Vigencia de la Guerra Asimétrica: crisis de rehenes en Argelia

Por: Prof. Ariel Álvarez Rubio[1]

Introducción

Tal como señala Eduardo González Calleja[2], el terrorismo consiste en el empleo sistemático de un conjunto de técnicas diversas de una violencia extrema, sin límites ni leyes, que recurren a medios de alto valor simbólico, utilizadas por un grupo (en busca o posesión del poder político), como medio de presión sobre otro grupo o sobre la sociedad entera[3].

Por otra parte, es necesario reconocer también que el terrorismo en la actualidad forma parte de las estrategias utilizadas en la guerra asimétrica, y en este orden de ideas, es Alberto Bolívar Ocampo[4], quién expresa que el concepto de guerra asimétrica es tan antiguo como el hombre, ya que basta remontarnos al pasaje bíblico del enfrentamiento entre David y Goliat para ver un excelente ejemplo aplicativo al tema[5]:

            “Durante cuarenta días retó Goliat, el gigantesco campeón de los filisteos, a los israelitas a duelo. Mañana tras mañana se plantaba ante sus enemigos para burlarse de ellos por su cobardía. Sus armas eran dignas de verse: el asta de su jabalina era tan larga como la percha de un tejedor, y su punta pesaba seis kilos; un casco de bronce le protegía la cabeza, grebas de bronce las piernas, y una coraza de escamas el tronco. A todos los allí reunidos para la batalla, amigos y enemigos, les parecía invencible. Nadie se atrevía al combate singular con él. Pero se presentó David, un mozo pastor de buen color que no iba armado ni la décima parte que Goliat. Pero acudir al duelo sin coraza ni espada no era una provocación insolente, sino un ardid bien pensado. Seguro de vencer, el gran guerrero avanzó hacia el endeble rapaz sin sospechar cuál iba a ser su suerte. David extrajo un canto del zurrón, disparó su honda y alcanzó al filisteo en medio de la frente. El gigante cayó de bruces en tierra, y David corrió hacia él, le tomó la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Recogió el trofeo y lo llevó a Jerusalén”[6].

Al respecto, Wolfang Sofsky[7] destaca que de la historia de David y Goliat se pueden extraer diversas lecciones:

            “Una de ellas se refiere a las armas del débil: no son el escudo, la lanza y la espada los que deciden el resultado del combate desigual, sino el disimulo, la sorpresa y la maña. Esta situación se vuelve a reproducir en la historia de la guerra: en la Edad Media, cuando el caballero metido en su armadura caía bajo las flechas de los arqueros, y en la actualidad, cuando en una guerra local las potentes maquinas militares quedan inutilizadas por las armas invisibles de los partisanos. La figura de David nunca pierde su actualidad. Ella simboliza la victoria de lo arcaico sobre el progreso;  la victoria de la movilidad sobre la rigidez; de la astucia sobre la arrogancia; de la táctica sobre la fuerza”[8].

El mismo Sofsky agrega que las armas de la violencia no son solamente la piedra, el hierro, la pólvora o las máquinas de destrucción; sino que también lo son las formas de usarlas: el saber y el poder saber, la astucia y la insidia humanas. Las armas se manejan y utilizan, se trasladan de un lugar a otro y se combinan unas con otras para que sus factores se multipliquen. El arma se adapta al desarrollo de la acción y a la organización de la violencia.

De esta forma, en la actualidad nos encontramos frente a un arma asimétrica que no ha perdido vigencia y que se encuentra representada por las acciones terroristas y dentro de ellas, por el secuestro y la toma de rehenes, todo lo cual ha quedado demostrado en los trágicos sucesos acaecidos en Argelia. Por lo tanto, podemos inferir que las estrategias propias de la guerra asimétrica siguen siendo empleadas, esta vez por grupos terroristas, los cuales hacen uso de sus características para así poder enfrentarse con fuerzas superiores tanto en magnitud de fuerza como en posesión de armas tecnológicamente superiores.

Vigencia de la Guerra Asimétrica

Poco después de producido los atentados del 9/11, Alberto Bolívar Ocampo ya nos advertía que el mundo no volvería a ser el mismo, puesto que según su opinión, habíamos ingresado a la era de los conflictos asimétricos, en donde el campo de batalla lo constituía el planeta entero[9].

