Segundo Mandato de Obama: ¿Algún Cambio Hacia la Región?

Por: Prof. Mladen Yopo Herrera (*)

            El 6 de noviembre de este año, se realizaron en Estados Unidos una de las elecciones presidenciales más dicotómicas, movilizadas y caras de su historia. No sólo se enfrentaron las posiciones más conservadoras del republicanismo (casi puro Tea Party) con un pronunciado liberalismo demócrata (El País decía que “Nunca se había parecido tanto Barack Obama al Obama de 2008”), sino que esta “radicalización” llevó a la movilización de millones de estadounidense tras el voto (Hay una buena columna de Ariel Dorfman al respecto) y a un gasto en campaña de 2.600 millones de dólares en publicidad y propaganda (6.000 millones si se consideran las otras elecciones como las legislativas, de gobernadores, etc.).

            El Presidente Obama se impuso finalmente sobre Mitt Romney por la mayoría del voto electoral y también del voto popular al conquistar principalmente la adhesión latina (71% lo favorecieron: son 50,5 millones, representan el 16 % de la población y el 12 % del electorado y crecen rápidamente), la afro-estadounidense, de las mujeres y de los jóvenes, quienes apostaron a darle una segunda oportunidad para que realice las promesas incumplidas y su promesa de que “lo mejor está por llegar” en el país de Lincoln, Roosevelt y Kennedy entre otros. .

El Desafío de lo Interno.

            Edward Malefakis en una  columna en el diario El País de España, señalaba que estas elecciones para el 44º presidente de la primera potencia mundial, han sido “las más trascendentales de la historia norteamericana. Explica que son de una importancia comparable a las de 1948, las que permitieron a Harry S. Truman configurar el nuevo orden mundial que prevaleció hasta los años noventa, y a las de 1960, que hicieron posible que John F. Kennedy, primero, y Lyndon B. Johnson, después, pusieran en marcha la gran cruzada que otorgó por fin plenos derechos civiles a los negros de EE.UU. (Johnson, además, dio varios pasos importantes hacia la instauración de un Estado del bienestar aunque la guerra de Vietnam empañó esos logros).

            Sin embargo,  para que el Presidente Obama ancle su sello, expresado en que “lo mejor este por llegar” como lo expresó en su campaña y adquiera la trascendencia que le da Malefakis (con la cual yo concuerdo), deberá lidiar con tremendos desafíos internos y externos.

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(*)  Profesor y Coordinador Área de Ciencias Sociales de la ANEPE, Profesor de las Universidades de Chile y de Santiago, y de la Escuela de Gendarmería.

            A nivel interno, un primer desafío vital es el de recomponer las confianzas de una trizada escena política mediante señales bipartidista, políticas de consenso, donde ya ayuda el “mea culpa” de los republicanos de haber virado hacia la derecha. Sin embargo, esto no quiere decir quedarse esperando una negociación, sino que (y si es necesario) promover una proactividad decisional propia aunque los republicanos dominen la Cámara de Representantes (el Senado es demócrata) en busca de soluciones principalmente económicas. Claramente no es hora de esperar, no hay tiempo y deberá tomar la iniciativa.

            En segundo lugar e inscrito en la esfera económica, el desafío se ancla en la necesidad de empezar a superar la crisis reduciendo la tasa de desempleo, la que permanece por encima del 8% (es decir, más de 23 millones de estadounidenses están desocupados o subempleados, además de aquellos que tienen salarios precarios). Esto implica también fortalecer la educación y la salud pública (“Obamacare”), fortalecer la competitividad, garantizar la independencia energética para el 2020 hasta la reforma migratoria que prometió a los latinos que votaron por él por segunda vez y que podría legalizar a unos 12 millones de indocumentados.

