Por Melisa Celestino 1 y Alberto Carracedo2, 9 de diciembre 2019

Cuando se le pregunta a un ciudadano ajeno a las cuestiones de seguridad qué es una organización terrorista, suelen aparecer respuestas más alineadas a un estereotipo caricaturesco que a una seria descripción de una organización compleja. Así, anarquistas enemistados con el gobierno de turno, alguna etnia perdida en las montañas o solitarios traumatizados que apuñalan sin ton ni son, suelen ser parte de la respuesta.

Lamentablemente, cuando se analizan las acciones de algunos entes gubernamentales que deben protegernos del terrorismo, no encontramos tan infantiles respuestas pero sí, por las acciones tomadas, falencias en la comprensión de la complejidad que han adquirido las organizaciones que buscan la imposición a través del daño. Lo que las hace estar siempre detrás y conformarse con comprender el fenómeno terrorista a partir del hecho consumado.

La frase unidos por el espanto, o en este caso unidos para el espanto, no alcanza hoy a describir la motivación de los integrantes de las organizaciones terroristas. Y mucho menos a permitirnos comprender, en base a la eficiencia que algunas han alcanzado, la complejidad de dichas asociaciones.

Tal vez nos falte, como se dice habitualmente, una vuelta de tuerca desde la ciencia de la administración para analizar lo que pareciera ser una capacidad –desde lo organizacional– que las organizaciones terroristas exhiben cada vez con mayor frecuencia, posicionándolas en la categoría de inteligentes. Y por ello nos inspiraremos en la obra de Peter Senge (2004) quien, mejor que nadie, ha comprendido que las organizaciones son mucho más que simples aglomeramientos de personas y medios.

¿Y qué elementos forjan una organización inteligente?
El pensamiento sistémico refiere a los actos interrelacionados, como una trama invisible que contempla el todo y las partes, así como las conexiones entre ellas. Un cuerpo con mil componentes, objetivos y subjetivos, corpóreos y espirituales, que se amalgaman en una masa indivisa.

Una organización es un sistema, en el que los miembros se relacionan entre sí y, como sistema, nos referimos al conjunto de los elementos interrelacionados, combinados y coordinados como un todo organizado que persigue un objetivo en común. Es decir, que la sinergia del conjunto obtiene un resultado superior al de la suma de acciones individuales. Y, de lograr esto, la organización asume una forma superior de aquella que es una mera existencia de individualidades; la dinámica sistémica la eleva a una categoría distinta, eficiente, indivisible aun cuando sus componentes estén disgregados.

Cualquiera que haya integrado una fuerza militar o de seguridad entiende el concepto y, sobre todo, el sentimiento potente e inspirador que esto genera y que suele denominarse espíritu de cuerpo. Debiendo quedar definitivamente claro que tal sentimiento no es exclusivo de las organizaciones gubernamentales sino, además, es particularmente fuerte también en organizaciones terroristas y delictivas.

Por su parte, el dominio personal es el cimiento espiritual. La gente con alto nivel de dominio personal es capaz de alcanzar coherentemente los resultados que más le importan pudiendo abstraerse de las cuestiones que suelen distraer o confundir a los demás. Tratan de desarrollar una visión personal en pos de alcanzar los mejores resultados, visión donde el sacrificio y los costos personales valen a la hora de lograr el objetivo planteado.

La capacidad de iluminar a los demás con esa visión, alentando a la organización a la cual se pertenece a crecer, aprender, mutar y superarse hasta alcanzar el logro propuesto, da muestras de haber llegado el dominio personal, a ser el liderazgo basal de una organización inteligente.

Esto incluye la deconstrucción de las creencias con que las individualidades llegan a la organización, ya que siempre hay hilos conductores que nos enhebran como cuentas de un collar, pero manteniendo una visión propia producto de nuestra construcción sobre un asunto en cuestión.

