Reflexiones acerca de la Política de Seguridad y Defensa en un escenario internacional complejo

Por: Dr. Jaime Abedrapo Rojas

 

Pasando por etapas y énfasis distintos (reinserción política con Aylwin, amalgamiento de acuerdos económicos con Frei, la solidaridad activa del Presidente Lagos y la priorización selectiva de la Presidenta Bachelet hacia las potencias emergentes, (like minded counties y países vecinales), para posteriormente en la administración Piñera estrechar lazos con el Alianza del Pacífico, ahora el énfasis a nivel regional pudiera estar en materias de gobernabilidad y aspectos políticos esenciales para aumentar la voz de la región en la escena internacional. Al respecto, la defensa y seguridad cobrarían especial relevancia en tópicos propios de la estrategia de desarrollo.

CONTEXTO INTERNACIONAL

El Siglo XXI nos demanda desarrollar una política internacional con visión de futuro que permita anticipar, en un escenario complejo y dinámico, tanto los problemas como las oportunidades emergentes. Sobre todo desde la seguridad y defensa, las que han sido mandatadas para ser un vector central en el proceso de coordinación regional, entiéndase tras esta afirmación el papel asignado al Consejo de Defensa Suramericano (CDS) y el Consejo de Seguridad Pública de la UNASUR.

Junto a las antiguas lógicas y ecuaciones, hoy hay nuevos actores que se perfilan en el escenario mundial, nuevas prioridades de seguridad y nuevas dinámicas que mueven la política global. A diferencia del pasado, vivimos en una época de transformaciones radicales donde se enfrentan sistemas de creencias y valores que se amalgaman y/o desplazan la lógica tradicional de confrontación de bloques geográficos o de Estados-naciones. Los liderazgos globales típicos de la Guerra Fría hoy se han dispersado y aunque EE.UU. es indiscutiblemente la única superpotencia global sobreviviente, ello no desvirtúa la existencia de un proceso de cambios en las condiciones y correlaciones de poder, que están significando un espacio para nuevos liderazgos (el poder se ha fragmentado).

Un mundo global cambiante y contradictorio como el actual se caracteriza por el binomio de desafíos y oportunidades, lo que hace imprescindible entender mejor la naturaleza y dirección de los procesos y actuar en consecuencia con un sentido estratégico de modo de reducir las amenazas y consagrar los intereses del país. Necesitamos de una matriz estratégica de política exterior que involucre la totalidad de capacidades de Chile en la construcción de escenarios posibles, diseños preventivos, políticas exteriores flexibles, diplomacias modernas y ágiles, y una mirada de largo plazo que marque un rumbo y se adelante a los acontecimientos. En ese escenario, y por lo señalado, el MDN debiera aumentar su participación propositiva en estas materias ante estas nuevas circunstancias.

Chile es un país mediano en el escenario mundial, pero cuyo peso e imagen son bastante mayores de lo que indican los datos cuantitativos y/o tradicionales de poder. Es visualizado como un país emergente (y paradigmático) con su nueva estatura político-estratégica.

Los principios centrales a mantener son respeto al derecho internacional, solución pacífica de las controversias, promoción de la paz y la seguridad, respeto a los derechos humanos y valores democráticos,  cooperación internacional, multilateralismo, etc. Estos deben estar  apuntados en tres sentidos. Primero continuar defendiendo y promoviendo los intereses globales de Chile en el mundo. Segundo, constituirse en país puente para la consagración de la sinergia regional a través de la cooperación, concertación y la integración en la perspectiva de empoderar el estatus y rol de la región en el mundo. Tercero,  proponiendo una serie de cambios estructurales en el escenario internacional, a partir de las lógicas de la seguridad cooperativa y la seguridad humana, orientados a tres objetivos: a) garantizar un suministro adecuado y universal de los llamados bienes públicos globales; b) construir un sistema basado en los derechos humanos y la democracia; y, c) promover un cambio en el sistema económico-financiero internacional en la perspectiva de superar las asimetrías y desigualdades que han caracterizado estas relaciones. Ello como un marco general o paraguas para las directrices de la política exterior.