            Para todo lo anterior es claro que se necesita plata, sin embargo, el gobierno arrastra una deuda pública que asciende a la astronómica cifra de 16 millones de millones de dólares y un déficit presupuestario de un millón de millones de dólares. Obama ha planteado subir los impuestos a los ricos para evitar un posible abismo fiscal (700.000 millones de dólares) y caer en recesión. Como dice el Premio Nobel, Joseph Stiglitz, subirle los impuestos a ese 1% de la población que obtiene el 25% de los ingresos y controla el 40% de la riqueza del país. Ese 1% que disfruta de lo mejor en viviendas, educación y estilo de vida, ignorando que su suerte está ligada a cómo vive el otro 99%. El propio Presidente Obama rechazó la propuesta republicana para la solución del abismo fiscal y refirmó la necesidad de subir los impuestos y hacer recortes fiscales, diciendo que “vamos a tener que ver subir las tasas del 2% más rico y no vamos a ser capaces de lograr un acuerdo sin eso”  (Diario Financiero del 5/12/2012).

            Otro factor del desangramiento de la economía estadounidense, han sido los dos teatros de conflictos en que está involucrado: Irak e Afganistán. De acuerdo al mismo Stiglitz, sus costos han “alcanzado órdenes de magnitud que fueron más allá de los US$ 60 mil millones”,  costo que aumentarán con el tratamiento médicos a los llamados “veteranos” (más de 600 mil ya se han atendido) y los pagos por incapacidad. Todo ello, sin contar los llamados daños colaterales de millones de civiles en ambos países (muertos, heridos, refugiados, perturbados, hambreados, etc.) y de los incalculables costos sociales como los suicidios de veteranos y desintegraciones familiares. Retiradas las tropas de Irak desde 2011, el Presidente Obama se comprometió con el retiro de las tropas de Afganistán a finales del 2014.

            Si Obama no se logra evitar este abismo y reactivar la economía interna, el mercado mundial y estadounidense podría sufrir grandes impactos, incluso caer en recesión afectando una posible candidatura demócrata (léase posiblemente de Hillary Clinton) para el 2016.

El Ojo Externo Puesto en Asia.

            La tradición dice que los presidentes de EE UU dedican su segundo mandato a dejar su huella en la historia, su sello y, por lo mismo, dedican más tiempo a la política internacional.  Ahí está los ejemplos de Ronald Reagan y su diálogo con Mijail Govachov, de Bill Clinton en su esfuerzo por un diálogo fructífero entre palestinos e israelíes en Camp David o de George Bush Jr. en su guerra contra el terrorismo.

            Sin embargo y claramente, las circunstancias internacionales no le son muy favorables al Presidente Obama para este propósito al plantearse una serie de problemas que requieren de una solución urgente en este mundo de poder fragmentado y de cambios vertiginosos. Ahí están el programa nuclear de Irán y su mayor influencia regional tras los levantamientos en el Medio Oriente (Teherán ha sorteado bien las sanciones económicas), la guerra civil siria y el genocidio humanitario y/o la inestabilidad en general del Medio Oriente como se ve en las nuevas protestas en Egipto y dónde se plantea la posibilidad de una ingobernabilidad generalizada al no haber un sistema de partidos fuerte (y alternativo) en medio de la presencia creciente del factor religioso. Washington, por lo mismo, necesita la estabilidad y amistad del Presidente egipcio, Mohamed Morsi para el control-estabilidad de esta situación “explosiva”.

            También está en las primeras prioridades de la agenda de EE.UU. el desgarrador conflicto palestino-israelí. Hillary Clinton estaba en Camboya acompañando al Presidente Obama en la última gira que harían juntos como las más altas autoridades internacionales de EE.UU., cuando tuvo que cambiar precipitadamente de itinerario para atender el escalamiento de la crisis de Gaza. Exponer a la principal responsable de la política exterior y figura más visible de su Administración a los riesgos de un conflicto tan complejo, es un signo claro de que este asunto figurará entre las prioridades de Obama en los próximos cuatro años. El Presidente entiende que en su solución está, no sólo la posibilidad de defender a su aliado Israel, sino la posibilidad de establecer una relación más estable y armónica con el mundo árabe y musulmán (y el petróleo por cierto), y con ello fortalecer su rol de hegemón en un escenario internacional incierto. En esta dirección Hillary Clinton a su llegada a Jerusalén declaró que “Estados Unidos trabajará con nuestros socios en Israel y en toda la región para conseguir seguridad para el pueblo de Israel, mejorar las condiciones del pueblo de Gaza y avanzar hacia una paz global para todos los pueblos de la región”.

