Por Fulvio Queirolo1, 21 de junio 2018

Más fácil es construir puentes que muros”.
S.S. Papa Francisco

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, inauguró en mayo presente pasado un puente de 19 kilómetros de longitud que une la península de Crimea, anexionada hace cuatro años, a la Rusia continental a través del estrecho de Kerch, levantando de paso airadas declaraciones de diferentes mandatarios, quienes junto con condenar el hecho, exteriorizaron acusaciones ante la comunidad internacional, ya que el acto en sí se apartaba de los compromisos adquiridos y en cierta medida, violaba de paso, el derecho internacional.

En otra parte del globo la administración norteamericana ha continuado con su plan de construcción de un muro que, junto con separar físicamente la frontera entre dos países, busca alejar, o al menos mitigar, el impacto de una sostenida inmigración ilegal, la que se vincularía con otros riesgos y amenazas asociados, recibiendo también una condena mundial por alejarse de los principios y valores que propicia la comunidad internacional.

Podríamos sostener que ambas decisiones fueron posible llevarlas a cabo por potencias que poseen y demuestran el uso del “poder nacional”, comprendiendo que este dominio se manifiesta para alcanzar los objetivos que animan la política exterior en relación con su soberanía, su seguridad nacional y con la consecución de sus intereses nacionales, como ha sido el cometido de ambas obras que se revelan como verdaderas “parábolas bíblicas”.

De esta manera podemos consentir inicialmente que el objetivo de una muralla, como lo concibió Adriano, en la época romana, pretende aislar a la población de posibles agresiones externas, buscando como efecto deseado asegurar y proteger un bien, en este caso la vida de su población. Por otra parte, un puente se destina a facilitar el tránsito de personas y bienes por sectores donde es imposible atravesar, favoreciendo en consecuencia la conexión e integración humana, fomento del comercio, y otros desarrollos con alcances multisectoriales, muy bien perfeccionado por los mismos romanos.

Si ambas estructuras persiguen objetivos tan disímiles, habría que preguntarse por qué la Comunidad Internacional, a través de ruidosas intervenciones de distintas autoridades, finalmente los sitúa en una similar condición, agudizando de paso esta paradoja del contexto multilateral.

Admitamos que el multilateralismo, en el terreno de las RR.II., lleva implícito una acción concertada de actores internacionales, y supone principios aglutinadores como el cumplimiento de acuerdos, obligaciones legales y respeto a valores compartidos, entre los considerandos prioritarios y apuesta por situarse en ambientes como el político, económico, cultural, militar, social, tecnológico, entre otros, pretendiendo alcanzar una diversidad de beneficios para una demandante sociedad. Sin embargo, estos objetivos pueden verse alterados, significativamente, frente a la coacción de un actor internacional que cuente con un poder nacional, y haga uso ostensible como en estos casos –manifestado de manera peyorativa– en la construcción de “murallas o puentes”.

Multilateralismo en problemas

Compartiendo que un ambiente de entendimiento multilateral en las RR.II. es esencial para alcanzar acuerdos, los cuales se plasman a través de diferentes instrumentos que prosiguen rigurosos protocolos entre las partes involucradas, convengamos también que dicha situación paulatinamente ha sufrido una metamorfosis. Transformación generada principalmente por una elocuente y vigorosa participación de otros actores no estatales que se han tomado la agenda al colocar en la mesa de discusiones temas que antes eran de exclusiva responsabilidad Estatal.

Así encontramos ONGs, empresas multinacionales, organizaciones públicas y privadas, agrupaciones religiosas, humanitarias, etc., estructuras que potencian su accionar aprovechando las complicaciones que presenta una dimensión multilateral de por sí compleja, obteniendo por una parte cuantiosos réditos, y por otra influyendo sobre temas de interés que no necesariamente sintonizan con el ámbito del nivel estatal.

Un claro ejemplo de lo señalado son las cumbres sobre armas nucleares, cambio climático, lavado de dinero, crimen organizado, crisis y conflictos regionales, crisis humanitarias, entre las más nombradas, cuyo resultado es alcanzar acuerdos “en la medida de lo posible”.

La hēgemonía multilateral

Lo entendemos como aquel ambiente donde se desenvuelve un actor internacional que ejerce un “poder dominante”, allanado por un sistema donde los Estados han cedido espacios a otras organizaciones y estructuras que han alcanzado un nivel que les coarta su accionar. Este entorno es aprovechado por aquellos líderes que no renegarán en participar ante las organizaciones y organismos multilaterales, pero siempre y cuando no vayan en contra de los intereses u objetivos de su país. “Por eso, usará y condicionará sus actuaciones a la consecución de aquellos, de ahí que no tenga ningún reparo en obviarlas si eso no fuera posible2. En este caso se observa a Estados Unidos de Norteamérica y Rusia, sin desconocer el progreso alcanzado por China en dichas circunstancias.

Las paradojas de puentes y murallas

Ambas obras finalmente están logrando sus objetivos, la administración Norteamericana manifiestamente ha iniciado un proceso de deportación de inmigrantes “ilegales”, ha acusado y presionado a sus socios del G7 para que se modifiquen aranceles sobre las empresas, ha desahuciado un acuerdo de armas nucleares con Irán y, finalmente, ha movido sus piezas para descomprimir el ambiente en la península coreana, por ahora con cierto éxito.

Por otra parte, el oso euroasiático progresivamente ha ampliado su influencia en Ucrania, luego de inaugurar el costoso y ostentoso puente, contribuyendo a facilitar el acceso, movilidad y flujo de bienes y personas en la zona, geopolíticamente estratégicas, dejando a Europa sumida en denuncias, impugnaciones y declaraciones que no han logrado el efecto deseado, por el contrario esta acción ha favorecido la reciente reelección del primer mandatario, quién acumularía 20 años de mandato ininterrumpido al término de su gestión, y como corolario de su proceder, es que hoy todos están celebrando y participando del evento deportivo más importante del globo, como es el mundial de fútbol 2018. Las paradojas del multilateralismo.

1 Magíster en Ciencia Política, seguridad y defensa, Investigador CIEE-ANEPE
2IEEE.ES. La eficacia del multilateralismo en las relaciones internacionales. Documento de opinión. 87/2014. Disponible en: http://www.ieee.es/en/Galerias/fichero/docs_opinion/2014/DIEEEO87-2014_EficaciaMultilateralismo_LuisCaamano.pdf