Venezuela, Ucrania y Siria: Gobernabilidad, Estabilidad y Democracia.

Por: Profesor Sebastián Briones Razeto.

 Tres países han acaparado la atención en la agenda internacional desde hace ya un buen tiempo: Siria, Venezuela y Ucrania. Cada uno de esos países posee una serie de particularidades idiosincráticas. Pero en conjunto obligan a repensar una serie de temas relevantes para la política y la seguridad.

 Uno de los términos que surgen con más facilidad en el debate es el de gobernabilidad. Gobernabilidad puede entenderse como “la situación en la que concurren un conjunto de condiciones favorables para la acción de gobierno que se sitúan en su entorno o que son intrínsecas a éste”[1]. Una breve lista de la causa de los problemas de gobernabilidad señala:

La deslegitimación de la autoridad y de los liderazgos producto de la búsqueda de la libertad y la igualdad.

Una expansión de la actividad política que ha creado una sobrecarga del Estado.

La competencia política que ha llevado a una fragmentación de los partidos políticos.

La presión del electorado conduce a los gobiernos a políticas exteriores parroquiales y nacionalistas.[2]

Esa lista, si bien fueron las conclusiones de un informe del año 1975, parecen ser tan válidas hoy, como lo fueron entonces. Es difícil no pensar que Venezuela enfrenta una pugna no meramente entre el bien y el mal, sino entre la preponderancia de los valores de libertad e igualdad. Los Estados de Siria y Ucrania parecen experimentar los deseos parroquiales y nacionalistas de los diversos grupos que los habitan y que conciben o toleran la idea de ser gobernados por alguien de distinta etnia, nacionalidad, religión o lengua.

Sin embargo, de manera lamentable, el término gobernabilidad no ha devenido necesariamente en una mayor atención a la comprensión de diversos desafíos políticos y sociales. En algunos casos más bien se ha transformado en una simplificación: se habla de un “problema de gobernabilidad” como si ello fuera un diagnóstico ante lo cual hay simplemente que inyectar más orden. El problema es que el término comprende una serie de dinámicas y fenómenos ante las cuales no hay una sola respuesta o solución. De entre las recetas que se espera mejoren las relaciones entre gobernantes y gobernados figuran: incrementos en la transparencia, mayores instancias de participación popular en la toma de decisiones, políticas sociales orientadas a mejorar la condición social, empoderamiento de grupos excluidos o sub-representados, entre otras.

John Trent[3] identifica 4 grandes críticas al concepto de gobernanza: I. La multiplicidad de definiciones la hacen un concepto vago y a menudo no le entregan un rol al gobierno central[4]; II. El concepto es meramente descriptivo y no posee fundamentación teórica[5]; III. La posibilidad de que instituciones no gubernamentales siempre hayan estado involucradas[6]; IV. Los casos (funcionales) de gobernabilidad suelen estar ubicados en el mundo occidental.[7]

De ahí que las soluciones a los desafíos de los casos mencionados son bastante más complejas que las listas de recetas usualmente asociadas a la gobernabilidad y gobernanza. Siria y Ucrania son escenario del choque entre el viejo principio de integridad territorial de los Estados, frente al derecho de autodeterminación de los pueblos. Como la mayoría de los Estados del mundo, la diversidad de identidades forzará a una buena parte del mundo a ser gobernada, por alguien de un grupo humano diferente al suyo propio. Ni las democracias resuelven necesariamente ese dilema, ni quienes apoyan uno de esos principios lo hace de manera consistente. La misma Rusia que respaldó un referéndum por la autodeterminación de Crimea difícilmente estaría dispuesta a aplicar uno en Chechenia. Lo que prima más bien hay es el punto del parroquialismo y nacionalismo en política exterior del que Crozier, Huntington y Watanuki nos advirtieron.

Otro concepto que aparece a menudo mencionado es de la estabilidad y la acusación de “Intentos de desestabilización”. Esa terminología es igualmente simplista: aunque cierta democracia es deseable, los fines de una democracia no son generar estabilidad por sobre todos los demás valores. La estabilidad puede significar la permanencia de un régimen dictatorial, corrupto o incompetente. La autentica amenaza está en favorecer o promover el uso de herramientas violentas para promover la propias ideas o para propiciar una cambio de gobierno, ignorando los mecanismos institucionales que los Estados democráticos se han dado.

Curiosamente los aprendizajes de democracias consolidadas de Europa del norte no parecen generar una aprendizaje de ciertos principios en el resto del mundo: muy temprano comprendieron que así como es más eficiente en términos económicos dejar  al mercado la mayoría de los sectores productivos, corresponde al Estado corregir las inequidades y externalidades que cada mercado produce mediante regulación, tributación, subsidios y servicios públicos.

Fuentes:

– CROZIER, Michel; HUNTINGTON, Samuel P. & WATANUKI, Joji. The Crisis of Democracy: On the Governability of Democracies. New York University Press, 1975, p. 161.

– INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Gobernabilidad [en línea] Diccionario. s.f.[fecha de consulta: 10 de marzo 2014]. Disponible en: <http://www.iidh.ed.cr/comunidades/redelectoral/docs/red_diccionario/gobernabilidad.htm>.

– TRENT, John E. Should political science be more relevant? an empirical and critical analysis of the discipline. European Political Science, European Consortium for Political Research 10(2): 191-209, Junio 2011.


[1] INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Gobernabilidad [en línea] Diccionario. s.f.[fecha de consulta: 10 de marzo 2014]. Disponible en: <http://www.iidh.ed.cr/comunidades/redelectoral/docs/red_diccionario/gobernabilidad.htm>.

[2] CROZIER, Michel; HUNTINGTON, Samuel P. & WATANUKI, Joji. The Crisis of Democracy: On the Governability of Democracies. New York University Press, 1975, p. 161.

[3] TRENT, John E. Should political science be more relevant? an empirical and critical analysis of the discipline. European Political Science, European Consortium for Political Research 10(2): 191-209, Junio 2011.

[4] Ibíd. p. 195.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.