            La persistente crisis económica europea y su debilitamiento político, es un factor alarmante para Washington al ser estos países sus principales aliados, sobre todo, en un escenario internacional de disputa de poder. En la esfera europea, además, se le suma la preocupación por Rusia a partir de su política hacia el Medio Oriente, su débil democracia, el sistema de defensa antimisiles-DAM en Europa y el cumplimiento del tratado sobre armas nucleares, entre otros.

            La República Popular China es quizás la preocupación más estratégica de Estados Unidos tras su ascenso pacífico.  Y datos sobran para ello. 1.300 millones de personas, con un crecimiento de alrededor del 10% anual por 30 años con impactos en todas las áreas de la sociedad, un ejército moderno y una cultura de más de 7 mil años, hacen una eficiente combinación de poder y que Pekín esta dispuesto a ejercer.

            El estancamiento de la economía de EE.UU., su gran déficit comercial con China (en el 2010 importó US$ 365 mil millones y las exportó sólo US$ 92 mil millones), la dulzura del capital chino (es el principal comprador y tenedor de bonos del Tesoro de EE.UU.), han hecho en el 2012, de acuerdo a  la agencia Associated Press, que China sea el socio comercial más importante para 124 países frente a los 76 de Washington (antes de la crisis era al revés, con 127 para EE.UU. y  70 para China). Precisamente, el primer viaje de Obama fue a Asia (Camboya, Myanmar y Tailandia), el cuarto en cuatro años, en la perspectiva de expandir la influencia de Estados Unidos en la zona más dinámica de la economía mundial para contrarrestar la presencia China, abrir nuevos mercado (Obama se ha propuesto duplicar las exportaciones estadounidense para el año 2015) y anclar parte del legado del propio Obama (Julie Pace, Infobae 17/11/2012).

            Estos y otros hechos amenazan los flancos de la seguridad y la economía de la primera potencia en el “año del dragón”, pero que hoy carece de capacidad de ejercer una mayordomía a nivel mundial.

La Postergada América Latina.

            Los gobiernos latinoamericanos, en general, se apresuraron a felicitar al Presidente  Obama por su reelección e hicieron votos para que en este nuevo período mire más “hacia el sur” como señaló el ex presidente hondureño, Ricardo Maduro (Televisa 7/11/ 2012) en vista a afianzar una “relación entre iguales” como lo prometió el propio Jefe de la Casa Blanca en su primera Cumbre de las Américas.

            Era lógico pensar que en este convulsionado escenario internacional EE.UU. se fijaría con mayor detención en países cercanos geográfica y políticamente. Pero América Latina ya dejo de ser una preocupación para Washington, al no ver un foco rojo que en los sesentas los hizo exportar la “Alianza para el Progreso” y posteriormente el famoso y fracasado “Consenso de Washington”, entre otros. Esto ha llevado al ex Vicecanciller mexicano, Andrés Rozental, a decir que “Estados Unidos no va a tener la posibilidad de hacer más con América Latina de lo que ha hecho”. Esta hipótesis es compartida por Margaret Myers, directora del programa de China y Latinoamérica en el centro de estudios Inter-American Dialogue, cuando señala que “el rol de Estados Unidos en Latinoamérica ha disminuido. Y diría que es muy improbable que vuelva a ganar el tipo de influencia sobre la región que alguna vez tuvo”.

           Es bueno preguntarse, entonces, ¡qué paso con esta relación después de transcurridos 4 años del prmer mandato del Presidente Obama?. Para tratar de visualizar algunas perspectiva de futuro.