De esta forma, el ataque perpetrado por Al Qaeda pasó a constituir la más reciente, espectacular, eficiente y letal aplicación de las estrategias de guerra asimétrica, concepto del que los teóricos y también los planificadores de la defensa venían considerando, discutiendo y advirtiendo sobre su aplicación, por lo menos desde 1989[10].

Para Alberto bolívar Ocampo, las acciones de guerra asimétrica emprendidas el 9/11 por la organización terrorista de Osama bin Laden, se encontraban lejos de constituir una novedad toda vez que ya el año 2000, un navío estadounidense diseñado para proteger contra todo tipo de amenazas a un grupo de batalla compuesto por portaaviones, equipado con poderosas defensas contra misiles que rozan la superficie del mar y otros ataques tecnológicamente avanzados, fue discapacitado (y tuvo que luchar para mantenerse a flote) como consecuencia de un ataque de tan solo dos hombres”[11].

En un contexto similar, Cristián Garay[12] nos señala que en esta primera fase del siglo XXI, el conflicto se presenta en dos modalidades: 1) conflictos tradicionales; y 2) conflictos emergentes. En los conflictos tradicionales tenemos también dos modalidades: 1) la guerra interestatal; y 2) la guerra intra y extra estatal (lucha de guerrillas o de liberación nacional). En los conflictos emergentes tenemos cuatro modalidades: 1) Intervención multinacional sobre un Estado con mandato de Naciones Unidas (Misión de Imposición de la Paz) y sin mandato de Naciones Unidas; 2) Guerra asimétrica; 3) Guerra por recursos naturales (energéticos, agua, minerales no renovables y madera); y 4) Guerra contra el terrorismo[13].

Para Garay, un conflicto puede definirse como la confrontación de dos voluntades políticas contrapuestas en una medición de fuerza virtual o real. El conflicto, como tensión entre dos antagonistas era realizada en un espacio que normalmente era el del territorio enemigo. Sin embargo, en la actualidad, la guerra se desarrolla en un escenario urbano, sitio que enfrenta unidades regulares con facciones o grupos irregulares. Las unidades regulares tratan de librar batallas en lugares alejados de los centros urbanos (espacios abiertos) y sus antagonistas tratan de librar el combate en dichos lugares[14].

En este contexto, Garay también se refiere a la confrontación existente entre la sofisticación versus la asimetría, señalando que los Estados con un poder militar más desarrollado han elaborado tecnologías de avanzadas, lo cual en contraposición ha generado una respuesta donde se emplea cualquier medio por parte de células sin medios de comunicación modernos ni soportes electrónicos o cibernéticos en su articulación operativa[15].

Lo anterior, constituye la base del enfrentamiento asimétrico, en donde se diferencian claramente las percepciones de triunfo y costos de cada uno de los contendores. Quienes ostentan la superioridad establecen cuotas de bajas aceptables y legitimidad democrática, en tanto que sus contendores están dispuestos a traspasar dicho umbral de bajas hasta un nivel que el adversario estatal consideraría como inaceptable[16].

El desbalance de medios y organización en la actualidad es suplido por enfrentamientos asimétricos, en los cuales la debilidad institucional (ausencia de un claro centro de poder) y la falencia tecnológica actúan como multiplicadores de la amenaza al utilizar elementos civiles como arma de guerra, como lo eran efectivamente los aviones de pasajeros en el caso de los ataques del 9/11[17].

Derivado de la sumaria discusión anterior, se puede concluir que la guerra asimétrica es aquella en la que un Estado, un País o un actor beligerante, comparativamente débil y en desarrollo, se enfrenta a un Estado que posee unas Fuerzas Armadas poderosas, buscando combatir y ganar inicialmente más allá del Teatro de Operaciones (considerado como el área activa de combate).

El grupo menos poderoso aplicará acciones y actos contemplados, o no, en las convenciones existentes sobre la guerra. El único límite será la imaginación y la decisión de quienes conducirán este tipo de conflicto. Por lo tanto, se puede argumentar que en la guerra asimétrica la lucha no admite ninguna clase de trabas. Es sinónimo de confusión y debe producir cambios en el tiempo y espacio.

En general, se organizan fuerzas de combate destinadas a una guerra prolongada, aplicando técnicas de guerrilla, técnicas de resistencia, técnicas de sabotajes y técnicas psicológicas, entre otras. En este tipo de guerra no existe un frente determinado ni acciones militares convencionales. Idealmente, se busca que las fuerzas irregulares y la población logren una cohesión tal que les permita combatir juntos, pues es muy difícil que se logre la victoria contra un enemigo superior.