La mencionada deconstrucción implica la titánica tarea de cambiar los modelos mentales con que los individuos observan su realidad circundante, y ello es necesario para poder lograr que adhieran a la observación colectiva. Titánica la tarea porque los modelos mentales suponen ser una matriz donde, percibidos los asuntos contextuales, las soluciones producidas por la crianza, la educación y el desarrollo personal, cuajan en calidades y cantidades distintas, pero siempre con la forma de la matriz.

Debe lograrse hacer flexible a la matriz individual para que los mismos elementos asuman otra forma, la forma necesaria para la organización. Aunando las creencias individuales y conformando una visión única sobre la que posicionar a la organización para arribar exitosamente al objetivo. Los matices pueden existir en tanto y en cuanto no incidan en el comportamiento corporativo que supone una organización inteligente.

De allí que la imposición de modelos mentales férreos, exhumando las imágenes internas y propias de los individuos, llevándolas a la superficie y sometiéndolas al riguroso escrutinio organizacional, no solo es necesario, sino un logro de unicidad del pensamiento que resulta en una formidable arma. Lograr una especie de hermandad de pensamiento que, en el caso de las organizaciones terroristas se corporiza además en una hermandad de sangre.

Así, una organización que logra la adhesión mediante la persuasión a un modelo mental claro y determinante descansa de la posibilidad de cismas y opera en el entendimiento de que cada integrante tiene la capacidad de observar, planificar y actuar con la misma visión e intención para lograr el éxito colectivo.

En cuanto a la práctica de la visión compartida supone la configuración de un futuro por todos anhelado pero logrado a partir de la convicción, la identidad común, el deseo colectivo. O sea, fraguado en el más eficiente logro del dominio personal del líder que ha logrado embeber a la organización con su propia sustancia, y no generado desde el compromiso formal y mero acatamiento por conveniencia.

De allí que, en una organización o grupo, donde se domine esta disciplina, se aprende a no imponer una visión, sino a instaurar una meta elevada a perseguir en conjunto por cada uno de los miembros. Alcanzar el futuro deseable ya no es un mero objetivo, sino la concreción de un sentimiento mancomunado por el que se vive –y se muere–.

Finalmente, el aprendizaje en equipo comienza con el diálogo, llave para ingresar en un pensamiento conjunto, donde se dejen de lados los supuestos y se expliciten todos los elementos relacionados con el futuro deseado y los métodos y procedimientos para alcanzarlo. Así como los esfuerzos colectivos necesarios y las ofrendas que cada individuo debe ceder a la empresa de alcanzarlo.

Aquí es donde el equipo logra mayores y mejores resultados combinando sus habilidades, y obtiene mayor capacidad de acción coordinando las individualidades en una sola ejecución operativa. Cuando la organización aprende de sí misma, genera resultados extraordinarios y crecen sus integrantes con mayor rapidez.

Parece mentira entonces que estas habilidades organizacionales no solo se apliquen para el terror, sino que además, la información sobre estas organizaciones sea escasa o no se dimensione adecuadamente, generándose una evaluación inadecuada, subestimando las profundas razones de pertenencia de sus miembros y capacidades adquiridas organizacionalmente.

Semejante simpleza puede adjudicarse, tal vez, a lo observado en los inicios de estas organizaciones, donde había una estructura organizativa piramidal, con cúspide en el líder hasta sus múltiples seguidores en la base.

Pero esto fue transformándose en el tiempo y, de la predecible organización piramidal se pasó a estructuras en red, donde es más difícil la identificación de los líderes y de las sub-estructuras grupales dentro de esta. Es decir, dentro del sistema red (la organización, de formato complejo y difuso) hay pequeños subsistemas o grupos que responden como seguidores.

Esta interesante mutación, digna de ser estudiada por Darwin, se debe a la reproducción que las mismas organizaciones realizaron en base a la propia experiencia, logrando menos vulnerabilidades, impidiendo que se puedan identificar a los líderes, y si uno es encontrado, que otro asumirá su rol.