            Bueno, primero que nada se constata que viajó en 3 oportunidades a la región. Estos viajes incluyeron dos a  las Cumbres de las Américas (Trinidad y Tobago el 2009 y Colombia el 2012) con fin más bien protocolar y de imagen y una gira más expresiva a Brasil, Chile y El Salvador. Daniel Zovatto (La Nación de Argentina – 27/3/2010) ancla bien las razones de esta gira al expresar que fueron “tres destinos simbólicos  elegidos con gran acierto. Brasil, por su indiscutible carácter de potencia (regional y global emergente, 40% del PIB regional). Chile, por haber sabido combinar exitosamente democracia, economía de mercado, apertura externa, estado de derecho y política social efectiva. El Salvador, por la moderación del Gobierno de centro-izquierda del Presidente Funes y para asegurar la preocupación creciente de Washington sobre el deterioro de la seguridad y la democracia en varios países centroamericanos”.

            En esta gira el Presidente Obama, además explicitar valoraciones, adelantó una política de no intervención en los asuntos de América Latina, en particular Sudamérica donde le ha cedido el protagonismo a Brasil santificándolo como interlocutor privilegiado, tal como lo declaró realistamente Henry Kissinger en alguna oportunidad.

            En política de integración comercial, se aprobaron, aunque con bastante resistencia interna, los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Colombia, Perú y Panamá. Es claro que los países que aún no lo han firmado (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela) no muestran mucho interés en hacerlo al no incidir sustancialmente en un comercio que crece sostenidamente en ambos sentidos. El intercambio comercial de Estados Unidos con Brasil, país con el cual no tiene TLC, por ejemplo, llegaba en 2006 a US$ 40 mil millones, con US$ 9 mil millones de saldo a favor de Brasil, mientras que en el 2011, y con un alza en el comercio bilateral de un 50%, el saldo se da vuelta en favor de Estados Unidos con US$ 8 mil millones a favor. Tendencias similares se ven en todos los países de la región.

            La política de asistencia y ayuda no varió sustancialmente, hasta el presupuesto del 2013, donde se recortó la asistencia total hacia el hemisferio en un 9% para el año fiscal -que ya empezó el 1 de octubre- a US$1.652 millones, según datos del Departamento de Estado.

            A pesar de lo imbricadas que están las realidades de México y Estados, hay un cierto desencanto con la política del  Presidente Obama hacia su vecino del sur. El comercio no es el problema, ya que este funciona bien para ambas partes con el TLC:  México tiene un superávit de US 100 mil millones (exportó bienes por US$ 275.000 millones y compró productos por US$ 175 mil millones) en el 2011, mientras unos seis millones de empleos de trabajadores estadounidenses dependen del comercio con México.

            El tema de desencanto se refiere al narcotráfico y a la falta de mayor compromiso por parte de EE.UU. México reclama a su vecino que frene el flujo ilegal de armas hacia su territorio, que alimenta el impresionante poder de fuego de los cárteles (60 mil muertos desde 2006 al 2011). Obama ha exhortado a prorrogar una ley que caducó en el 2004 y prohibía vender armas semiautomáticas y fusiles de asalto, pero se topó con mucha resistencia a pesar de que los carteles de la droga, al 2011, tenían presencia en más de 1000 ciudades estadounidense.

            La iniciativa Mérida de Estados Unidos para ayudar a México en la lucha contra el narcotráfico, es un buen ejemplo de las limitaciones. De los US$1.400 millones comprometidos en asistencia y equipamiento para el plan trianual (13% del presupuesto de seguridad de México para el 2012)  concluido en el 2010, Washington todavía no desembolsaba los últimos US$325 millones.

            “Tenemos que avanzar en asuntos más delicados de la agenda compartida”, dijo César Camacho, uno de los hombres cercanos al nuevo Presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Sin embargo, no será fácil ya que el gobierno de Obama no cuenta con percepciones favorables de la relación con México de los propios estadounidenses, al relacionarlo como una fuente de problemas debido a la alta actividad de cárteles y al comercio con drogas, más las migraciones. Esta es principal conclusión de una encuesta realizada por las consultoras Vianovo y GSD&M.