DESAFIOS EN UN ESCENARIO INTERNACIONAL COMPLEJO

Gobernar la globalización

La sociedad internacional se encuentra inmersa en una fase de profundas transformaciones. Este proceso está presidido por la globalización, la interdependencia creciente entre las naciones y las fuerzas que empujan hacia la fragmentación, que muestra con mayor nitidez la necesidad de cooperación. Esta nueva realidad se complementa con la aparición de múltiples actores en el ámbito internacional, conformando una sociedad civil compleja de alcance planetario.

Mientras no se consiga orientar – orden político – a los actores globales habrá incertidumbres y discusiones relativas al uso y goce de los bienes públicos universales (derechos humanos, medioambiente, etc), careciendo el sistema internacional y regional de gobernabilidad y, por lo mismo, detentando una naturaleza caótica y ambigua que incide en vastos sectores, cuestión que es fuente de inestabilidad.

Dotar de gobernanza (horizontalidad versus la verticalidad de la gobernabilidad) a la globalización constituye el principal desafío a solventar. Un país de peso mediano como el nuestro no puede garantizar su supervivencia nacional ni pretender crear más libertad y oportunidades para sus ciudadanos, sin incorporarse plenamente al mundo de la globalización a través de la integración regional y mundial, el multilateralismo y la cooperación internacional.  Sin embargo, nuestra inserción en el procesos de globalización desde esferas fundamentales no es sólo una manifestación de realismo político, sino y principalmente un tema de convicciones, de adhesión a la democracia, a la libertad, a los derechos humanos y a la inclusión.

Más multilateralismo

La reivindicación del multilateralismo y sus instituciones fundados en el derecho internacional, la conciliación y el compromiso político para la solución de las controversias, sobre la base de la noción de intereses y responsabilidades compartidas, entonces, constituye un objetivo fundamental que Chile debe seguir impulsando activamente en todas las esferas de su quehacer internacional. Esta política debe formularse a partir de un redefinición de nuestra capacidad objetiva para desempeñar roles e influir en los procesos y discusiones mundiales, teniendo en cuenta el nuevo estado de desarrollo que hemos alcanzado como país y de las nuevas responsabilidades que de ella se derivan, así como de una redefinición de la percepción  que tenemos sobre nosotros mismos de modo de evitar autorestricciones arbitrarias y/o producto de un acervo conservado de carácter histórico.

El multilateralismo es un compromiso estratégico del país, de su política exterior,  en el plano subregional (Mercosur), regional (UNASUR, Grupo de Río, OEA) y especialmente global (ONU, OMC).  Para los países menos fuertes, las reglas del derecho internacional y los acuerdos negociados multilateralmente son barreras de protección ante la arbitrariedad o discrecionalidad política, económica o militar del más fuerte, además de empoderar las respuestas a desafíos internacionales provenientes de fuentes históricas y de aquellas nuevas ligadas a las llamadas “guerras asimétricas”.

Chile deberá marcar una presencia aún mayor en Naciones Unidas, en su proceso de reformas (en especial de su Consejo de Seguridad), en las Operaciones de Paz,  como miembro del asiento no-permanentes en el Consejo de Seguridad y en las organizaciones interregionales, regionales y hemisféricas, así como en la adhesión y promoción de materias específicas como el desarme (adhirió a la Convención para la Proscripción de las Armas Químicas, los Acuerdos de Tlatelolco, el Tratado de No Proliferación Nuclear, el Tratado de Proscripción Total de los Ensayos Nucleares y el Tratado para la Proscripción de las Minas Antipersonales, etc), el derechos internacional (el Parlamento ratificó nuestra incorporación al Tribunal Penal Internacional), la lucha en contra de la pobreza (Metas incumplidas del Milenio), la degradación del medioambiente y el cambio climático, etc. La seguridad mundial es, más que nunca, una tarea colectiva. La existencia de amenazas que traspasan las fronteras nacionales requiere de respuesta cooperativas entre las naciones.