Alberto Bolívar Ocampo resalta que en la guerra asimétrica, la experiencia parece indicar que las fuerzas regulares o convencionales logran escaso éxito si no son apoyadas por fuerzas especiales. Según su opinión, las fuerzas especiales estadounidenses y británicas (tal vez los mejores soldados del mundo) parecen estar cumpliendo su cometido, ayudados por los bombardeos aéreos, asesorando los soldados de la Alianza del Norte y, literalmente, cazando a los seguidores de bin Laden[18].

Las fuerzas especiales se mueven en pequeños grupos, son altamente móviles, disponen de excelentes equipos de comunicaciones, se adaptan fácilmente a todo tipo de clima y terreno y, lo que es más importante, reducen la asimetría existente con sus enemigos, actuando y moviéndose como ellos, acosando escondidos, atacando rápida y violentamente, y desapareciendo entre el paisaje y la noche[19].

 

La crisis de rehenes en Ain Amenas

Según Scott Stewart[20], el ataque del 16 de enero de 2013 a la instalación de gas natural Tigantourine cerca de Ain Amenas, Argelia y la posterior de toma de rehenes han producido muchas discusiones. A partir de estas discusiones, es que ha surgido la creencia de que este incidente habría sido tanto espectacular como sofisticado y sobre todo sin precedentes[21].

Un examen más detenido demostraría todo lo contrario. De hecho, muy poco del incidente ocurrido en Argelia fue sin precedentes, ya que la organización terrorista liderada por Mokhtar Belmokhtar[22], ya había empleado tácticas similares y a una escala parecida de fuerzas[23].

Lo que si no tenía precedentes era el objetivo elegido. Varios sitios de extracción de energía habían sido atacados anteriormente, pero nunca antes se había seleccionado una instalación de gas natural argelino para un atentado terrorista.

Según Stewart, una mirada más cercana a la operación también ha permitido revelar las verdaderas intenciones de Belmokhtar: su objetivo no era matar a los rehenes, sino que la acción terrorista estaba destinada a secuestrar trabajadores extranjeros, trasladarlos del lugar y luego pedir un rescate en dinero, en forma similar a incursiones anteriores[24].

Sin embargo, finalmente la acción terrorista fue un fracaso: lograron matar a varios rehenes, pero no destruyeron la instalación ni tampoco lograron trasladar fuera del sitio atacado a los  rehenes extranjeros. En la operación, Belmokhtar perdió varios de sus hombres y armas, y mucho más importante para los objetivos de su organización, no pudo obtener los millones de dólares pretendidos como moneda de cambio para liberar a los cautivos.

Tácticamente, aún no se ha podido determinar con claridad lo ocurrido durante el ataque a la planta de Tigantourine. Sin embargo, de acuerdo con las investigaciones de Scott Stewart, la operación terrorista en Tigantourine habría consistido en un ataque simultáneo de dos grupos terroristas hacia dos frentes distintos.

Un grupo de terroristas, al parecer se habría encargado de interceptar un autobús utilizado por los empleados de la planta de gas para los traslados entre las dichas instalaciones y el aeropuerto. También fue reportado el uso de vehículos que simularon pertenecer al servicio de seguridad de la planta y al gobierno argelino. El objetivo de esta parte de la operación era trasladar a un grupo de los rehenes fuera del país, supuestamente hacia la región de Kidal en el norte de Malí, lugar donde en los últimos años Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) ha mantenido retenidos a los rehenes extranjeros.

Como la instalación Tigantourine se encuentra ubicada a tan sólo 32 kilómetros de la frontera con Libia, los atacantes probablemente aprovecharon el caos en Libia para reunir armas y prepararse para el ataque y luego cruzaron la frontera para llevar a cabo sus acciones. Es probable que hayan podido cubrir rápidamente la distancia entre la frontera y la instalación, y que esto les haya proporcionado un elemento adicional, la sorpresa táctica necesaria para su accionar.