            Por otra parte, la ineficiencia de la estrategia conjunta (el propio Presidente Obama ha recocido su responsabilidad) ha abierto la posibilidad de forjar un consenso regional sobre la posibilidad de legalizar la droga liderado por países como Guatemala, Colombia y México (no hay que olvidarse que Uruguay ya legalizó la marihuana). Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas ilegales del mundo, se opone rotundamente a una medida de ese tipo asegurando que las desventajas son mayores a los beneficios.

            Con Cuba, Washington flexibilizó el tema de los viajes, vuelos y envío de remesas. También se han constatado intercambios deportivos y culturales. Hoy, EEUU es el séptimo socio comercial de Cuba.

            Sin embargo, a comienzos del 2012, el Presidente Obama declaró que las autoridades cubanas no mostraban ningún interés en cambiar sus relaciones con EEUU ni disposición de respetar los derechos democráticos y humanos del pueblo cubano. Esto lo llevó, junto a Israel y Palau, ha rechazar el fin del embargo votado favorablemente por todo el resto del mundo. En este tema, siguen existiendo algunos representantes republicanos de la comunidad cubana en el Congreso que estiman que el levantamiento del embargo serviría para dar oxígeno al régimen de los hermanos Castro, precisamente en el momento en que ambos se aproximan al final de sus existencia.

            En todo caso, la impopularidad de esa medida es evidente y cada día mayor, después de 50 años en vigor. Esta no sólo no ha servido para obligar al gobierno cubano a adoptar medidas democratizadoras, sino que muchas veces en su nombre ha servido de excusa para no tomarlas.

            Respecto de Colombia, el Presidente Obama ha reconocido la política de lucha por la seguridad, contra el “narcoterrorismo” y por el desarrollo económico, y en tal sentido, el acuerdo militar de ambas naciones sobre aquellos temas se mantiene. A pesar de ello, la Casa Blanca saludo esperanzadoramente las conversaciones de las FARCS con el gobierno.

            Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela están semi congeladas en lo político desde la retirada mutua de los embajadores en el 2010, las que se deterioraron aún más en enero 2012 con el cierre del consulado venezolano en Miami, que sucedió a la expulsión de la cónsul Livia Acosta Noguera (Nuevo Herald.com del 10/08/2012).

            Parte de esto se explica por la retórica del Presidente Chávez y a los cambios estratégicos de su gobierno, que lo han llevado a aliarse con gobernantes críticos de EE.UU. dentro  (Bolivia, Ecuador, Nicaragua, etc.) y fuera del hemisferio (China, Irán, Rusia). Sin embargo, y como dice el refrán: “business is business”, Washington sigue siendo el primer socio comercial de Venezuela  (con un saldo comercial favorable a Caracas) y el destino de alrededor de 1,5 millones de los 2,5 millones de barriles de crudo que exporta todos los días.

Algunos Cambios Importantes dentro de la Cosmética

            Los países de América Latina seguirán siendo los vecinos más cercanos de EE.UU., aunque la relación no sea la que esperamos. Es decir, se mantendrán los preceptos de la política exterior ya implementados por el primer gobierno de Obama con algunas modificaciones en términos de énfasis. Diálogo Estados Unidos – China para hacer frente a la crisis económica, ceder protagonismo a Brasil para resolver problemas sudamericanos,  defensa de los regímenes democráticos (viaje Birmania), un reequilibrio entre los político y lo comercial, apoyo a organismo multilaterales, etc.

