Por Esteban Arratia Sandoval1

Poco más de un año ha pasado desde que el presidente Juan Manuel Santos firmara un histórico acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (en adelante, FARC), poniendo término a casi seis décadas de conflicto que le costó la vida a más de 220.000 personas y desplazó a 7 millones aproximadamente2. No obstante, el explosivo aumento de los cultivos de coca ha contribuido al escepticismo sobre su implementación. En efecto, cifras de Office of National Drug Control Policy (ONDCP, por sus siglas en inglés) revelan que la producción del estupefaciente ha crecido durante los diálogos de paz en La Habana, superando 140% entre 2012 y 20163, como se observa en Gráfico 1. Convirtiendo al país andino en el primer productor de coca a nivel mundial según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés)4.
Gráfico 1


Fuente: Elaboración propia a partir de ONDCP. Releases Data on Cocaine Cultivation and Production in Colombia. 2017.

Para frenar esta dramática tendencia, a inicios de 2017 el Gobierno colombiano aprobó de manera conjunta con las FARC un Plan Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos cuyo objetivo es erradicar 100.000 hectáreas de cultivos hasta el próximo año mediante un programa mixto que contempla tres ejes: transformación de territorios, políticas de interdicción y atención del consumo5. De esa manera, 82.000 familias colombianas que se calcula viven del cultivo de hoja de coca podrán verse beneficiadas del proyecto siempre que sus plantaciones sean anteriores a julio de 2016, fecha en que se dio luz verde al proceso de sustitución voluntaria6.

Según información difundida por El Tiempo, la administración Santos habría cumplido 62% de la meta impuesta en esta iniciativa7. Aunque tal número parece auspicioso a simple vista, lo cierto es que se han generado continuos roces entre altos personeros colombianos y estadounidenses a raíz de las diferencias de opinión sobre cómo enfrentar la creciente producción de coca, pudiendo crear eventualmente serios problemas en sus relaciones bilaterales. En este sentido, William Brownfield, saliente subsecretario de Estado de International Narcotics and Law Enforcement Affairs (INL, por sus siglas en inglés) ha advertido que la lucha contra el narcotráfico se ha sacrificado durante los últimos años en aras de alcanzar la paz con las FARC.

Recientemente Brownfield aseguró que la guerrilla más longeva del subcontinente continúa vinculada al tráfico de coca, interfiriendo de manera negativa en la ejecución del Plan Integral:

“Estados Unidos desaprueba el programa del Gobierno colombiano de erradicación voluntaria y sustitución de cultivos porque las FARC están involucradas en algunos aspectos del programa”, agregando que estas últimas “han tomado el control o creado varios grupos fachada de cocaleros. [Las autoridades] a su vez están negociando acuerdos de erradicación voluntaria con ellos, de manera que las FARC básicamente han capturado este proceso, y no estamos consiguiendo los resultados deseados”8.

Así, mientras las FARC figuren en el Foreign Terrorist Organizations List (FTO, por sus siglas en inglés) elaborada por el Departamento de Estado9, la voluntad expresada por agencias gubernamentales estadounidenses de cooperar con el programa de sustitución de cultivos ilícitos impulsado por Santos será nula, al ser considerado como apoyo material a grupos terroristas por la legislación vigente en el país del norte.

Y si bien existen múltiples razones para explicar el aumento en la producción de coca, tales como la resolución adoptada en octubre de 2015 por la Corte de lo Constitucional de detener la fumigación aérea de sembradíos aduciendo impactos adversos del glifosato para la salud y el medioambiente10. El exsubsecretario ha responsabilizado públicamente al ahora desmovilizado grupo insurgente por el acrecentamiento en los cultivos ilícitos. Al respecto, declaró: “Denuncias generalizadas indican que los cabecillas de las FARC instaron a campesinos a sembrar más del producto, motivados supuestamente por la creencia de que la inversión del Gobierno colombiano luego de los acuerdos con las FARC y sus subsidios se dirigirían a regiones con mayores volúmenes de cultivos ilícitos”11.

Tales sospechas no parecen ser descabelladas considerando que cerca del 75% de las hectáreas de coca en Colombia se encuentran en territorios controlados por las FARC12. En el caso de que Brownfield estuviera en lo cierto, el acuerdo de paz habría creado incentivos perversos en las zonas más afectadas por la plantación de coca, toda vez que ofrecería beneficios a comunidades dispuestas a participar en programas de sustitución de cultivos ilícitos, favoreciendo así a campesinos que cultivan sobre aquellos que no lo hacen. O sea, en vez de incentivar la desconexión de economías criminales y adopción de medios de subsistencia alternativos, estimularía la producción ilícita.

