Una reflexión acerca del Escenario Estratégico en América Latina

Por: Dr. Jaime Abedrapo Rojas

Una mirada estratégica regional nos ubica en un contexto que contempla elementos tanto teóricos vigentes como de tendencias, con el propósito de identificar nuestra posición como latinoamericanos en un complejo sistema internacional, del cual somos parte cada vez más relevante debido a que en los últimos años la región ha subido en su estatura político – estratégica, lo que ha sido posible por su mayor estabilidad política y por una expansión económica sostenida en términos generales desde fines del siglo XX, ello incluso en momentos de fuertes crisis económicas, sociales y políticas en Estados Unidos de América y Europa.

En efecto, América Latina exhibe un nuevo papel si es que observamos ciertas variables que nos permiten analizar su estatura y posición estratégica en el ámbito internacional tales las como las tendencias tecnológicas mundiales y la debilidad de nuestra región; declinación en los niveles de conflictividad interestatal, pero no así intraestatales; escasez de recursos naturales a nivel global y una abundancia relativa de ellos en nuestros países; una sostenibilidad de los regímenes democráticos y una manifiesta voluntad de integración regional reflejada especialmente en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y en el robustecimiento de la Comunidad del Caribe (CARICOM), entre otros procesos que se caracterizan por tender a fortalecer una perspectiva de entendimiento más política que económica, siendo estos elementos sensibles al buscar una aproximación a nuestra realidad.

En perspectiva mundial, América Latina al contar entre sus miembros al país que tiene la mayor reserva de petróleo de mundo, Venezuela, entre otros que también cuentan con excedentes del recurso en vista a satisfacer las necesidades de potencias extra regionales. Todos ellos son factores que explican el incremento en el interés mundial por nuestra región. Al respecto, la alta dependencia productiva mundial de los hidrocarburos se proyecta más allá del horizonte 2025, e incluso una matriz energética en base a energías renovables o no convencionales no sería significativa en una perspectiva global hasta después de mediados del presente siglo, por lo que desde una mirada geopolítica – geoestratégica, seguiría siendo un factor de disputa por el control o acceso a este recurso energético.

Efectivamente, la tendencia está lejos de revertirse sobre todo si consideramos que aproximadamente el 65% de la demanda energética mundial seguirá requiriendo del petróleo, siendo el conflictivo Medio Oriente el lugar donde se concentra aproximadamente el 60% de las reservas de éste y 35% de gas, lo que sumado a una explosiva demanda de India y China entre otras potencias, explica por qué algunos contradicen la teoría de la “maldición de los recursos naturales”, ya que actualmente se espera que América Latina en lo económico continué apreciándose importantemente en un contexto de cierta estabilidad en sus regímenes políticos.

En dicho escenario político – estratégico mundial, algunos Estados, posiblemente la mayoría de América Latina, se han movido hacia la protección de sus recursos energéticos. Este es el caso de Brasil, país que tras el descubriendo de hidrocarburos en sus costas adquiere, a través de la gestión del Estado, una posición expectante, lo que está en consonancia con su voluntad de explotación de diferentes materias primas y minerales de la Amazonía; por su parte Bolivia ha nacionalizado el sector petrolero y el gas, Ecuador hace lo mismo en su industria petrolera, mientras que Venezuela ha propuesto crear un cartel del gas en la región con el objeto de levantar los precios y mejorar la negociación política de los países de América Latina que poseen hidrocarburos frente a otros actores internacionales.

En este orden de ideas, cabe señalar la escasez hídrica mundial en tanto que en América Latina se sitúan la mayores reservas mundiales de agua dulce, desde la Amazonía, pasando por el Acuífero Guaraní, hasta el Campo de Hielo Sur de Chile, lagos y ríos Australes de Argentina y Chile, más la Antártica son algunos de los sitios donde se registra reservas de agua dulce en un mundo cada vez más seco.

La escasez del recurso hídrico es relevante para adelantarse a hipótesis de conflictos y pugnas de poder de un futuro no lejano. Para comprender la dimensión del desafío recurriremos a algunos elementos de juicio, por ejemplo la capa de hielo polar ha perdido, según un informe del 2010 del IISS de Londres, 10% de su superficie en 30 años, mientras que su espesor se ha reducido en un 40% en el mismo período.

En ese sentido, aunque hay quienes argumentan que el deshielo representa una oportunidad para permitir nuevo tráfico marítimo y la posible explotación de nuevos yacimientos de hidrocarburos en las regiones del extremo norte de América y de Siberia, además de la Antártica, ello representa en sí un efecto palmario del cambio climático y sus nefastas consecuencias. Las Naciones Unidas prevén que dentro de veinte años alrededor de 1.800 millones de personas sufrirán escasez de agua dulce y 5.000 millones de personas vivirán en regiones donde será difícil satisfacer la necesidad de agua para consumo de seres vivos. Varios millones de estos habitantes que se estima serán necesitados del recurso vital, actualmente residen en países del primer mundo, ejemplo de ello es la zona geográfica del sur de Europa en donde la escasez del agua ya es una realidad.

En consecuencia, el cambio climático lleva aparejado una revalorización y renovado interés por controlar los recursos naturales, asunto que nos introduce en el ámbito de hipotéticos conflictos interestatales. Además, esta tendencia conllevaría otros fenómenos asociados, como una aceleración en los procesos migratorios de población que no sólo busca nuevas oportunidades, sino que abandonan la precariedad y vulnerabilidad que conlleva el no contar con el recurso vital del agua, en conjunto con los cambios en la industria productiva mundial debido al cambio climático que afecta el uso de la tierra, ya sea por sequías o inundaciones donde antes no existían.

Con estos pocos, pero significativos elementos de análisis, podemos comprender las tendencias que predominan en el sistema internacional contemporáneo, el cual está redefiniendo los riegos y amenazas a la seguridad.

En este contexto, un escenario mundial de multiasociatividad,  caracterizado por el fin de potencias hegemónicas globales y por un traspaso de eje del poder desde el Atlántico al Océano Pacífico, ha significado un cambio de los paradigmas en materia de seguridad y defensa. La Cuenca del Pacífico exhibe un nuevo foco de atención por parte de los intereses estratégicos de las grandes potencias. Estados Unidos de América, China, Rusia, Japón e India han reivindicado su influencia en la zona por medio del recrudecimiento de antiguas disputas territoriales en la región occidental.

Por ello, en un contexto Latinoamericano que busca la integración con un acento más político que económico, como es el caso de la UNASUR, el pasado bipolar ha quedado en la memoria colectiva, pero además se han dado pasos a nuevas relaciones regionales, las que actualmente se intentan desarrollar en un escenario latinoamericano con relevantes diferencias ideológicas pero en un contexto de entendimiento que busca primeramente situarnos como una región con su propia identidad, en un contexto internacional complejo, que tiende a la fragmentación y a la anarquía como enfoque teórico de las relaciones internacionales para su comprensión.