            Se espera que México sea una de las excepciones para el establecimiento de un dialogo más entre iguales. Así, una semana después de asumir Enrique Peña Nieto se reunió con el Presidente Obama para tratar una compleja agenda bilateral cargada de retos (inmigración, narcotráfico, seguridad de la frontera, comercio, etc.). Esta excepción se inscribe en qué con México comparte una frontera de 3.152 kilómetros, es su tercer socio comercial tras el TLC (para México, EE.UU. es el primero), los mexicanos son el principal grupo de inmigrantes con un 30%, etc (El País del 26/11/2012). También porqué México está reasumiendo un rol de independencia en política exterior, como se ve además de la posible legalización de la droga y que llevará a EE.UU. a revisar la política de militarización en la lucha en contra del narcotráfico que ha propuesto, en la proactividad para la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) el 2/12/2011 y que representa un acercamiento a la región y un contrapeso a Estados Unidos y a Brasil con su UNASUR.

            Una de las pocas luces de esperanza mayor recae sobre el problema de la inmigración ilegal, que afecta también en su mayor parte a México y a los países centroamericanos. Aunque los analistas no creen que se promulguen soluciones maximalistas, aseguran que la iniciativa podría abrir camino a cambios migratorios sin necesidad de recurrir a legisladores. Ya el año 2012, Obama instauró el “Dream Act” que permitía a inmigrantes ilegales que llegaron de niños evitar deportaciones y tener permisos de trabajo. En todo caso, y con la derrota del ala más conservadora del republicanismo otros académicos expresan que, no sólo se entrará a revisar la llamada La ley de Arizona del 2010, sino que se podría generar una legislación más global que satisfaga a la ascendente comunidad latinoamericana de EE.UU. en miras al proceso electoral del 2016.

       Otro situación que podría encontrar cauce es el fin de la política de aislamiento y embargo económico a Cuba. Ya no es sostenible la postura que tuvo Estados Unidos en la Cumbre de las América de Cartagena, y que fue contraria a toda la región, de negarse a la incorporación de la isla a este organismo. La razón de la Guerra Fría hace tiempo que desapareció. Los empresarios estadounidenses están hace tiempo entre los sectores que favorecen el levantamiento del embargo al ver oportunidades económicas que no quieren que se vean limitadas por decisiones políticas. También y por primera vez un candidato demócrata de origen cubano, educado en la solidaridad con los familiares de la isla más que en el odio, Joe García, gana un escaño al Congreso de EE.UU. en Florida. En Cuba, además del desarrollo creciente de iniciativas privadas, hay más dinero, más computadores, más teléfonos celulares, más acceso a Google y Twitter y, por lo mismo, más posibilidades de comunicar la realidad sobre el sistema político.

            A fin de cuentas, para muchos es el mejor escenario que se ha conocido nunca para el levantamiento del embargo económico, con seguros impactos domésticos en Cuba y un efecto político y sicológico que serviría para marcar un antes y un después en las relaciones de EE.UU. con toda la región.

            La victoria que obtuvo el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en las elecciones del 07/10/2012, por más de más de ocho millones de votos, sobre el candidato de la oposición y apoyado por EE.UU., Henrique Capriles, marca un punto de inflexión donde puede variar la relación a partir de una perspectiva más estratégica del propio Estados Unidos. Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy Research, señaló hace algún tiempo que “las políticas de Chávez son impulsadas por las políticas de Estados Unidos hacia él”. Añadió que “Chávez tiene buenas relaciones con cada país que es amistoso con Venezuela” y citó como ejemplo la que mantuvo con el ex Presidente de Colombia Álvaro Uribe “hasta que se volvió hostil y en pocos días Chávez estableció muy buenas relaciones con (Juan Manuel) Santos”, el actual Presidente colombiano.

            Si bien se espera que el Presidente Obama  presente resultados concretos en la VII Cumbre de las Américas que se celebrará en el 2015 en Panamá, comparto lo expresado por  Jorge Domínguez hace un par de años (Foro Internacional Nº 2, Abril-Junio de 2010), cuando expresó que “queda América Latina en sus relaciones con Estados Unidos en manos de sus presidentes, sus cancilleres, sus diplomáticos, sus cascos azules, sus empresarios, sus artistas y futbolistas, sus telenovelas y su música de aceptación universal, su ingenio y su creatividad, sus pueblos móviles y migratorios…), es decir dependerá más de la propia América Latina.