Sin duda, los comentarios realizados por Brownfield dan cuenta que el Gobierno estadounidense mantiene su enfoque tradicional frente a los programas antinarcóticos. No obstante, el respaldo político y financiero de Washington resultará crítico para el futuro del posconflicto colombiano, por lo que a Juan Manuel Santos le será difícil contradecir o sencillamente omitir la postura de su principal socio sobre este apremiante aspecto del proceso de paz. Por lo tanto, los intereses encontrados han puesto al Gobierno colombiano en el siguiente dilema: por un lado, la necesidad política de cumplirle a las FARC y, por otro, despejar las sospechas de la Casa Blanca.

De tal suerte que, si Santos termina cediendo ante la presión estadounidense correrá el riesgo de truncar la transformación rural que constituye la profundidad de anclaje de la paz en el país cafetero. Sin contar que esa decisión provocará una tensión innecesaria con las FARC y desperdiciará la oportunidad que tiene el Estado colombiano para obtener legitimidad en áreas con alta presencia de cultivos de coca, las cuales han sido uno de los pilares del capital político construido por la insurgencia de inspiración marxista-leninista durante el conflicto armado.

Ante el escenario planteado con anterioridad cabe preguntarse: ¿Cuál de las dos posturas prevalecerá finalmente en el rumbo que tomará la gestión del posconflicto: el pragmatismo colombiano o el dogmatismo norteamericano? Eso aún está por verse…

1 Doctorando en Estudios Americanos y Magister en Estudios Internacionales por la Universidad de Santiago. Investigador CIEE-ANEPE.
2“ASMANN, Parker. Conflict, Violence Continue to Drive Displacement in Latin America: Report. Insight Crime – Investigation and Analysis of Organized Crime” [En línea]. 23 de mayo 2017. [Fecha de consulta: 26 de septiembre 2017]. Disponible en: http://www.insightcrime.org/news-briefs/conflict-violence-continue-drive-displacement-latin-america-report.
3ONDCP.Releases Data on Cocaine Cultivation and Production in Colombia. Office of National Drug Control Policy (ONDCP) [En línea]. 14 de marzo 2017. [Fecha de consulta: 23 de septiembre 2017]. Disponible en: https://obamawhitehouse.archives.gov/ondcp.
4UNODC. Colombia: Monitoreo de Territorios afectados por Cultivos Ilícitos 2016. United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC) [En línea]. 16 de julio 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: https://www.unodc.org/colombia/es/press/2017/julio/informe-cultivos-2016.html.
5GOBIERNO DE COLOMBIA. Nuevo Plan Integral de Sustitución de Cultivos. Ministerio de Justicia [En línea]. 11 de mayo 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: http://www.minjusticia.gov.co/nuevoplanintegraldesustituciondecultivosilicitos.aspx.
6ASSOCIATED PRESS. Colombia’s coca production soars to highest level in two decades, US says. The Guardian [En línea]. 14 de marzo 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: https://www.theguardian.com/world/2017/mar/14/colombia-coca-cocaine-us-drugs.
7REDACCIÓN PAZ. ‘Hemos cumplido con el 62% de erradicación de cultivos ilícitos’. El Tiempo [En línea]. 12 de septiembre 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/balance-de-sustitucion-de-cultivos-ilicitos-en-colombia-con-acuerdo-de-paz-129978.
8BROWNFIELD, William. Assessing the Colombia Peace Process: The Way Forward in U.S.-Colombia Relations. U.S. Department of State [En línea]. 2 de agosto 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: https://www.state.gov/j/inl/rls/rm/2017/272997.htm.
9U.S. Department of State. Foreign Terrorist Organizations. Bureau of Counterterrorism [En línea]. 2017. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: https://www.state.gov/j/ct/rls/other/des/123085.htm.
10OTIS, John. Colombia Will End Coca Crop-Dusting, Citing Health Concerns. NPR [En línea]. 15 de mayo 2015. [Fecha de consulta: 24 de septiembre 2017]. Disponible en: http://www.npr.org/sections/parallels/2015/05/15/406988063/colombia-will-end-coca-crop-dusting-citing-health-concerns.
11BROWNFIELD, 2017, Loc. Cit.
12DAVIS, Caitlyn y TRINKUNAS, Harold. Has Colombia achieved peace? 5 things you should know. Order from Chaos – Brookings Institution [En línea]. 25 de agosto 2016. [Fecha de consulta: 28 de septiembre 2017]. Disponible en: https://www.brookings.edu/blog/order-from-chaos/2016/08/25/has-colombia-achieved-peace-5-things-you-should-know/.