El segundo aspecto del ataque que destaca Scott Stewart, habría estado dirigido contra la propia instalación. De esta forma, atacantes fuertemente armados sorprendieron a las fuerzas de seguridad y lograron someterlos, al concentrar sus fuerzas con una potencia de fuego abrumadora[25]. A la fecha no existe certeza si este grupo terrorista estaba encargado de tomar rehenes adicionales en la instalación y luego huir con ellos, si tenían intenciones de establecer un escenario de rehenes de duración dilatada, o si por el contrario pretendían sabotear las instalaciones y luego huir.

Por otra parte, también se puede suponer que este segundo ataque pudo haber tenido el objetivo de desviar la atención para que el otro  grupo de terroristas pudiesen trasladar al grueso de los rehenes fuera del país. De esta forma, al tener ya un grupo de rehenes en custodia fuera de Argelia se podría haber facilitado luego la evasión del otro grupo de terroristas desde la instalación.

En cualquier caso, la primera agrupación de terroristas, al parecer no logró alcanzar su objetivo, ya que no habrían sido capaces de tomar rehenes y luego transportarlos rápidamente fuera del país[26]. Lo anterior, debido a que un ataque con tanques y helicópteros artillados argelinos frustraron los esfuerzos de los terroristas que utilizaron rehenes extranjeros como escudos humanos durante su intento de evasión.

Otros informes indican que los atacantes habrían instalado cargas explosivas alrededor de la planta con intención de destruirla, y que ello habría provocado el asalto final para neutralizar a los terroristas en la instalación. No se han obtenido evidencias que permitan determinar el tipo ni la cantidad de explosivos utilizados. Si los atacantes se dieron el trabajo de transportar grandes cantidades de explosivos con ellos, es probable que lo hayan hecho con la intención de dañar la planta. Por el contrario, si pretendían crear un escenario de duración dilatada de toma de rehenes, habrían requerido una cantidad menor de explosivos. Dependiendo de la cantidad y tipo de explosivos, se podría establecer si los mismos constituían o no un elemento crítico para el cumplimiento de la misión.

Dentro del contexto táctico, ambas misiones – la toma de rehenes y el asalto a instalaciones – se encuentran dentro de las capacidades demostradas por este grupo de terroristas. De hecho, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) ha llevado a cabo numerosas emboscadas vehiculares destinadas al robo de carga o la toma de rehenes; también han allanado hoteles, casas y clínicas para capturar rehenes. Quizás el ataque más similar a Tigantourine fue la incursión ejecutada en septiembre del año 2010 en contra de las instalaciones de extracción de uranio en Areva, cerca de Arlit en Nigeria[27].

Una vez concluidas las acciones de rescate y pese a que más de 700 rehenes pudieron ser liberados sanos y salvos, la cifra de más de 55 secuestrados fallecidos[28] ha sido considerada inaceptable por la comunidad internacional, sobre todo al conocerse que la mayoría de estas víctimas fueron ejecutadas por los terroristas al intentar su rescate.

Conclusiones

A pesar de una larga historia de actividad terrorista en Argelia, las instalaciones de energía no habían sido objeto de ataques hasta las acciones realizadas en contra de la planta en Tigantourine. Lo anterior, permite suponer que la inexistencia de amenazas en este sentido, pudo ocasionar una cierta desatención por parte de los funcionarios y fuerzas de seguridad argelinas ante una amenaza de estas características.

Sin embargo, como producto de estas acciones terroristas se puede suponer que ahora aumentará la seguridad en este tipo de instalaciones. Como los terroristas prefieren atacar objetivos blandos, es poco probable que se produzcan, a corto plazo, nuevos ataques a instalaciones similares en la región.

Por otra parte, es probable que Belmokhtar requiera de algún tiempo indeterminado aún para poder reemplazar a los líderes y al material bélico perdido durante su fallido ataque.

Sin embargo, con los objetivos de la región cada vez más escasos y más difíciles de atacar, es probable que los grupos terroristas acrecienten sus acciones de toma de rehenes, ya que de esta forma pueden restituir los recursos perdidos y reemplazar  sus habituales actividades de contrabando que han tenido que ser momentáneamente interrumpidas a causa de la ofensiva militar francesa y africana en Mali.

Otra persistente preocupación es la presencia de grandes cantidades de misiles antiaéreos portátiles en la región. Si Belmokhtar u otros grupos terroristas deciden continuar atacando las instalaciones de energía en la región en lugar de limitarse a tomar rehenes, y la seguridad implantada les impide ejecutar acciones directas, tales como lo ocurrido en Tigantourine, estos terroristas podrían atacar los aviones comerciales o de carga que operan en los aeropuertos cercanos.

