Sistema Internacional Contemporáneo: Rasgos y Tendencias Generales

Por: Jeannette Irigoin Barrenne[1]

 

Definir las características del sistema internacional contemporáneo resulta una tarea más bien compleja, sobretodo si se consideran como válidas aquellas discusiones que plantean una continuidad y no un quiebre en el año 1990, al momento en que el colapso de la Unión Soviética dejó al sistema internacional al inicio de un período donde la única superpotencia sobreviviente se enfrentó a un mundo sin rivales. No obstante lo anterior, la validez de toda discusión académica, radica en el hecho de plantear abiertamente aquellas visiones que permiten ir generando nuevas tendencias y análisis de la realidad internacional. En ese sentido, el objetivo del presente artículo, busca ordenar metodológicamente los diversos períodos característicos del sistema internacional post 1815, para así, sobre la base de la comparación, lograr determinar con un cierto grado de certeza – siempre cuestionable, pero válido en su aproximación – los rasgos y tendencias del sistema internacional que entendemos como contemporáneo a nuestros días.

Con la Paz de Westfalia, se constituyen lo que podríamos denominar por primera vez en las relaciones internacionales, el Estado-Nación. Con la división entre el ámbito de la política y la religión, mejor dicho, la secularización de la acción del Estado, se genera por primera vez un set de interacciones entre unidades  donde prima el interés nacional como factor determinante en la toma de decisiones políticas. Los Estados, como unidades predominantes dentro del sistema internacional, presentan elementos característicos a su conformación que junto a su manera de interrelacionarse, determinan eventos que permiten identificar sistemas vigentes en determinados períodos.

Estas unidades, denominadas Estado-Nación, se relacionan entre sí en un patrón constante y de normas por lo general consuetudinarias, rasgo que caracteriza la existencia de un sistema. El que la interacción se produzca en el ámbito internacional, es decir entre naciones, y que incorpore los más diversos aspectos de su quehacer, determina que el referido sistema sea internacional.

Un rasgo esencial del sistema internacional, y que favorece la aproximación analítica, es su dinamismo. Si se asume que el sistema es dinámico, esto favorece la capacidad de identificar ciertos períodos, donde una o varias características se presentan en forma de tendencia, hasta que, finalmente y debido al contexto, éstas cambian, para así dar pie a otro período, donde primarán otras características con distintos grados de intensidad. Lo que demarca el paso de un período a otro, son generalmente hitos históricos, donde la concentración de poder en el sistema, es decir qué estados pasan a formar parte de la cúpula jerárquica del sistema, cambia. La identificación de estos hitos históricos, o puntos de inflexión como serán denominados a continuación, dependerá por lo general de cada analista. Entre un período y otro, el sistema mantiene algunos de sus caracteres como rasgos de continuidad – como la preeminencia del Estado Nación como actor principal pero no único -, y modifica otros, abordando los temas que son relevantes para las unidades al centro del sistema.

Es, en este contexto y para efectos del presente comentario, que con posterioridad a la Guerra Fría surge el Sistema Internacional Contemporáneo que será abordado en este trabajo, y que mantiene al Estado Nación como unidad principal, con el protagonismo hegemónico de uno en particular y especialmente en temas de seguridad. No obstante, se trata también de un sistema donde adquieren cada vez mayor relevancia otros Estados y agrupaciones de Estados, tanto como nuevos actores no estatales, frente a nuevos temas que se imponen con fuerza en la agenda. En resumen, un mundo en constante cambio.

Definiciones de Sistema y Sistema Internacional

Para Pope Atkins un Sistema “consiste fundamentalmente en la interacción de entre dos o más unidades distintas y en las consecuencias de esa interacción”.[1] Es decir, en el sistema es posible encontrar diferenciación e integración, entendida ésta como “regularidad de relaciones, dependencia mutua y algún grado de coordinación entre las unidades”.[2]

A pesar de lo amplio de este concepto, algunos sostienen que no existe un sistema internacional, puesto que no hay una autoridad decisoria internacional y centralizada y es requisito sine qua non de un sistema el que exista orden. Sin embargo, aunque con menor nivel de integración que en el ámbito interno, la interdependencia de los Estados es una realidad. Por lo tanto se puede analizar las políticas internacionales a partir de la teoría de sistemas.[3]

Dentro de este esquema e inclinándonos por la postura que reconoce la existencia de un sistema internacional, entenderemos por éste un “patrón general de las relaciones políticas, económicas, sociales, geográficas y tecnológicas que configuran los asuntos mundiales, o en forma más simple, el escenario general en que ocurren las relaciones internacionales en un momento dado.”[4]

La forma en que se configuran las relaciones internacionales tiende a cambiar, lo que conduce a hablar de la “transformación” del sistema internacional, aún cuando no existe real consenso en torno a determinar que tan frecuentes ocurren estos cambios, es decir, cuando se pasa de una etapa a otra.[5]

Conviene efectuar una clasificación de los períodos que se pueden identificar de las relaciones internacionales, a fin de organizar la discusión, determinando los elementos que están sujetos a cambios y que son susceptibles de comparación, dentro de los cuales se suelen incorporar: la naturaleza de los actores; la distribución del poder; la distribución de la riqueza; el grado de polarización; los objetivos de los actores; los medios con que cuentan los actores para el logro de sus objetivos; el grado de interdependencia.[6]

En este contexto, los autores coinciden en señalar la Paz de Westfalia, en 1648, como fecha de inicio la historia de las relaciones internacionales. Período caracterizado por la imposición, por el rey, de la religión en todo su territorio y en que se comienzan a constituir las naciones-Estados tal como los conocemos hoy en día, razón fundamental para que esta fecha inicie el surgimiento del sistema internacional, el cual se organiza precisamente en torno a estas unidades.[7]

