargo, es necesario ser cauteloso dando a cada factor la dimensión debida. Ello implica que cada situación que ocurre en torno a la migración no ocurre aisladamente, y abordar sus consecuencias exige la concurrencia de diversos organismos y agencias estatales y no estatales.

En este plano, es inevitable que ingresen algunos extranjeros indeseables que pueden convertirse en factores de riesgo como espías, criminales o terroristas. Tal vez por eso en muchos países hay voces y grupos xenofóbicos que conside¬ran a los extranjeros como un factor contaminante, disruptivo o intrusivo en su identidad, con capacidad incluso de poner en riesgo el desarrollo nacional. Así es como aparecen intelectuales como el historiador Peter Heather quien plantea que los inmigrantes constituyen una amenaza a la seguridad de su país.

En dicho sentido encontramos seis fenómenos o situaciones vinculadas a la migración, las cuales pueden generar amenazas, cuyas consecuencias potenciales pueden afectar a objetos referentes de seguridad como los individuos, las sociedades que conforman y los Estados. A su vez, los valores naturales que podrían sufrir efectos perjudiciales son la paz, la libertad, la vida, el trabajo, la seguridad, el bienestar, la privacidad y la riqueza material y/o espiritual.

En primer lugar está el fenómeno del Terrorismo, que incluyen amenazas como las organizaciones yihadistas que operan principalmente en Medio Oriente, África y en el Cáucaso Norte, y los grupos anarquistas insurreccionales presentes en Europa y América Latina entre otros. Dentro de las acciones potenciales que dichas organizaciones pueden realizar, está la utilización de los canales de inmigración ilegal para introducir terroristas en los países objetivos de dichos grupos, a través de la infiltración en asociaciones de migrantes. A ellos se puede agregar el reclutamiento de fanáticos y la obtención de financiamiento para organizaciones violentistas en dichas comunidades y los atentados terroristas.

La Delincuencia Organizada Transnacional es otro fenómeno donde se generan amenazas a la seguridad, existiendo a su vez una relación directa entre la migración y la criminalidad. En este sentido, el tráfico de personas y de órganos, el aprovechamiento de la vulnerabilidad de los migrantes para el delito como el tráfico de drogas, la generación de redes de prostitución y la falsificación de documentos de identidad, son situaciones que se vinculan a organizaciones delictuales de diversa índole.

Las migraciones pueden generar problemas de relaciones internacionales, a través de la acción de grupos migrantes contra los gobiernos de su país de origen. En dicho sentido, existen comunidades que han funcionado como grupos de presión de carácter étnico, religioso o político, que reproducen los conflictos existentes en sus países de origen, convirtiéndose en factor de tensión internacional. En este caso están la colonia cubana residente en Miami, y las actividades de las poblaciones kurdas y saharauis en Europa.

Los desajustes en la integración social de los migrantes, consecuencia de la falta de adaptación a la forma de vida y valores de los países de destino, hace que las comunidades de migrados se encierren en sí mismas, minimizando el contacto fuera de ellas. Ello puede provocar estallidos sociales, intentos de largo plazo de cambiar la realidad de las sociedades occidentales, produciendo en las sociedades anfitrionas sentimientos de racismo y xenofobia.

Vinculado a lo anterior, surgen en las sociedades que reciben migrantes desajustes laborales y económicos, desarrollándose la percepción de amenaza en la población nativa, y la precariedad laboral, el incremento de la economía informal e inseguridad social en los migrados. Los problemas médicos y sanitarios en los últimos, junto a la eventual reaparición de enfermedades erradicadas, o brote de enfermedades nuevas, son otros problemas que afectan al Estado que acoge migrantes, obligando a asumir responsabilidades sociales y sanitarias que implican costos adicionales al erario nacional.

Sin embargo, señalar que migrantes involucrados en estos casos son representativos de millones de persones que se trasladan a otro país en busca de una mejor vida es un error, porque no hay antecedentes en la historia, salvo extrapolaciones intelectuales o ideológicas, en que una migración importante haya sido causa de la desestabilización o desintegración de un Estado. Hasta hoy.

Entonces, cuando los procesos migratorios no son evaluados apropiadamente por el Estado, y no se adoptan medidas eficaces para enfrentar y resolver los problemas asociados, inevitablemente se provocarán conflictos al interior de la sociedad de acogida, afectando también las estructuras gubernamentales.

Por ello, los desafíos de la migración es fundamental que sean enfrentados y resueltos a través de esfuerzos de distintos actores. Más allá de que el fenómeno no sea un problema de seguridad como es considerado en algunos Estados no puede ser desatendido, porque tiene el potencial de provocar conflictos dentro del país anfitrión o, en el transcurso del tiempo, generar condiciones para que surjan amenazas de orden interno, las que de uno u otro modo se podrían vincular a fenómenos de seguridad que hoy están activos.