Como sea, el ataque a la planta de Tigantourine viene a demostrar la plena vigencia tanto de la guerra asimétrica como de la utilización del terrorismo como estrategia de la misma. En este contexto, las posibilidades de obtener millones de dólares en rescates y la gran cantidad de armas disponibles en la zona, permiten asegurar que a mediano plazo seguirán produciéndose acciones terroristas destinadas a la toma de rehenes y a otros tipos de incursiones.

Finalmente, es pertinente señalar que la operación de rescate emprendida en Argelia, combinó el empleo tanto de fuerzas convencionales (medios blindados y helicópteros artillados) como de fuerzas especiales, pero sin embargo no dio los resultados esperados causando la muerte de más de 55 rehenes, lo cual nos conduce a otro dilema inherente a la guerra asimétrica que queda abierto a la discusión: ¿cómo enfrentar el problema de la liberación de rehenes mediante el uso de la fuerza letal y sin ocasionar daños colaterales?

 

Bibliografía

 

  1. GONZÁLEZ, Eduardo; “El laboratorio del miedo. Una historia general del terrorismo”, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2013.

 

  1. STEWART, Scott; “The Unspectacular, Unsophisticated Algerian Hostage Crisis”, Security Weekly del 24 ENE 2013, en Stratfor Global Intelligence www.stratfor.com/weekly.

 

  1. SOFSKY, Wolfgang; “Tratado sobre la violencia”, Abada Editores S.L., Madrid, España, 2006.

 

  1. GARAY, Cristián; “La camaleónica naturaleza del conflicto posmoderno”, Instituto Geográfico Militar, Santiago, Chile, 2004.

 

  1. BOLÍVAR O., Alberto; “La era de los conflictos asimétricos”, en Military Review (edición en español), enero-febrero de 2002.

 



[1]  El autor del articulo es Subdirector Académico de la ANEPE.

[2] Eduardo González Calleja (Madrid, 1962), es profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid. Ha centrado sus investigaciones en la teoría y la historia de la violencia política en la Europa Contemporánea, con especial atención en el estudio multidisciplinar de los golpes de Estado, las guerras civiles y el terrorismo (N. del A.).

 

[3] González, Eduardo; “El laboratorio del miedo. Una historia general del terrorismo”, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2013, pág. 9.

 

[4] Alberto Bolívar Ocampo (1958-2012), graduado del Centro de Altos Estudios Militares de Perú (1984), de la Escuela de Inteligencia Nacional de Perú (1988) y del Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa de EE.UU. (2003), se desempeñó desde 1988 como catedrático de Geopolítica, Estrategia, Polemología, Guerra Revolucionaria e Inteligencia en distintos centros militares (N. del A.).

 

[5] Bolívar, Alberto; “La era de los Conflictos Asimétricos”, Publicado en Revista Military Review de Enero-Febrero de 2002, pp. 46-53.

 

[6] Nueva Biblia española; “Samuel, 17, 43-44”, Ediciones Cristiandad, Madrid, España, 1977.

 

[7] Wolfgang Sofsky (1952, Alemania) estudió Sociología, Filosofía y Ciencias Políticas. Se doctoró en 1981 en la Universidad de Göttingen. Sus áreas de estudio principales han sido los campos de exterminio alemanes durante la 2° G.M. y el binomio terrorismo-seguridad (N. del A.).

 

[8] Sofsky, Wolfgang; “Tratado sobre la violencia”, Abada Editores S.L., Madrid, España, 2006, pág. 26.

 

[9] Bolívar, op. cit. pp. 46-53.

 

[10] Idem.

 

[11] Se trata del atentado en contra del USS COLE, un destructor de la clase Arleigh Burke, equipado con el sistema de control de batalla Aegis, y por ende uno de los más sofisticados buques de guerra del mundo. En dicha ocasión, el destructor resultó severamente dañado en el puerto de Adén (Yemen), por dos terroristas suicidas quienes dirigieron en contra de la nave de guerra un pequeño bote de goma con motor fuera de borda y cargado con explosivos, causando la muerte de 17 marineros e hiriendo otros 39 (N. del A.).