El Estado moderno que, como se ha señalado, surge de la Paz de Westfalia, se caracteriza por contar con una población relativamente constante, que habita en un territorio con cierto grado de determinación, sobre el cual existe un gobierno central que ejerce soberanía, entendiendo ésta como un gobierno con autoridad en la toma de decisiones, dentro de las fronteras territoriales correspondientes y que no reconoce autoridad superior, pudiendo utilizar legítimamente la fuerza sobre la población a que se ha hecho referencia y en relación con otros países como una forma de proteger a la misma.[8]

Se consideran como atributos del Sistema Internacional Estatal el que existan unidades de base territorial, a las que rige el principio de igualdad, entendiendo por esto que todos los Estados son iguales, dentro de ello, sin embargo, se estima que algunos son más iguales que otros. Estas unidades, además, poseen soberanía y, por lo tanto independencia y autonomía externa, en el sentido de poder decidir como debe actuar. En la misma dirección, se habla de que existe una anarquía estructural, que consiste precisamente en que ninguna autoridad legítima puede ordenar a los Estados que hacer.

El sistema internacional es esencialmente dinámico, por lo tanto y más allá de las clasificaciones que puedan establecerse en los procesos de identificación de un sistema internacional dado, es necesario evaluar este dinamismo conforme a los patrones de continuidad y cambio que puedan observarse. Dicha continuidad y cambio permiten ordenar el sistema internacional, en su dimensión histórica, de acuerdo a determinados rasgos.[9]

Desde una perspectiva histórica y con propósitos metodológicos es factible clasificar el sistema internacional de acuerdo a los siguientes hitos que constituyen puntos de inflexión históricos:

  • Sistema internacional post Congreso de Viena (1815): correspondería al período entre el Congreso de Viena y el inicio de la Primera Guerra Mundial. Circunscrito al ámbito europeo en sus inicios, este sistema comienza su expansión al resto del mundo en forma paralela al desarrollo de los procesos de colonialismo y posteriormente, imperialismo. Su característica principal, es la primacía del equilibrio de poder como estrategia de relación entre los estados al centro del sistema.
  • Sistema internacional de entreguerras: corresponde al período que comienza con el primer antecedente de la Revolución Rusa (1917-1918), se capitaliza en el término de la primera guerra mundial y el Tratado de Versalles (1919), y finalizaría con la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi (1939) y la declaración de guerra contra el Eje por parte de EEUU (1941), luego del ataque a Pearl Harbour. Se podría caracterizar este período a grandes rasgos, como una fase de transición entre la concentración de poder político en Europa (desde el fin de la Pax Britannica) y el aislacionismo estadounidense, a una creciente internacionalización de la política mundial (descolonización) y surgimiento de la superpotencia Estados Unidos, con poder nuclear y rol mundial.
  • Sistema internacional de Guerra Fría: período comprendido entre los años 1947 y 1990. Existen diversas versiones respecto de la temporización de este período, subdividiéndolo en tres o más fases. Sin embargo, y para efectos del presente artículo, se considerará este período. Su característica esencial es la confrontación bipolar entre dos superpotencias al centro del sistema, aunque sus características principales serán enunciadas con mayor detalle a continuación.
  • Sistema internacional post Guerra Fría: este período se puede delimitar en su inicio (1990) pero no aún en su término. También existen diferencias al referirse a esta etapa del sistema, puesto que se considera como un breve período de transición de pocos años post 1990, o también se considera que se mantiene hasta la actualidad.

Esta división puede generar controversia, sin embargo representa una particular  para enfrentar el análisis . Para los efectos de focalizar el análisis actual del sistema internacional, es preciso identificar los elementos de continuidad y cambio que se observan en el escenario internacional de hoy a partir del legado del período de Guerra Fría.

En primer lugar, es posible sostener que el sistema internacional contemporáneo mantiene un carácter unipolar en temas de seguridad tradicional, y multipolar especialmente en temas económicos.

En segundo lugar, no es posible evidenciar por el momento una transición hegemónica, no obstante China e incluso India se perfilan como un futuro competidor de los Estados Unidos.

En tercer lugar, el Estado-Nación, sigue siendo el actor más relevante, aunque no único, en el sistema internacional.

En cuarto lugar, y derivado de lo anterior, las características de las nuevas amenazas al Estado representan un ámbito crítico de preocupación, ya que los medios tradicionales para combatirlas, no logran su control efectivo.

Finalmente, en quinto lugar, la cooperación en el sistema internacional se percibe como la forma más efectiva para el manejo y control de amenazas al Estado, mediante acuerdos bilaterales, regímenes de cooperación específica y a través de instituciones internacionales.

[1] Profesora Derecho Internacional, ANEPE Ministerio de Defensa. Profesora Titular de Derecho Internacional Facultad de Derecho, Universidad de Chile y Universidad de Heidelberg. Vicepresidente de la Comisión Internacional de Dº Humanitario, Ginebra y Miembro del Institut de Droit Internacional.

[1] Atkins, G. Pope. América Latina en el Sistema Político Internacional. Grupo editor latinoamericano, Colección Estudios Internacionales, Buenos Aires, 1989. p. 20

[2] Ibid. p. 21.

[3] Ibid. pp. 22-23.

[4] Pearson, Frederic S. y Rochester, J. Martin. Relaciones Internacionales. Situación global en el siglo XXI, Cuarta edición, Mc Graw Hill, Bogotá, 2000. p. 37.

[5] Ibid.

[6] Ibid. pp. 37-38.

[7] Ibid. p. 38.

[8] Ibid. p. 38.

[9] Ibid. pp. 34-36.