Observaciones sobre el concepto de “Seguridad Ampliada” y el objeto de seguridad contenidos en la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa que el Gobierno de Chile presentó al Senado el 28 de Junio de 2012.

Por. Prof: Dr. Juan Fuentes Vera. Investigador asociado, CEE- ANEPE

El concepto de “Seguridad ampliada” que está en la base de la ENSyD podría ser mal interpretado debido a su escasa difusión fuera del ámbito de la comunidad de defensa. Además, la conciliación entre este y una seguridad puesta al servicio de las personas y no al margen o incluso contra ellas merece también una aclaración.

En lo sustantivo, la “Estrategia” parte por establecer que: “…en los escenarios en que el país se encuentra inserto, variados fenómenos han ampliado la agenda tradicional de seguridad, constituyéndose en verdaderos retos para todos los Estados”[1].

           De esa apreciación deriva el concepto de Seguridad ampliada que en un acápite especial la “Estrategia” define como: “…una respuesta integral del Estado a los desafíos de seguridad que enfrenta en la era de la globalización”. En este sentido, el concepto permite superar lo que la Estrategia considera:”…Los límites rígidos entre ámbitos de seguridad, interna y externa…” Pero aclara que: “…La seguridad ampliada no elimina o cancela la diferenciación entre seguridad y defensa. Su propósito es concebir estos campos de manera más flexible, buscando la complementariedad entre las capacidades y competencias que poseen las instituciones que deben desempeñarse en ámbitos específicos de responsabilidad conforme a las leyes”. En definitiva, “…la seguridad ampliada apunta a subsanar de mejor forma los complejos desafíos asociados a una condición de seguridad que, de otra manera, suele ser fragmentaria y dispareja”[2].

Por otra parte, la “Estrategia” puntualiza como eje la protección de las personas al decir: “Más allá de las diferentes acciones previstas en esta Estrategia, el bien último será siempre la protección de las personas y la población, incluida la comunidad de chilenos en el exterior. De esta premisa se derivan todos los esfuerzos y tareas nacionales de seguridad”[3].

 

       Sin embargo, para una mejor comprensión del uso del concepto de Seguridad ampliada y su relación con la seguridad de las personas como objeto primordial de seguridad, es conveniente aclarar dos cuestiones previas. En primer lugar su inserción en un documento de esta naturaleza. En este sentido, las estrategias de seguridad son documentos programáticos cuya utilidad consiste en que dan una respuesta  integral a todo el Estado para aquéllos problemas o amenazas que afectan o pueden afectar seriamente el logro de los objetivos nacionales, especialmente en términos de la seguridad y el futuro de la sociedad y por otra parte no menos importante, en su condición de instrumentos de diplomacia pública entregan una proyección del país en el entorno internacional respaldando su accionar en materias de seguridad.

      El segundo aspecto a destacar es el origen teórico del concepto de Seguridad ampliada. Sobre este punto es necesario insistir en que la necesidad de plantearse nuevas políticas o estrategias de seguridad nacional se fundamenta en el cambio del escenario mundial que ha llevado a una revisión de las teorías y conceptos tradicionales que ya han resultado superados por el avance de los acontecimientos post guerra fría y sin duda por la globalización.

       Así, para entender la inclusión de nuevos conceptos en estrategias como la que el gobierno ha presentado a consideración del Senado, resulta indispensable diferenciarlos de los conceptos anteriores.

        Durante la Guerra Fría prevalecieron como marco teórico de la seguridad el “Realismo” y el “Neorrealismo”, como versión actualizada del anterior. Estos enfoques centraban el análisis en la capacidad de mantener la supervivencia del Estado, lo que se tradujo en un incremento de los recursos militares y económicos y en una atención especial a la “Seguridad Nacional”, de cuestionada memoria. El neorrealismo específicamente ofreció una teoría completa de la seguridad y un objetivo concreto para la elaboración de políticas de seguridad que incrementaran la capacidad de influencia y los recursos que garantizaban esta supervivencia del Estado ante las amenazas propias de la época en que se formuló, llevando incluso a una securitización exagerada cuando el mundo se encontraba al borde de la catástrofe nuclear. Las personas no eran consideradas en estos enfoques, solamente el Estado que era concebido además como un actor racional y unitario. Los conflictos intraestatales fueron también enfrentados en la lógica de la supervivencia estatal.