[12] Cristián Garay Vera es Licenciado en Historia por la Universidad de Chile, Magíster en Historia con mención en Historia de Chile por la misma Universidad, Doctor en Estudios Americanos con Mención en Relaciones Internacionales por la Universidad de Santiago de Chile y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Sus principales Líneas de Investigación son Historia de las Relaciones Internacionales, Historia Política y de las Ideas, y Seguridad y Defensa (N. del A.).

[13] Garay, Cristián; “La camaleónica naturaleza del conflicto posmoderno”, Instituto Geográfico Militar, Santiago, Chile, 2004, pp. 9-10.

[14] Ibídem, pág. 11.

 

[15] Idem.

 

[16] Idem.

 

[17] Ibídem, pp. 11-13.

 

[18] Bolívar, op. Cit. pág. 51.

 

[19] Idem.

 

[20] Scott Stewart trabaja Stratfor Global Intelligence, una empresa estadounidense que ofrece a sus clientes información de calidad sobre los “escenarios estratégicos del planeta. Esta empresa también ha sido definida como una “agencia de espionaje privado con cientos oídos y ojos por el mundo”. En esta empresa, Scott Stewart cumple el rol de coordinación de los procesos de análisis. Antes de su trabajo en Stratfor, Stewart era un agente especial del U.S. State Department, actividad en la cual se desempeñó durante 10 años con una participación activa en cientos de investigaciones de terrorismo (N. del A.).

 

[21] Stewart, Scott; “The Unspectacular, Unsophisticated Algerian Hostage Crisis”, 24 ENE 2013, en Stratfor Global Intelligence www.stratfor.com/weekly (última visita: 22 JUL 2013).

 

[22] Mokhtar Belmokhtar, conocido también como Khalid Abu al-Abbas es un veterano de la guerra civil de Argelia y de la guerra soviética en Afganistán. Es apodado “el inalcanzable” por la inteligencia francesa y fue un comandante de alto rango en la rama local de Al Qaeda hasta antes de decidirse a formar su propio grupo islamista armado a finales de 2012, situación ocurrida aparentemente después de desavenencias con otros líderes terroristas. A pesar de esta separación, sus combatientes siguen siendo leales a Al Qaeda, tal como ha sido mencionado en las comunicaciones establecidas con los medios, después del ataque en Argelia (N. del A.).

[23] Con frecuencia, Mokthar Belmokhtar ha desplegado fuerzas lejos del territorio central de donde proviene su grupo (norte de Mali), realizando incursiones a gran escala, destinadas a la toma de rehenes (N. del A.).

[24] Varios indicadores permiten inferir que la operación en Tigantourine tenía la intención de apoderarse de rehenes y no matar a los rehenes. Según un cable clasificado como 06-2007 publicado por Wikileaks, la Embajada de EE.UU. en Argelia habría informado que Belmokhtar criticaba a Al Qaeda por las operaciones islámicas suicidas en el Magreb que ocasionaban muertes entre los civiles. Por otra parte, en esta ocasión los terroristas no comenzaron inmediatamente a disparar los extranjeros como si lo hicieron en otras ocasiones (N. del A.).

[25] Fuerzas Armadas argelinas recuperaron posterior al ataque, un cañón sin retroceso, lanzadores de granadas propulsadas por cohetes y varias ametralladoras medianas y ligeras pertenecientes al grupo terrorista (N. del A.).

 

[26] A la fecha, esta información aún no ha podido ser corroborada. Pese a las cifras oficiales del gobierno argelino se argumenta que no todos los rehenes pudieron ser contabilizados con certeza debido a un gran número de muertos sin identificar. Se supone que los equipos forenses se tomarán aún bastante tiempo más para lograr la identificación de los cuerpos (N. del A.).

[27] Esta información ha contribuido para confirmar la capacidad de estos terroristas para operar a cientos de kilómetros de sus bases en el norte de Malí, asaltar con éxito una instalación y volver al norte de Malí con rehenes occidentales (N. del A.).

 

[28] De los 55 fallecidos, se tienen antecedentes que 37 corresponderían a extranjeros de 8 nacionalidades distintas: 7 muertos y 2 desaparecidos de Filipinas; 10 muertos de Japón; 5 desaparecidos de Noruega; 3 muertos y 3 desaparecidos del Reino Unido de G.B.; 1 muerto de Malasia; 2 muertos de Rumania; 1 muerto de Francia; 3 muertos de EE.UU.; y 1 desaparecido de Colombia (N. del A.).