Preocupaciones estratégicas y capacidades militares ante amenazas multidimensionales

Por: Fulvio Queirolo P.

Magister en Ciencia Política, seguridad y defensa

En la teoría de las Relaciones Internacionales, podemos concordar en que la aparición de múltiples actores, tanto estatales como no estatales, han transformado sustancialmente el panorama global estructurado bajo una visión bipolar, modificando paulatinamente su concepción hacia un sistema multipolar, proceso que se percibe como beneficioso por sus alcances globalizadores, vinculados al desarrollo económico, político, social y cultural, entre otros, que han impulsado la cooperación internacional, augurando de paso una disipación de los conflictos interestatales, como lo concluye Themnér y Wallensteen del Peace Research Institute Oslo (SIPRI) [i].

Sin embargo, dicho análisis ha presentado ciertas dificultades para explicar la naturaleza de otras formas de conflictos armados, como lo fundamentan Münkler[ii] o Kaldor[iii], cuando se refieren al nuevo “carácter de los conflictos modernos, postulando sobre las “nuevas guerras” cuya principal característica ha sido la de permear las fronteras estatales.

Efectivamente, los hechos acaecidos luego de la caída del muro de Berlín, nos revelan la presencia, cada vez más evidente, de otras manifestaciones asociadas al conflicto, conocidas como “amenazas multidimensionales”[iv], fenómeno que si no es bien identificado y tratado oportunamente posee una alta probabilidad de propagarse, afectando las condiciones de seguridad establecidas tanto en el ámbito local como global.

En este contexto, se coincide con lo expresado por el académico Mariano Bartolomé[v], cuando establece que aquellas amenazas no tradicionales y los conflictos armados geográficamente lejanos, se han tornado en cercanos, condición que afecta las tradicionales visiones sobre estos fenómenos.

En consecuencia, resulta oportuno cotejar posiciones respecto del rol que deberían jugar los organismos encargados de la seguridad y la defensa estatal para responder ante estos nuevos fenómenos, tanto a nivel interno como externo. En esta línea identificamos en el primer caso aquellos como Caro y Rodríguez[vi], propician la integración, la cooperación y la asociación como elementos cardinales para disminuir las tensiones sociales, políticas y económicas que pueden desencadenar en un conflicto; en el segundo caso están aquellos como Münkler, señalando que ambas funciones no pueden quedar excluidas de este nuevo ambiente internacional, toda vez que las crisis y los conflictos continuarán arriesgando y erosionando la estabilidad internacional y, por consiguiente, la gobernabilidad, concluyendo que “la esperanza en un nuevo orden mundial pacífico que se suscitó a partir de 1990 hace tiempo que se ha venido abajo”[vii].

Asumiendo que dichas posiciones poseen fortalezas y debilidades, lo cierto es que la comunidad internacional ha conocido de las consecuencias que pueden traer consigo las nuevas amenazas, como lo indica Álvarez Fuentes cuando nos advierte “que no conocen fronteras, gobiernos, ni orden establecido”[viii], generándose espacios para desestabilizar grandes áreas o zonas estratégicas mundiales.

Lo anterior, tiene efectos directos sobre el modelo de seguridad y defensa que se debería adoptar para hacer frente a este nuevo escenario internacional, toda vez que la brecha que media entre las fronteras internas y externas se han aproximado a tal extremo que prácticamente se ha hecho difuso el límite entre la seguridad y la defensa, por consiguiente se podría inferir respecto de aquella noción que refleja la existencia de una separación entre ambas funciones no se encontraría en sintonía con los retos del actual ambiente internacional.

Premonitoria se considera la contribución hecha por John Griffiths[ix], al momento de proponer y aclarar los alcances del fenómeno conocido como nuevas amenazas en el entorno regional, logrando así identificar su real dimensión en términos de conceptualizar qué se consideraría un riesgo y qué se entendía por amenazas a la seguridad, planteando la necesidad del establecimiento de una estrategia para enfrentarlas de mejor manera.

En el contexto señalado, los Libros de la Defensa han cumplido un padrón de explicitación de una Política de Defensa Nacional desde su primera edición en 1997, la cual se ha ido actualizando en cada versión, como la del 2002 y 2010 respectivamente, acorde al entorno estratégico, sin embargo habiendo definido y conceptualizado las nuevas amenazas o amenazas multidimensionales que pudiesen afectar a la Región y al Estado Chileno, se ha optado por ir excluyendo al sector defensa de una participación más directa para enfrentarlas, otorgando dicha responsabilidad a las fuerzas encargadas de la seguridad interna, desconociéndose así el carácter de multidimensional y multisectorial de estas nuevos fenómenos[x].