        Al superarse este crítico período en la historia de la humanidad, surgieron nuevas conceptualizaciones, entre las cuales es importante destacar dos de ellas porque nos parecen el fundamento de la Estrategia propuesta por el Gobierno de Chile.

           La primera conceptualización en lo que a nuestro país concierne, emanó de la Conferencia sobre Seguridad en las Américas, celebrada en México, el 28 y 29 de octubre del 2003 en la que Chile participó y que estableció lo siguiente: “ Nuestra nueva concepción de la seguridad en el Hemisferio es de alcance multidimensional, incluye las amenazas tradicionales y las nuevas amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad de los Estados del Hemisferio, incorpora las prioridades de cada Estado, contribuye a la consolidación de la paz, al desarrollo integral y a la justicia social, y se basa en valores democráticos, el respeto, la promoción y defensa de los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación y el respeto a la soberanía nacional”…“Cada Estado tiene el derecho soberano de identificar sus propias prioridades nacionales de seguridad y definir las estrategias, planes y acciones para hacer frente a las amenazas a su seguridad, conforme a su ordenamiento jurídico, y con el pleno respeto del derecho internacional y las normas y principios de la Carta de la OEA y la Carta de las Naciones Unidas”[4].

        La segunda provino del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. En 1994, el PNUD emitió un Informe que incorporaba el concepto de “Seguridad Humana” en un momento en que se estaba en medio de una intensa discusión teórica debido a las limitaciones que evidenciaba la forma tradicional de entender la seguridad. El concepto de seguridad en consecuencia se ampliaba y ya no era solamente una visión abstracta del Estado centrada en la soberanía territorial y en su supervivencia. Se trataba  de poner en primer lugar la preocupación por la vida de las personas y por su dignidad y entenderla en sus aspectos políticos, económicos, sociales y medioambientales. Por otra parte, las amenazas que se configuraban entonces eran de carácter global y provenían del narcotráfico, el terrorismo, la degradación medioambiental etc. De esta manera, el Informe del PNUD señaló que: “… las dimensiones de la seguridad humana son la política, la económica, la salud, la medioambiental, la personal y la comunitaria, las que forman un todo integral e indivisible…”[5]

         De esta manera, resulta comprensible que la ENSyD ponga en primer término la seguridad de las personas. Al hacerlo recoge la actual manera de entender lo que debe ser el objeto primordial de la seguridad y, conjuntamente, al asumir un concepto de Seguridad ampliada permite la necesaria flexibilidad frente a la incertidumbre generada por la existencia de riesgos y amenazas  de variada índole propios de nuestra época que no pueden dejar de ser asumidos por el conjunto del Estado, considerando que generalmente lo que ha prevalecido es una tendencia a la sectorialización de los problemas, lo cual no debe confundirse en forma alguna con los supuestos teóricos de concepciones anteriores.

     Finalmente cabe señalar que en determinadas circunstancias en las cuales los estados pasan por situaciones complejas que los ponen a prueba podría pensarse en que las acciones destinadas a garantizar su seguridad volverían a sustentarse en las antiguas teorías, es decir, a un retorno del “Realismo”. Sin embargo esto queda desmentido por el protagonismo que ha tenido la sociedad civil en los últimos tiempos que ya no permite al Estado ser el único actor presente en el escenario, a lo que se suma la consiguiente universalización de los valores que sustentan la dignidad de las personas, de lo cual indudablemente el enorme desarrollo de los medios de comunicación social forma una parte esencial.

 


[1] Consulta de S. E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera Echenique, al Honorable Senado de la República sobre la “Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa” 2012-2024,  Santiago, 28 de junio de 2012, p. 1.

[2] Ib. Idem

[3] Op. Cit, p. 3

[4] Declaración de la Conferencia sobre Seguridad en las Américas, celebrada en México, el 28 y 29 de Octubre del 2003.

[5] Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, 1994.