Podríamos decir un sistema eficiente, dinámico, perfecto. Por sobre la lentitud y pobre eficacia burocratizada de algunas organizaciones gubernamentales que buscan exterminarlos.

¿Y cómo funciona en detalle esta aplicación del pensamiento sistémico en una organización terrorista? Pues el líder, es capaz de transmitir un objetivo personal, la causa con la que irradiará a cada integrante hasta hacerlo un sentimiento grupal.

Cada miembro tiene, inspirado en el propio compromiso y el fervor de la adhesión, la función a cumplir, aprender y explotar sus mejores capacidades. Por lo que resulta lógica la captación de expertos en armas, hackers, técnicos, ingenieros, y hasta personas dispuestas a dar la propia vida por la causa.

Esta captación que supone enriquecer a la organización con habilidades distintas pero potenciables entre sí, da paso a la amalgama de un cuerpo operativo fraguado en los modelos mentales.

Así, el líder, mediante el diálogo, deconstruye las creencias de sus seguidores, guiándolos hacia sus propias creencias. Los miembros quedan expuestos a la influencia del guía hasta abrazar todos esa creencia personal, elevada a la categoría de dogma.

Si bien la persuasión del líder es una aptitud, la persuasión del grupo a partir de comprender sus potencialidades y compartir sus logros, es de vital relevancia. El éxito, o la firme creencia de lograrlo, es un condimento fundamental para la preparación del banquete prometido, el futuro a lograr, la imposición del sentimiento compartido y la derrota del sistema al cual se combate.

Este es el clímax de la visión compartida, por ejemplo, lograr la imposición de un Estado antagónico al actual o vencer a los infieles y llegar al paraíso, todo depende de la herramienta dogmática que la organización utilice como combustible, la ideológica en el primer caso, la religiosa en el segundo.

Y pareciera ser que el mencionado clímax con todo el ropaje que lo adorna, como ser el sentimiento de pertenencia, la promesa de un futuro ideal, la certeza del sentimiento elevado de dejar una huella en la historia; resulta ser un excepcional llamador para los desencantados de la vida, los heridos sociales que, naufragados en el mar bravo de las sociedades convulsionadas, buscan asirse con fuerza y entrega al bote que los revivirá por sobre el rencor y el odio.

Ayuda a lo anterior la voraz desinformación que, paradójicamente, se apropia en la abundancia de los datos y la suposición de que la mera existencia de los mismos anula los daños colaterales de las sociedades modernas.

Y más aún, la incapacidad de los gobiernos que suelen imprimir a sus organizaciones un cariz reglamentista que fomenta la estructura rígida y potencia los modelos mentales cerrados, no puede sino hacer sucumbir a la propia sociedad del flagelo del terror. Ya que la guerra o el combate como solución es el vendaje luego del corte y no la prevención de utilizar correctamente la navaja.

Por esto y concluyendo, desarrollar a la sociedad como una organización inteligente, con valores, con moralidad, con líderes conductores e inspiradores de políticas de largo plazo en lugar de meros jerarcas administrativos, que integre y que no excluya, que tenga una conciencia colectiva que se reproduzca con renovada vocación, evitará que haya excluidos que busquen en el terrorismo lo que sus pares les niegan.

Cuando las organizaciones del Estado se destaquen por la aplicación del pensamiento sistémico tendrán considerable ventaja sobre las organizaciones terroristas, beneficiándose con el uso eficiente de todos los recursos disponibles, una actitud proactiva para anticiparse a los ataques y gozando con exclusividad de la protección que da la Ley.

 

1 Diseñadora en Comunicación Visual. Actualmente maestrando en Inteligencia Estratégica de la Universidad Nacional de La Plata. Analista de Información del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.
2 Ex Oficial del Ejército Argentino, Licenciado en Administración, Magister en Administración de Empresas. Actualmente maestrando en Inteligencia Estratégica de la Universidad Nacional de La Plata. Docente universitario de grado y posgrado y analista de aspectos que hacen a la seguridad y defensa desde las ciencias económicas.