Lo expresado precedentemente tiene una raíz histórica y filosófica basada en que el origen del libro de la defensa y sus posteriores ediciones, tuvo como fundamento explicitar, en el entorno regional, una política militar bajo la lógica de implementación de Medidas de Confianza Mutua (MCM), como lo manifestaran Varas y Caro, al precisar que su objetivo era “reducir los riesgos de conflicto armado y generar transparencia gubernamental respecto del gasto militar [xi]; pero si se trata de diseñar respuestas sobre el cómo responder a los desafíos de seguridad y defensa, necesariamente estaríamos hablando de una estrategia, y en este caso, de seguridad y defensa, que va más allá de MCM., ya que requiere, según Rojas, la interrelación de otros actores y mayor interdependencia sectorial[xii], aspectos fundamentales para comprender los nuevos fenómenos multidimensionales.

Por otra parte, el año 2010 el Estado de Chile mediante Ley N° 20.424 “Orgánica del Ministerio de Defensa” [xiii], junto con modernizar el sector defensa y prosiguiendo la línea establecida por los libros de la defensa,  persevera en señalar sobre la importancia que reviste para el Estado establecer la organización, despliegue y empleo de Fuerzas Armadas para enfrentar crisis internacionales y guerra exterior.

Con lo expuesto, se desea asentar que pese a todos los avances conceptuales y organizacionales vinculados a la Seguridad y Defensa, ambas funciones conservan una concepción estratégica orientada a satisfacer las demandas sectoriales, trayendo consigo variados efectos que estarían repercutiendo finalmente en el diseño estratégico que se requeriría para enfrentar las amenazas con carácter multidimensional.

En este contexto, se considera que el Estado de Chile, mediante la elaboración de una Estrategia que aproxime los ámbitos de la Seguridad y la Defensa, debería ser capaz de identificar aquellas áreas y roles donde el instrumento militar lograse tener una participación más activa en la contención, mitigación y reducción de los nuevos fenómenos multidimensionales, consiguiendo sumar un recurso especializado en la búsqueda de los objetivos básicos del Estado-nación, cual es brindar paz, seguridad y desarrollo a su población.

 

[i]      THEMNÉR, L and WALLENSTEEN, P., Patterns of organized violence, 2001 – 2010. En SIPRI, Yearbook 2012. pp. 65 – 83.

[ii]     MÜNKLER, H., “Viejas y nuevas guerras”. Asimetría y privatización de la violencia. Traducción Siglo XXI de España Editores, Primera Ed. 2005. 183 p.

[iii]    KALDOR, M., New and Old Wars: Organized Violence in a Global Era, Stanford, Stanford University Press, 2001. pp. 1 – 68.

[iv]    En la Conferencia Especial sobre Seguridad, desarrollada en Ciudad de México el 27/28 de Octubre de 2003, la Organización de los Estados Americanos (OEA), establece como “Valor compartido y Enfoque Común” una nueva concepción sobre la seguridad, señalando: “Las amenazas, preocupaciones y otros desafíos a la seguridad en el Hemisferio son de naturaleza diversa y alcance multidimensional y el concepto y los enfoques tradicionales deben ampliarse para abarcar amenazas nuevas y no tradicionales, que incluyen aspectos políticos, económicos, sociales, de salud y ambientales”.

[v]     BARTOLOMÉ, Mariano César. Una Visión de América Latina desde la Perspectiva de la Agenda de Seguridad Internacional Contemporánea, Revista Académica cuatrimestral de publicación electrónica, N° 23, Junio-Septiembre 2013, Grupo de Estudios de Relaciones Internacionales (GERI), UAM, Madrid. pp. 34-64.

[vi]    CARO, Isaac. y RODRÍGUEZ, Isabel. El Enfoque del Diálogo Civilizacional desde América Latina, Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, N° 11, 2016. pp. 147 – 169.

[vii]    MÜNKLER, H., 2005. Op. cit. p. 175.

[viii]   ÁLVAREZ, F. Gonzalo. Nuevas Amenazas y su Impacto en la Seguridad Interna: El Caso Chileno en Perspectiva Comparada. Pontificia Universidad Católica de Chile, Documento de Trabajo N°23, Noviembre, 2007. p. 122.

[ix]    GRIFFITHS, John. Seguridad Hemisférica en América Latina. Alcances y Proposiciones. GCG. Georgetown University – Universia, 2007. Vol. 1, Num. 1. pp. 88 – 104.

[x]     MINISTERIO de Defensa Nacional (MINDEF),  Libro de la Defensa Nacional (LDN), Santiago 1997, 2002, 2010.

[xi]    VARAS, Augusto y CARO, Isaac. Medidas de Confianza Mutua en América Latina.  FLACSO, Stimson Center, Ser. Santiago, Chile, 1994. pp 37-57.

[xii]    ROJAS, A. Francisco. Las Medidas de Confianza Mutua: Perspectivas desde Chile. FLACSO, Año 17, N° 1 Enero-Junio, 2002, pp. 32-43.

[xiii]   LEY N° 20.424. Ley Orgánica del Ministerio de Defensa, Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, 2009.